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jueves, 14 de julio de 2016

Yo leo

Este año quise hacer otra cosa con mis lecturas. Nunca he llevado la cuenta de qué o cuánto leo, pero este año quise registrarlo, vía Instagram, las fotos que acompañan el texto atestiguan el experimento. Pero a mitad de año, le he dado un giro, ahora tengo algo que nunca había hecho: una lista de pendientes. Honestamente no creo leer ni la mitad de lo que me propuse, porque, como siempre me ha pasado, a veces un libro llega, sin más, y se queda conmigo más tiempo del esperado; o regresa un viejo amigo, y caigo en la relectura. Quise escribir una nota simple para mi blog, y terminé escribiendo una biografía de mi gusto por la lectura.


Empecé a leer a los cuatro años, gracias a que mis padres me enseñaron con el método de Glenn Doman, se trata de un método silábico, para que posteriormente la articulación de palabras completas se de naturalmente. Aunque algún trabajador social advirtió a mis padres que era probable que resultara un niño interesado por el saber, pero deficiente en su rendimiento académico, se animaron a enseñarme. Lo malo es que el pronóstico resultó muy cierto.

Leí mi primer libro a los cinco años, fue La isla misteriosa, de Julio Verne. Desde entonces la lectura formó parte de mi vida, prácticamente siempre he tenido un libro a mi lado, sobre todo cuando viajo, el transporte público, el metro, el camión, es mi sala de lectura favorita.


Mis primeros años de lector los consagré a la literatura, mucho Julio Verne, luego algo de latinoamericanos, los consabidos García Márquez y Benedetti. En la secundaria me aburrió muchísimo Carlos Fuentes y empecé a leer viejos tratados de biología.

Por esos mismos años mi amor por la lectura se convirtió en curiosidad por la escritura, todavía recuerdo un poemita sobre las mujeres y sus dotes de brujería. En el bachillerato me consagré todavía más a la lectura, dos o tres libros al mismo tiempo, mucha teoría literaria, mucho Cortázar y Joyce. Ir a las librerías era un tormento, sólo podía relamerme deseando los bellos tomos nuevos, tantas promesas, tantos autores y recomendaciones. Me creí escritor.




Hice todo el trámite: taller de creación literaria, un amor pasional y auto destructivo, camisa negra, pláticas bohemias, café, presentaciones de libros, conferencias, cajetilla de faritos, caminatas nocturnas, libros, libros, muchos libros.

En esos años me volqué completamente a la literatura y su teoría, casi nada de otros temas, acaso recuerdo un tomo de antropometría y las bellas y prometedoras ediciones de arquitectura de la editorial GG. La biblioteca del CCH Sur me brindó todo ese excelente material.

Debo confesar que hurté de esa biblioteca un tomo de Retórica del Grupo μ, que pagué con el Diccionario de retórica de Helena Beristaín. Tendría que manifestar algún arrepentimiento, pero sería falso, tenían muchos ejemplares del libro que declaré perdido, en cambio, no tenían aún el diccionario que yo entregué; para que lo aceptaran argumenté que era imposible conseguir el libro del Grupo  μ, y no mentía, en aquellos años la editorial Paidós no era tan popular como ahora. Años después, cuando trabajé en la librería El Parnaso de Coyoacán finalmente encontré un ejemplar, no pude evitar acariciarlo con algo de ternura.




Pertenecí a un grupo de jóvenes escritores en el CCH, me seleccionaron para participar en el XVIII Encuentro de Jóvenes Escritores en la ciudad de Mazatlán, Sinaloa, en la cual tuve mi segunda borrachera, misma que duró una semana entera.

Pasada la huelga de la UNAM de 1999 ingresé a la Facultad de Letras Hispánicas, apenas resistí un año. No pude con la fingida oligofrenia de varios de sus alumnos; el rito de la intelectualidad me superó y desistí. Sin embargo pensé que eso no afectaría mi carrera de escritor, me dije que no todos los escritores habían estudiado letras, algunos fueron abogados o médicos.

Yo soy el morenazo de la derecha


Ingresé a la Facultad de Economía, pero tuve que abandonarla sin haber cumplido siquiera el primer semestre, pasado otro año, la retomé, y con ella vinieron grandes y complejas lecturas, sobre todo la Crítica a la Economía Política, o como se le conoce, El Capital, de Karl Marx.

Entré a trabajar a la librería El Parnaso de Coyoacán, y ahí encontré el segundo grupo al que pertenecí, los autonombrados Reposicionistas, un grupo que quiso ser, pero quedó en el olvido sin haber hecho nada, ni siquiera una mención en algún pasquín literario.

Yo soy el de la lengua curiosa

En ese tiempo me hice de muchos y buenos libros, y es que, como dice Augusto Monterroso en Cómo me deshice de quinientos libros: "mi afición por la lectura se vino contaminando con el hábito de comprar libros, hábito que en muchos casos terminaba por confundirse tristemente con la primera".

Los años parnasianos significaron para mi la entrada al mundo beatnik de la literatura, mucho desmadre, mucho alcohol, quincenas paupérrimas por haber pagado los libros que compraba cada quincena. En esos años mis grandes festines de quincena eran comer un kilo entero de arroz frito chino y adquirir una bella edición de Valdemar.


Una foto publicada por Sr. Suta (@sutasukurimu) el


Los últimos diez años diversifiqué mis lecturas, pero empecé a tener períodos, por ejemplo, durante un largo tiempo me dediqué a estudiar literatura clásica de terror, tengo, como un orgullo propio, haber leído Drácula, en edición anotada de la editorial Valdemar, y descubrir que ya conocía todas las referencias que señalaba el estudio.

También tuve largos períodos de relecturas, tomé varios libros muchas veces, quizá entre los más recurrentes están Confieso que he vivido de Neruda y Los Premios de Cortázar.

A veces llegaba a un tema, o a un autor, y agotaba todo lo que podía encontrar sobre él; así releí todo Castaneda, y agoté toda su repetitiva bibliografía, más algunas biografías que daban luz sobre el curioso personaje. También tuve mis etapas exhaustivas con Rulfo, Borges y la poesía japonesa.

Consagré algunos años a la lectura y estudio de la poesía japonesa, al tiempo que estudiaba las nociones básicas del idioma, ahí tengo el orgullo personal de haber leído y sentido un par de haiku sin necesidad de traducción.




También pasé algunos meses alejado de la lectura, quizá un año, luego lo retomé con un libro que se me enfrentó y me costó mucho trabajo terminar: Yo, el gato, de Sôseki Natsume. Creo que en ese momento empecé a darme cuenta que no era, ni sería un escritor.

Una día decidí, como lo había hecho Wong, personaje de Cortázar en Rayuela, abandonar la inteligencia, dejarme caer en un profundo agujero zen. Dejé toda intelectualización, miré la literatura con ojos nulos de ciervo.

Sin embargo, no me gustan las fantasías masturbatorias de los Best Sellers, paso sin ver. En la oficina, hay una especie de club de lectura, comparten tremendos mamotretos, películas de acción y lujuria vaciadas en mil setecientas páginas.

Para mí, la lectura siempre ha significado un enfrentamiento, un asomo a lo otro, a lo que yo no tengo, es como si buscara la confirmación de que existe una realidad más allá de mí; la otredad, que le dicen.

Escribo esto para mí, para reivindicarme, también ante ustedes, ante el otro; para declarar que mi placer por la lectura es totalmente personal (aunque eso sea tautológico). Escribo esto para decirme "sigue, ya casi, te estás construyendo".


miércoles, 20 de abril de 2016

Hace veinte años. Post #200!

Hace unos días estaba buscando material para el blog y me topé con una vieja foto; hice un rápido cálculo mental y la feché en 1996. La publiqué en mi Facebook y seguí buscando material para el blog. Pero antes de dormirme, mientras me lavaba los dientes, mi chinita me dijo, así, al paso -eso fue hace veinte años, y no pude evitar el viaje en el tiempo. Hice algunos cálculos mentales más y me di cuenta que eso fue hace más dos tercios de mi vida y que es el doble de lo que llevo de relación con mi china. Luego regresé a la computadora pero no pude escribir nada, en tanto, la publicación de Facebook se llenaba de comentarios y reacciones.


Arriba, a la izquierda, está un póster de Jurassic Park. La película tenía más de tres años de haber salido, y la aún así la dinomanía estaba en pleno auge, el póster que ven lo compré en aquellos puestos que se ponían afuera de las secundarias y primarias, llenos de todo tipo de ilustraciones, desde bandas de rock, carteles de películas, actores y reproducciones de pintura, con la era del jpg esos puestos pasarían a mejor vida. Abajo, a la izquierda, está un modelo de Stegosaurus, común en los mercados, tuve varios de esos, todavía los conservo, pero por falta de espacio duermen en una caja, esperando mejores tiempos.


Arriba, a la derecha, y arriba, al centro, están ilustraciones de Batman Forever, la película de 1995, y aunque es considerada la tercer parte del universo iniciado por Burton, en realidad se distancia bastante, tomando aires demasiado kitsch, que incluso generaron locas teorías de fans para explicar el comportamientos de ese Batman. Mi playera de Batman Azrael y Batman, leí la historia gracias a editorial VID, y la playera la compré en un bazar de Cabeza de Juárez, también tuve una enorme playera negra del sencillo Ratamahatta de la banda Sepultura.

Arriba a la derecha, debajo del batimóvil, está la tapa de la caja del primero modelo que armé. Mi padre me prometió que al final de mi atropellado ciclo escolar de la secundaria, me obsequiaría un porta aviones para armar, pero la promesa no se concretó, en cambió, me compre un avión... ignoro el modelo, sólo sé que era marca Lodela, e incluso me inscribí en el club Lodeda y recibí catálogos, insignia y demás papelería. Hasta ahora no he vuelto a armar otro modelo.

En medio, y abajo a la izquierda, están los pósters de X-Men. Empezaba el auge de los cómics en México, ¿el segundo, tercer auge? Fué la época de la primer Mole, de las grandes convenciones donse se vendían montones de fanzines, fotocopias y copias en VHS de las ovas de Dragon Ball. Los X-Men salieron en una editorial independiente, en formato flip book, y los primeros números regalaron esos pósters con el arte de Jim Lee, Ahí fue cuando me enamoré de Psylocke


En medio, está un sticker de Radioactivo noventa y ocho y medio. Para los chavos que ya no alcanzamos Rock 101, y sólo vimos morir a La Pantera, nuestra mejor opción fue Radioactivo, gracias a ella nos salvamos de convertirnos en fresillas coaperos que escuchaban W Radio, y en cambio entramos en el desmadre y la cábula. Radioactivo forjó radioescuchas y sembró mucho conocimiento; gracias a sus especiales de los domingos conocí a Pink Floyd, The Police, Rolling Stones, etc., en suma, gracias a ellos conocí a quién debí conocer. En estos años, mis predilecciones fueron Siouxsie and the Banshees y Dead can Dance, bien darks el asunto. Más abajo, y detrás de mí, hay en enorme póster también de Radioactivo; amé esta estación hasta que se la entregaron a Olallo Rubio y la mató.


También encontré esta foto, el dibujo que está detrás de mí lo realicé como trabajo final de un curso de dibujo que tomé en el CCH Sur con un iracundo maestro que tenía el mismo nombre que yo. Anécdota al paso: la primera vez que él nos invitó a tomarnos un break, creí que se refería a una bebida y me preocupé porque no llevaba dinero. Las tragedias de la juventud.

Todo el día de ayer pensé en esos veinte años, no haciendo un repaso, sino con una suerte de espacio, coma una cosa física, como un enorme puente tendido, como una obra hecha, viviendo por sí sola. Quizás en veinte años, recuperaré una foto de estos tiempos, y si el blog sobrevive, será interesante escribir de ellos.


Próximo post: !Hace treinta años¡ Bueno, no, no en realidad, sólo bromeo, y aproveché para mostrar la foto, ese soy yo, hace treinta años, a mis cinco años ya leía perfectamente.

No está de más decir que las fotos no son digitales, son escaneadas de fotos impresas. Tampoco está de más señalar lo obvio: ¡siempre he sido ñoño!

Ya para terminar, si gusta, lo invito a leer el Soundtrack de mi vida correspondientes a 1996, hay una rola de Dead Can dance y una mención más a Radioactivo, pase y lea dando click aquí.

UPDATE: Numeralia. Resulta que este el post #200 y yo ni enterado, pero cuando lo descubrí se me hizo bastante curioso, por una razón muy huera, siendo el post 200, hablando de lo que sucedió hace 20 años, y además este año el blog alcanza 10 años de vida. Sí, ya sé que no es nada, pero, no sé, me llamó la redondez de las cifras. Eso es todo, seguimos con la programación habitual.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

A mis 32 años & Soundtrack de mi vida. Año 32

Desde que comencé el proyecto atresdecadas el blog había tenido mucho actividad desde principios de septiembre, sin embargo este año se sumaron dos factores que impidieron lo anterior: el primero fue el evento Devastation de un nuevo proyecto en el mundo de los Transformers, el segundo fue un problema laboral.

Mucho se ha dicho de no ventilar problemas laborales en las redes sociales, estoy completamente de acuerdo, si me atrevo a expresarlo es porque desde entonces me he sentido profundamente humillado y hostigado, nunca había tenido un problema así porque realmente hago lo que se me indica y no soy negligente. Sin duda ha terminado un ciclo en mi actual trabajo, vaya a saber que sigue en el mediano plazo.

Además este año se rompieron la patita dos padres en mi vida, uno fue mi padre y el otro mi suegra, en ambos casos vivimos esas reuniones familiares en torno a un enfermo, dinero, tiempos y acuerdos complicados.

Mi ritmo de adquisiciones de Transformer también va a la baja cada vez más rápido, en cambio he diversificado la colección, por ejemplo con Hot Wheels.

En fin, ha sido un año complicado, de hecho cada año es más complicado, hay más obligaciones, los proyectos personales son más caros y difíciles de concretar, por eso elegí esta canción para mi año 32.


El Budismo me ha enseñado muchas cosas, me las enseñado vía la práctica (no por la vía de preceptos o mandatos), una de las más valiosas es que todo es impermanente, es decir, que nada permanece, todo está en cambio. Así que en lugar de entristecerme o decepcionarme porque las cosas no suceden como quiero cambiaré de vía, empezaré a hacer las cosas de otro modo, a los 32 es justo.

Ahora que concluyo mi año 32 y entro el doble tres me doy cuento de lo raro que puede configurarse el mundo, ahora mismo mi principal batalla es contra el verdadero icono, la cruz, el sacrificio, la muerte, justo cuando llego a la edad del hombre.

Por eso este blog inicia operaciones justo hoy, así que de aquí a un mes trataré de mantener activo este lugar.

martes, 8 de noviembre de 2011

Parque Masayoshi Ôhira. A mis 30 años

Los últimos cinco años de mi vida los he pasado junto a un persona muy especial: mi novia, mi linda Chinita. Con ella he transitado por muchas pasajes, como sucede en cualquier relación humana, pero puedo atestiguar que hemos madurado juntos, esta es la relación más constructiva y sana que he tenido.

Por supuesto hemos pasado por diminutos capítulos de desencuentro, pero han sido los menos y puedo contarlos con los dedos de una mano y al paso de los años nuestra relación es sutilmente más profunda, como el aroma impenetrable de un bosque.
kimi nakute
makoto ni tadai no
kodachi kana.
De no estar tú,
el bosque sería
demasiado grande

Cuando cumplí 25 años hice una gran fiesta, la más grande que haya hecho, en aquel entonces ni siquiera estuvo invitada, tenía menos de un mes de haberla conocido. Para mis cumpleaños 26 y 27 no me regaló nada a pesar de que ya eramos pareja, producto de una curiosa mezcla de desentendidos, en cambio para 2008 me dio la máscara de Mictli, y para los 29 años se dio la gran apoteosis de los cumpleaños, una caja enorme repleta de regalos. Grande pues era el reto para el cumpleaños número 30, sin embargo la situación económica propició que tuviera que ser un festejo más discreto.


Fuimos al parque Masayoshi Ôhira, un inesperado lugar en la Ciudad de México pues se trata de un parque de estilo japonés, pequeño y silencioso, sorprendentemente cerca del bullicio de una de las avenidas más transitadas de esta ciudad y del metro, siempre con su enjambre de gente.

El parque tiene un falso aire oriental, pero para todo aquél que haya leído a Tanizaki sabrá apreciarlo, justamente por el moho y la pátina de sus lugares, la humedad resumante, el lago seco y olvidado y la pintura del arco envejecida por el clima.



Ver Parque Masayoshi Ahira en un mapa ampliado


Ahí mi novia me invito comida japonesa, un poco de sake y al final algo de ochan (té verde). Me regaló además una playera de The Wall y un juego de cerámica para Sake, luego fuimos a una tienda a buscar un Transformer pero no pudimos comprarlo. Ese día me sentía algo perdido, sentí que había faltado algo, no sé qué, quizás tiempo para hacer más cosas en mi cumpleaños, quizás más regalos, quizás estar en otro lugar...



Masayoshi Ôhira fue primer ministro de Nippon y aseguró la victoria de su partido con otro candidato al morir de un ataque al corazón durante su propia campaña electoral rumbo a su tercera reelección. El nombre de un hombre da nombre a un parque en un lejano país, décadas después de su existencia otro hombre va ese parque y se interesa por sus razones.



A mis tres décadas maté mis otros blogs anteriores y nació este nuevo concepto que espero viva por diez años, bueno con cinco años me conformo. Espacio personalísimo que decidí abrir al público, total, casi no hay visitas y a veces tengo que rogar a mi novia y amigos para que lo lean, la gente que llega de fuera es por las imágenes, y supongo que toma lo que quiere y se va, pero que quede como bitácora de mi vida, un archivo de recuerdos en línea, muy útil sobre todo si has decidido empezar a olvidar algunas cosas. Una vez que terminé el ejercicio de Soundtrack de mi vida he dejado ir muchas cosas, igual que cuando perdí mi edición de Rayuela cuando cumplí 26, tema que alguna vez escribiré: el blog ayuda mucho, tema escrito, tema archivado.

El tema de mi año 30 fue Golden Years de David Bowie y es que los 30 años fueron buenos en general, trabajo seguro, mi relación se formaliza, la academia marcha bien, bajé de peso, mi blog de Transformers adquiere cierta relevancia, la colección crece a un buen ritmo, etc., etc.

Cosas, posesiones, logros... y sin embargo la vieja rumia de que algo que no anda bien, o mejor dicho, que algo podría ser diferente, que todavía hay algo por cambiar dentro de mí, todavía hay áreas para madurar, lugares oscuros que barrer, miedos que reconocer y tirar al tacho de la basura... supongo que la psique humana es así. Creo que la onda es no parar, sentir, vivir, ser la impermanencia de las cosas, no atarse a una forma de percibir del mundo, lo cual no quiere decir que haya que cambiar de postura como veleta, o simplemente no tener postura. Hoy, en este mundo que se ahorca con sus propias manos es bueno recordar que el estado de las cosas no siempre será el mismo, pero no basta con eso, solo una práctica diaria del pensamiento correcto nos puede llevar por este camino.

Tiene ya un par de años que dejé de practicar Budismo, resultado de la elección entre lo urgente y lo necesario, siento dentro mi los cambios, pero también reconozco que no es algo definitivo, todo está en movimiento, por lo que hay que entregarse al vacío, igual que el tema de mi año 31. Ya veremos dijo un ciego.

En retrospectiva mi cumpleaños 30 fue maravilloso, uno puede elegir ser feliz, uno puede elegir sobre su pasado, yo elijo que ese día fue redondo. Gracias, como siempre, por todo, Chinita mía.

viernes, 24 de septiembre de 2010

A mis 27 años

Pues ya estamos a punto de llegar, ya estamos reseñando los 27 años. Pues bien, cuando el lector llegue al final del texto podrá percibir que falta el final del texto, no se preocupe, así está bien. El lector avizorado notará que no me fue muy bien, para no decir que fue de la chingada, en fin, así es la vida. Podría detenerme a pensar y explicar el asunto, dejemoslo así, esa será tarea de mis biógrafos.



LOS 27, LA CONSTANTE

Ahora se acercan mis 27 años, falta menos de un mes y me entrego al rito itinerante de glosar mis años, de interpretar mi vida para darme paz y forjar en nuevo fuego mis anhelos, los grandes viejos anhelos.

Este año descubrí nuevas cosas, encontré la última llave de la última puerta, encontré el hilo negro y no por eso me siento mejor ni peor, ni mucho menos; estoy en un estado muy extraño. Al menos eso es el primer consuelo: la vida no deja de ser un misterio sin resolver; para mi la vida sigue siendo un infinito e inextricable puzzle que palpita, que respira y se reacomoda.

Hoy tengo otros temas, quizás menos metafísicos, quizás mas condenatorios, mas vulgares y materiales. Hoy me preocupa mi vida profesional, mi vida material del futuro. Ya no pienso tanto en los libros que no he comprado, o en las colecciones que ni siquiera he comenzado, mucho menos pienso en las ropas que no poseo. Pienso en una casa, en una cama y su cocina. Cosas menos sofisticadas, cosas más hipotecables, el patrimonio que le dicen. ¡Zas, eso ya huele a treintañero!

No supe cuando (aunque esto es un mero recurso retórico, porque si se cuando empecé a sentir esto, fue justo el día de mi cumpleaños pasado, andaba yo por Reforma viendo fotos viejas de la ciudad y me topé con el traslado del monolito de Coatlinchán en los años treinta, al leer la leyenda que acompañaba la foto algo se juntó en mi garganta y casi no pude evitar que mi voz se quebrara y algunas lagrimas rodaran por mis mejillas) se desarrolló este desprendimiento desprendido. Ahora no me preocupan mis necesidades intelectuales, esos apetitos urgentes han sido tratados de manera correcta. Con esto no quiero decir que he dejado de pensar o sentir, al contrario, mi corazón pide y es satisfecho de una manera adecuada, por supuesto que la curiosidad sigue estando presente, lo único que ha cambiado es el hecho de que ya no me atormenta pensar, ya no me condena sentir y ver las cosas con los lentes de las entelequias del intelecto.



Sí, parece un estado lamentable pero no me siento así. Es como si la vida hubiera dejado de importarme. Por supuesto me refiero a la vida como ese gran tema de la humanidad. No por eso he dejado de bañarme, de amar, de esforzarme, de llorar, de enojarme, de rascarme, de interesarme, de mirar, de desear, de corregir y lastimar.

Comúnmente estos textos no son escritos de corrido, todo lo contrario, se van formulando de acuerdo a como va evolucionando mis pensamientos conforme se acerca el día 26, de tal suerte que tengo que hacer un pequeño corte de lo que se venía diciendo anteriormente. Aquí en este párrafo surge un problema, surge una crisis, los marinos están nerviosos y cansados, los perros están casi en su último aliento; ya no sopla el viento, ya la nieve es estática. ¿Qué ha pasado?

Recapitularé del modo más breve, del modo más conciso: cf. 22 años.

Pero sería falsear el asunto si simplemente hiciera un copy and paste, y fin del texto, vuelta al origen, el eterno, eterno, eterno, re contra puñeteramente eterno retorno. Nada más lejano de la realidad:

Epifanía 13 de septiembre de 2007, 02:05: Sí, ya lo se, me expliqué la vida, volvía a creer y vivir la vida de los hombres, hijo pródigo por excelencia, bombos y platillos en la recepción (hasta novia conseguí), pero la explicación final no era esa, sino algo que le dije a mi amigo hace menos de un mes: “el arte de la vida está en hacer lo mejor de ti en medio de lo peor de los demás” Por supuesto la frase suena asquerosamente premasticada, lista para esos pequeños librejos tamaño cajetilla de cerillos que se acomodan junto a las cajas de las librerías y están llenos de instrucciones acerca de la vida, probemos crear otro: “el arte de la vida esta en tener una sonrisa de reserva por cada lagrima usada” ¿Nefasto, verdad? Es terriblemente malo, asquerosamente idealizado, y sin embargo, y sin embargo, y sin embargo poderosamente triste.
¡Zas! Ya caí, ya me volví uno de los iluminados, uno de los, uno de los, uno de tantos, pues.

Pero no, veamos si tengo razón. El Dhammapadha, que es uno de los libros capitales del Budismo. Ahí Buda dice (en voz de uno de sus discípulos unos cuantos siglos después) una cosa muy sencilla: el que obra mal, mal le va.

Y esa simple verdad, ese tautología de primaria es un hecho que se constata a diario, en la vida de todos, segundo a segundo desde hace eones.

Es decir, si me meto en una calle oscura mi seguridad es menor, ¿cierto?, de acuerdo, pero esto no quiere abogar por un fatalismo obcecado o tratar de ser un testimonio determinante, no nada de eso, señores del juzgado.

Ahora retomo el punto, estábamos en cf. 22 años, ¿cuál es la diferencia?, el arte de la vida es…, entonces continúo. El problema, el origen de la crisis es sencillo: no he logrado poner en practica todo lo que se, el resultado es ser mas sensible a cualquier perturbación del ambiente, entonces glorifico, magnifico mis cuitas. Eso lo hace cualquier ser humano, y esa es una de las tareas de la humanidad, dejar de dolerse y seguir adelante. En este punto hay pueblo magníficos que han dejado de lado las derrotas, las muertes y toda mala nota, para recuperarse e igualarse, e incluso superar, a sus antiguos rivales, quiero decir que estoy hablando de Japón, el caso de México no es este.

Trabajemos sobre ejemplos, por lo cual deberé de citar un extracto de un texto escrito a una mujer:

“Eres una ángel, un ángel con la flamígera espada anunciando el final de algo, vaya a saber que anuncias, vaya a saber si me estas invitando a entrar o si me estas expulsando, vaya a saber si no digo todo esto desde la óptica del chiquillo que espía la dulcería desde la vereda de la calle.”

Sí, bueno, ya se sabe, la literatura, la poesía y el discurso, todo muy bonito, pero ese no es el punto. Cito lo anterior para explicar lo siguiente. Mi relación con esta niña no fue muy diferente a la anterior que hubo en mi vida, en cuanto a móviles se refiere. Es decir, reconozco un alma buena que necesita de un molde, necesita un ser para vaciar sus necesidades, necesita un espejo. Esto de por si me parece una tontería, ya que yo supongo que si sabe reconocer lo que le hace falta es porque en realidad sabe, posee en realidad lo que busca, después regresaré a aclarar este punto.

La diferencia substancial es que en un determinado punto de la relación, yo me salí, me volví otro para ser un ser diferente, un brujo, un nahual, un duce. Me dediqué a dar todo mi conocimiento, de mil maneras, de todas las maneras que conozco, desde el sexo hasta los discursos. Esto sonará demasiado pretencioso, pero después de tantos años de periplo me he formado para poder realizar lo que mencioné. Motivos hay, quizás mas de los que supongo, para que esto funcionara a medias. Uno de los efectos esperados era perder a dicha persona, era dejar ir para que en la soledad ella reflexionara, cuidara sus pensamientos. Y yo, por otra parte, renunciaba a dicha idea cada dos segundos, pues hubiera preferido pasar mi vida entera junto a ella. Hoy esto es más imposible que un crecimiento anual del siete por ciento en la economía mexicana.

Pero no todo es maestría, ya que también pude comprobar cuanto me falta para ser un poco más estable, pero lo escribiré otra noche, hasta aquí por el momento, fieles lectores de mis años.

Y leo, no dejo de leer. No dejo de cultivar el vicio del conocimiento. Me fascina saber cosas, en cierto sentido no soy otra cosa que un asqueroso intelectual. En la lectura me solazo, me

jueves, 23 de septiembre de 2010

a mis 26 años

Ayer debí haber subido esto pero no he tenido una buena relación con el internet estos días. Les dejo el texto. Ya falta poquitito para la fiesta...




Los 26, el punto de inflexión


Rumbo a los veintiséis.
La creencia cifra su seguridad en la confianza que le otorgamos. Para que A sea igual a B (debido a sus profundas diferencias) necesito certificar la esfericidad de las cosas, porque dónde empieza el concepto termina de nuevo, encontrando conexiones con cualquier realidad que quieras postular.
El estudio y la práctica de una realidad la van creando ipso facto. Cuando yo postulo mi creencia y vivo de acuerdo a mi creencia, el mundo se transforma y adecua para mí. Pero eso no impide que entren nuevos elementos que replanteen mi postulación inicial. Entonces surge la gran prueba, la gran comprobación, la señal esperada: llueve fuego sobre la ciudad, el agua se vuelve sangre, miras tu avejentado rostro en un espejo humeante y todas esas cosas…
En realidad, en estos casos no hay gran cosa que explicar, uno se vuelve idiota y no hay vuelta de hoja. Pasas varias horas al día buscando la no-búsqueda y de pronto te quedas en medio del bosque mirando esa mirada que no se va.
Uno puede tomar decisiones, y con esas decisiones postular y vivir una realidad, transformas tu mundo de acuerdo a aquello que te has propuesto; pero, ¿qué pasa cuando rompen esa realidad y te imponen una dinámica diferente, y no solo diferente, sino antagónica?
Encuentras que tu realidad postulada es en verdad mera vanidad. Pero hay que vivir la vida de verdad, no el alejamiento a lo Nietzche, no el mito del superhombre que sólo es capaz de vivir en armonía cuando vive intocable, es mentira que Caín viviera más tranquilo después de matar a Abel. La soledad es buena cuando se vive dentro de la realidad, pero la soledad inventada y prodigada por formas exclusivas que harán de tu realidad un ente, en apariencia, perfecto, es una soledad que daña porque engaña (!).
Hejemplo:
“Tanto buscar la puerta, para al final darme cuenta que siempre estuve afuera, con ella, tomándola de la mano, mientras, al mismo tiempo, estaba dentro, perfectamente solo, compartiendo mi única soledad con ella, combinando así la perfecta libertad, alcanzando un amor tan perfecto que se desvanece apenas se toca.”
Aquí el individuo está logrando, en apariencia, la liberación del objeto que lo atormenta, aunque no hay que ser demasiado tonto para advertir que su renuncia es una no-renuncia; la aleja para no perderla, finge que puede vivir con la espina en la pata sólo porque no ha sabido reconocer a Androcles cuando este se cruzó en su camino, en su lugar prefirió devorarlo de verdad. Sin embargo, dicho sujeto no es tonto del todo, solamente que a veces se apresura a dictar verdades universales sobre asuntos inexistentes, puede ser todavía más detestable que Borges inventando Enciclopedias Falsas. A nuestro individuo le faltó darse cuenta, y agregarlo a su párrafo, que ese amor perfecto con aquel ente, es perfecto por la simple razón de que es su amor propio del que está hablando, no está hablando de recuperar o sanar el amor que, en teoría, sintió, pues al haber renunciado, sin darse cuenta, logra recuperarse de su periplo.
En este caso el individuo, o sea yo, he tenido que pasar por un proceso de confrontación con la realidad. Yo había postulado una realidad que pensaba practicar apenas comenzara a desgranarse mi vigésimo sexto cumpleaños, es decir, después de haber cumplido los veinticinco años, pero ya en esas fechas el individuo que soy yo, encontré en una mujer, que mi realidad postulada era prácticamente impostulable, no porque careciera de efecto o fuerza, sino porque quise vivir algo que no existe. El Diablo no existe, dicen algunos teólogos de bolsillo; los Teósofos le dan el valor del rival perfecto de Dios, por ser en realidad una parte de él, siendo Lucifer la encarnación de la sabiduría revelada a los hombres; Mara es la perfecta contra del Dharma y está en todas partes, siendo muy fácilmente caer con él; así podemos extender los ejemplos hasta repasar el Catálogo Razonado del Mal, pero lo que hay que hacer notar es que su presencia viene ligada a la Bondad, que logra, por contraste, preservarse. ¿Por qué decidí darle tanta importancia a ese capítulo de mi vida? Quizá porque soy un hombre que vive del arquetipo, porque he decidido forjar mi propia leyenda con base en símbolos nauseabundamente occidentales, entregándome con devoción a una lucha moralista, a una explicación de fantasía. Y claro, en pleno siglo veintiuno no se puede admitir fácilmente estas entelequias, hoy la para-ciencia te demuestra lo que quieras, sin embargo el hombre vive sus mitos, los recrea a través de la vida misma, cada situación se convierte en la dialéctica prehistórica de la lucha de la conservación de la vida, seguimos siendo tan insoportablemente torpes que es asqueroso ver la vida con los ojos desnudos. ¿Es acaso miedo a afrontar la dificultad de entender la vida?
En realidad esa mujer no puede ni siquiera suponer los atributos que le otorgue a través de la recreación de los recuerdos, porque toda recreación es una interpretación por sí misma. La niña no es ni más mala o buena, pero se dieron las circunstancias para que compusiéramos un cuadro digno de una Walpurgis Nacht, es decir que todo fue una comedia de enredos posmoderna. Todo porque en algún momento del camino alguien me mintió con que la vida se vive para sufrirla, para sentirla y todas esos atributos del bohemio, dando como resultado que sea mi alma hipersensible a las más ligeras gotas del rocío primaveral.
¿Por qué insistir en este punto desde los 22 años? Bueno, la respuesta no es fácil de explicar, sobre todo porque tiene muchos cabos desde la cual se puede atender, por lo tanto habrá de explicarse por medio de un denominador común. Primera, señalo que afectó mi salud por algún tiempo (me he acordado involuntariamente de los personajes de Joseph Sheridan Le Fanu); eso por si mismo podría ser la respuesta, pero no lo es. Segundo, porque viví bajo la forma del arquetipo, del supuesto de la vida, como si se tratara de hacer una novela de mi vida. Tercero, porque generó en una un movimiento intelectual acerca de las motivaciones que tiene el ser humano para actuar y como las decisiones implican mas riesgos de los que aparentan (como en los personajes de Théophile Gautier). Estas serían las tres razones más importantes de haber tenido tal pensamiento en mi cabeza por tantos años, pero debo resaltar que el primer punto, la depresión, está ligado íntimamente a aquella relación que tuve. Pero los dos siguientes puntos son única y exclusivamente un asunto de mi fuero interno, una intelectualidad, que se traduce y desarrolla en mi novela “El Hedor” (nunca ha visto ni verá la luz).
Explico lo anterior por dos razones, porque después de tantos años era casi una exigencia darle forma evidente a la finalización de este tema, la segunda razón es por respeto a mi pareja actual, porque de acuerdo a mi budeidad no puedo estar molestando, lastimando, o interfiriendo con un tema ajeno a ella, y no solo lo hago porque me obligue la budeidad, sino porque realmente lo deseo, porque realmente quiero darle paz a la niña de mis ojos: María.
Más allá del evidente juego etimológico-histórico-bíblico que pueden suscitar estos nombres en mi vida, y de acuerdo a la teoría de la postulación de las realidades, hoy vivo una realidad harto diferente.
Pero eso será tema de la segunda parte de este texto, parte que será escrita después de mi cumpleaños, habrá que meditar lo expuesto aquí, a saber: que la realidad puede controlarse mediante una postulación, que está postulación es delicada, porque puede engendrar errores, como lo vimos en el estudio de caso (mi caso, je!), y, por último, que esta teoría de la postulación de la realidad es parte de mi Teoría de la Acumulación Artística, pero por último, pero no por ello menos importante (last but no the least) ¿qué carajos tiene todo esto que ver con mi vida, entendida desde sus elementos tales como María, la escuela, el karate, etc., etc.?

Adendum 2010.
Nunca escribí la segunda parte de este texto, es más, olvide la Teoría de la Acumulación Artística, no se ya que se refería, ¿por qué pasó esto?, por algo sencillísimo, decidí dejarme vivir por la vida en lugar de ponerle palabras, por ese año descansé de la cabalgata intelectual y fui más vacío, como un árbol que no espera que salga el sol o que llueva, simplemente está ahí. Quien entienda estas palabras que escuche, quien no las entienda que me explique.

P.D. Huelga decir que he sido muy feliz con mi pareja, con Angie…

martes, 21 de septiembre de 2010

A mis 25 años

No debería hacerlo, pero recomiendo muchísimo la lectura de este texto, es algo grande pero muy bueno. Puedo decir que en ese entonces logré un avance sustancial, puedo decir que entonces empecé a dejarme vivir por las cosas en lugar de padecerlas. Ahí se terminó un cáncer de vida que me duró un par de años.


Mi vida a los 25

La vida es meramente circunstancial, es una serie de hechos concatenados, unidos por la frágil consistencia de la causalidad y de la casualidad, desarrollándose estas, en un contrapunto impetuoso, subiendo o bajando del registro, pero en el fondo siempre vamos a tener la misma cantidad de notas musicales.
Somos la acumulación de los hechos que hemos vividos, no somos los hechos, no somos el fermento de las emociones guardadas, no, somos el compilado de las circunstancias, somos un detalle mas de un mosaico, el mosaico obviamente es la humanidad. Un fractal, ahí estamos. De ahí que la literatura no sea mas que una acumulación de hechos, la hilación de situaciones que forman un tapiz, un recuento del mundo, un recuento, una descripción del mundo, la mejor literatura es la que combina con armonía, con credibilidad, los hechos, la mejor literatura es la que sabe usar el símbolo, el todo por la parte, la pequeña pieza del mosaico, una imagen interesante del fractal. Hablemos de una teoría de la acumulación, como una teoría del arte.
Seguramente ya otros lo habrán dicho.
¿Qué será mejor, vivir con inocencia o con el pleno conocimiento de las cosas?
La dialéctica histórica explicaría que no, que esto no es posible, yo creo que las circunstancias son las mismas hasta ahora, después del socialismo podríamos hablar de la desaparición de los dados y su restringido abanico de posibilidades, hasta ahora, historia de dos mundos, de dos bandos, explotados y explotadores, gobierno y pueblo. No olvidar el mito del eterno retorno, no olvidar Ulises arquetipo mundial, (propuesta para mural de Ulises mundiales: Ce Acatl Topiltzin Quetzalcoatl, et al -realizar identificación-)
Pero esto no encierra tristeza, me hermana, soy un hombre de Baviera en el siglo XVIII, soy un gaucho en el siglo XVI, soy un griego, estuve en la diáspora, soy un ronin, soy una esclava, soy un triste egipcio, musulmán morí, soy tú)
Creo arañar el estado de totalidad, al menos el conocimiento de la cabal posibilidad de su existencia. Ya era hora de saberlo. Todos lo saben, algunos lo enfrentan de otro modo, se enamoran de otra mujer, se suicidan, se cambian de trabajo, los menos lucidos cambian de peinado; pero todos sabemos esto, tu lo sabías ya.
Después de tantos años, y seguir con la misma señal, seguir con la oración en la boca. Esperar agazapado el gran salto hacia la otredad, hacia el fin de los tiempos, hasta llegar a la cumbre. Felicidades muchacho, que bien has hecho tu trabajo, que bien has cumplido con todo lo que te fue encomendado. Favor de pasar a recoger su documentación en la ventanilla doce, en la ventanilla trece recoge su personalidad, en la ventanilla dieciséis le entregan su rostro, en la puerta le dan su pastelito y en el patio lo están esperando para ahorcarlo y convertirlo en abono, abono para los perros, abono para. Basta, no sigas.
¿Cuantas veces no se habrá caído ya en la connotada lista de los sarcasmos?, ¿realmente hay la necesidad de ser hirientes, sobre todo en la literatura? Pues si, ahí está la gran excusa: levantar el grito sordo, pero grito al fin, dirán muchos.
Esqueeslanecesidaddelas(u)ociedadqueseelevaparaliberaralserhumano. Basta de patéticos jugos con remolacha de hace cien años, recontradigeridos por el respetable.
¿Dónde, pues, está la vida? Finalmente, ¿qué necesidad hay de cortar hojas y triturarlas para hacer un poco de bálsamo y adiós gripa? ¿Para qué tanta aspirina y declaraciones, miradas desviadas, canciones de cómo te extraño, para qué tanta doloroso recuerdo, para qué nos sirve la harina, para qué el azúcar glass, para qué la gente, para qué te amo?
A veces, en medio de la madrugada, en medio de una larga y ancha carretera, avanza un carro, una caravana de carros. Es la muerte.
¿Qué trascendencia puede tener el desayuno de un hombre comparado a la muerte producida en una guerra?
¿Por qué nos encapsulamos en el instante de nuestras vidas?, ¿porqué empujamos al de al lado?, ¿para qué escoger pan azúcar glass y no pan hojaldre.
¿Para que tanta inútil renuncia?, yo pasé años despidiéndome de una mujer, cuando en realidad no era necesario tanta renuncia, tanto rito y viaje de eterno retorno. Tanta noche sagrada, y lágrimas de claveles, tanta soledad de piedra lisa, y tanta melancolía de lenta canción, de nota acariciada sobre la cuerda de la guitarra, tanta desesperación y versos confundidos. En el fondo no había luces prendidas, ni pedazos de mi corazón. Tanto buscar la puerta, para al final darme cuenta que siempre estuve afuera, con ella, tomándola de la mano, mientras, al mismo tiempo, estaba dentro, perfectamente solo, compartiendo mi única soledad con ella, combinando así la perfecta libertad, alcanzando un amor tan perfecto que se desvanece apenas se toca.
Tigre de dientes de porcelana, Cenote sagrado de los mayas, agua verde que asciende. Basurero de mercado, lleno de aire insoportablemente dulce. Visión de la avenida mientras la cruzamos, con un automóvil acercándose a lo lejos. La música que tocó un negro una noche perdida en un Baltimore que ha cancelado el tiempo. Las banquetas se pintan de nuevo, se compran muebles nuevos, las mascotas se mueren, igual que los abuelos, los vidrios se rompen y se compran nuevos, pero jamás barremos las esquinas de la casa. A veces se cuela un objeto viejo, a veces guardamos gomas de otros años; yo tengo cucharas de mi infancia. Agregamos un valor al valor de uso y al valor de cambio, le agregamos el valor del pasado. Por eso están los bellos museos. ¿Nunca has tenido la certeza de estar viendo algo que fue tuyo?, ¿nunca te has encontrado en viejas fotos o pinturas?
La noche es plena, llena de estrellas, yo no duermo, no duermo ahora. El procesador de palabras deja caer, desde un impulso eléctrico, cada una de las letras que escribo. Tú duermes, duermes cubierto por cobijas, tu cuerpo se entibia lentamente, adquiere la calma, y la mente divaga sola, andas solo o sola. Tu cuerpo yace en diferentes posturas tan bellamente armónicas, tan dulcemente suaves. Tus brazos exangües se olvidan de todo, las piernas se recogen cariñosamente y tus labios son el resumen de todo cuanto hay.
La vida ya no me encandila ni me sujeta, ni me increpa ni me acaricia. Para mi A es distinto de B porque son profundamente iguales, y en esencia son lo mismo; y tampoco hablo de la fuerza de atracción de los antagónicos, tampoco es eso. ¿Entonces ya encontré la verdad suprema?, ¿sospechas que encontré el Aleph en una perdida y olvidada calle de Taxco? Pues no, la verdad suprema es igual al agua tibia o al hilo negro: la quintaesencia del Ulises Universal.
La tierra perdida, el paraíso perdido a lo Milton, Ítaca, Tlillan Tlapallan, Cibola, las tribus perdidas, Mu. Habitados de Cinocéfalos, endriagos, la Polis llena de Tótems, cerdos que son bebés que son cerdos, los gatos son quesos que se difuminan en el aire, dejando sólo la sonrisa, y una lenta, clara evocación de todo cuanto fuimos. Como si en ese instante, ese día de nuestras vidas en que cumplimos años no sintiéramos, aunque de lejos, una lenta, clara alquimia de las cosas y los besos. Cada abrazo viene y te planta, te certifica, te declara y te da sustancia.
Ya en la noche, adiós Paraíso; la Atlántida se cubre nuevamente de aguas, los ángeles, con su verticalidad flamígera y sus cien ojos, nos condenan nuevamente al olvido. Los regalos se imponen a tu realidad cotidiana, ceden y se entregan a tu propiedad, ahora ya son tuyos. Ya no son regalos, son monolitos o casas de alfileres, son cosas, son abandonos y las estrellas se llenan de lejanía. Una vez más, otra vez más, todo apunta a salvar otro año. En el año que viene morirán personas, morirán joyas y dientes luminiscentes, morirán de esperanza los amores de siempre, que se reservan lo mejor para la posteridad, para el recuerdo, ahí donde el tiempo borra sonrisas, o corrige malestares. Otra vez nos olvidamos de todo, se antecede la inmortalidad a nuestros sueños. Sabemos que el año nuevo está avanzando, sabemos que estamos agotando otro tiempo, otra vez la tierra va a girar un ciclo completo, y otra vez nos condenamos a la inmovilidad, volvemos a nuestros pedestales de fugaces insinuaciones, nos acobardamos frente a la rapidez del sol y olvidamos que los días se mueven, olvidamos que también la tierra respira y se mueve, olvidamos el abigarrado arborescente fluir del tiempo. Cada día anula al otro, no acumulamos, o mejor dicho acumulamos en sentido contrarío, es decir, hacemos una acumulación del despojo. Nos aferramos por determinar nuestras vidas en el sentido de un yo, de un tiempo definido, estuche de cristal, definido resuello de reloj.
A veces llueve, a veces sudas, a veces lloras, y ¡Oh, cómo es delicioso consagrarnos a la fuente de nuestras nervaduras!, ¡con qué delicia nos retorcemos en nuestros problemas, cuánto placer nos da ver nuestros pies atados, la boca molida a golpes y las uñas de las manos arrancados con salvaje virtuosismo!
Estas palabras mías, estas las grandes palabras de los veinticinco años, del cuarto de siglo, de 3 quinternos, de cinco al cuadrado, estas la palabras hueras, estas las vacilaciones de un pie de lenta iguana, estas las sombras impermanentes de la gente que viaja en metro, estas las arrugas de una sabana. Este collar de lenguas de jaguar, esta enramada de silex y cuadras, este mapa transparente es la punta del filoso auge de mi vida.
¿Cómo expresar la nada?, ¿a cambio de que puedo mostrar el vitral de mis alas de fantástica falena?, ¿quién otorgará veracidad a mi sapiencia de iguana?, ¿cómo demostrar mi sosiego de murciélago?, ¿quién sabrá del maravilloso milagro de mi corazón que es como una vieja piedra, tallada por artesanos, o quizá magos, que yace abandonada en medio de la selva, y que por un prodigio que no alcanzo, y acaso no busco, comprender, se ha llenado de agua de lluvia, despertando en ese minúsculo espacio de obsidiana líquida, la vida de unos diminutos peces, llevando la existencia de la no existencia?
Mi vida, mi vida es un cielo azulísimo, es un cielo de Oaxaca, que lleno de nubes pasa el viento, dejando jirones, redondos jirones, esparciendo en el cielo matutinas lunas diminutas.

lunes, 20 de septiembre de 2010

A mis 24 años

Pues ya nos vamos acercando más y más a mi cumpleaños, lo malo es que cada día tengo más ideas para hacer este repaso de mi vida (la obvia invitación es a que tú, amigo, también lo hagas). Tenemos hoy el post para los 24 años. Ya se nota más kentros, bien, no está mal, pero todavía falta.



24 años

Casi 24 años y la vida no ha empezado a aburrirme, cada día me reta, me da cosas para pensar, nada ha quedado asentado, y sin embargo he encontrado respuestas, todavía no a las grandes preguntas, sino respuestas a mis pequeños dilemas, a mis pequeños y diminutos problemas que no cesan de ser.
Cuando tenía 16 me visualizaba a esta edad como un señor, pero hoy me veo y me siento más joven que cuando tenía 16 años, no se como fue posible. Aunque es evidente que pasé por estados de mi vida que fueron propios de un hombre que está viejo y cansado, pero hoy me veo como una flama que arde bamboleándose, que es retada por el viento, y aunque sé que no me voy a apagar (soy una flama de aceite de roca) no dejo de luchar contra al aire, eso me hace vibrar. Hoy más que antes, me siento sin ataduras, me siento desenfrascado, y hasta las situaciones más graves las tomo un aire de gran soltura, siento y creo en la vida de nuevo. veo que no soy nada en la historia y en la vida, cuando algo se me quiere subir (odios, tristezas, anhelos de perfume barato, soberbia, etc.) sólo me basta pensar en una imagen: me visualizo de frente, pero inmediatamente subo para verme por arriba hasta salir de la habitación donde estoy para poder cubrir con mi vista el edificio, y sigo subiendo hasta llegar a ver toda la colonia, y así hasta ver el país, el continente, la tierra, la galaxia, el tiempo..., y ahí me detengo, se que no pasa nada, se que nada es más importante que este pedazo de conciencia que tengo, se que lo que veré o tomaré en mi tiempo sólo será mío, sé que no será repetido por nadie, así que procuro elegir bien lo que voy a vivir
Voy creciendo, voy comiéndome los años, voy viajando hacía ellos, cada vez, poco a poco, se va develando el futuro, cada día, cada segundo, voy comiendo una fracción más de mi futuro, e inmediatamente voy depositándola en el almanaque de recuerdos. Esta idea me da la certeza de que yo puedo construir mi vida, de que yo estoy decidiéndome, porque uno es la acumulación de lo que fue en función de su naturaleza, tendiendo al bienestar propio. Si, es una función, pero no hay constantes, no hay nada constatable, sólo tenemos aproximaciones a lo que somos. En realidad cuando uno trata a una persona, convive, interactúa con ella, lo que sucede es que nos develamos (aún frente a nosotros mismo) para darnos, para salirnos de nuestros capullos.
No se, a mí me duele la vida. Para mi no es fácil, todo, absolutamente todo, es una decisión, es un eterno desarrollo, pero no sólo eso, también cuestiono la circunstancia, la mal llamada naturaleza humana, o el sentido común, a veces no puedo entender lo más simple. Me sobrecoge la idea del metro lleno; vamos ahí varios seres humanos (tan exquisitos o tan podridos como yo mismo puedo decidir ser), vamos tan juntos, tan cercanos, y ese viaje me parece la cosa más falsa, mas incierta, todos llevamos en el rostro la seguridad de llegar a algún lado. Pero, ese viaje que en ese momento nos importa tanto (por eso empujamos, por eso nos enfadamos, por eso nos molesta el mal olor) no quedará registrado para siempre, ese viaje esta dentro de la nada, es la negación total. ¿Cuántos hombres no habrán viajado en la misma circunstancia (según el transporte de la época) en todo el tiempo que lleva la humanidad? Ni siquiera es necesario pensar en otros siglos, simplemente hay que darse cuenta que muchos de los que viajan hoy con nosotros mañana no volverán a ver el metro: morirán. Moriremos todos y ese viaje será intrascendental, nulo, inexistente. Ni siquiera el metro quedará a futuro ¿no acaso nos devanamos los sesos por las ollas de nuestros antepasados? Y aunque la tecnología lograra preservar la memoria de nuestros días, los amables científicos ya nos contaron el final de la historia: el sol se va a apagar un día, o mejor dicho alguna vez se acabaran los días. ¿Para qué corres y empujas a los demás en el metro?
La idea no es novedosa, muchos creen en la reencarnación, otros hablan de deja vú, algunos hablan del Karma, la cuestión es que sospechamos que esto ya lo vivimos, que no es la primera vez que vivimos. Aunque a lo mejor no es más que la cura a la melancolía de sentirnos tragados por la nada que se llama tiempo. ¿Pero, qué haríamos si fuera cierto? Que tal que fuimos un holandés del siglo XVIII, o un Azteca que murió en una guerra florida, o una cortesana de París, o Esquimal que pereció en la blanca noche, o, en fin, ejemplos (posibilidades) sobran. Suponiendo, sin conceder, que somos un hombre que ya ha sido, que ha sido muchas veces, o sea que tu eres nada, eres muchos, no tienes personalidad.
Esto lo hace peor. Si de por sí el tiempo te va a tragar, ahora resulta que ni siquiera eres alguien específico en tu instante de conciencia. Y que no se invoque o se confunda con hedonismos de ninguna clase, que no se crea que esto es un mero contento filosófico que nos exime de las tareas de la humanidad pendientes; no se trata de tirarse en la arena, esperando el momento en que el sol se apague.
Al contrario, este sentimiento me obliga a sacar de mi conciencia, con el escrúpulo de un contador, lo mejor para mi vida, quiero beber de lleno el agua de la existencia, no quiero caer en automatismos, no quiero cerrar los ojos al tiempo, no quiero pasar mi vida sin mirar hacía el cielo y contemplar el enorme reloj que nos hace, que nos crea. Esto es una responsabilidad, la responsabilidad de saberse vivo, la responsabilidad de despertar a los demás. Momento, esto no tiene nada que ver con la gente optimista (de esa gente necia que cierra los ojos), al contrario, esta vida exige disciplina, exige ser fieles a uno mismo, en tanto se es un ser humano, no ya la simple aproximación a esta idea que se le ha dado en llamar hombre, como si en el género estuviera la conciencia. Falta tanto por hacer, faltan tantos años por escribir, no se exactamente a dónde va esta idea, lo que se es que no debe tomarse como la gran salida, como la gran disculpa para que el ser humano deje de buscar su mejor manera, aquella dónde la abstracción humanidad sea justa y cierta, y no un mero formalismo para evitar hablar de las clases sociales, de la gran guerra silente que vivimos, que esta idea no sea pretexto para olvidar, que no se confunda con un existencialismo vacío. Yo no leo filosofía, yo la hago; inocentemente, pero la hago, sin grandes escuelas o grandes maestros que no llevan más que a repetir la gran, la enorme burrada en la que nos hemos metido. Sólo se que sería horrible que el ser humano no diera más, sería triste que no fuera más allá de donde estamos; ya ven que en Europa en el siglo XVI creían que estábamos sobre dos tortugas enormes y nada más, y resulta que…, bueno ya lo saben. Dudemos, indaguemos todo. No cierres los ojos ni ante la paleta de caramelo que chupas, ni ante la correa de tus zapatos, ni ante las notas de la música; detrás de todo esto una gran espíritu humano, todo tiene sentido. Pero mucho menos cierres los ojos a la injusticia, a la explotación de las clases, a la cordura de la lucha, a las necesidades de la humanidad. Si ves más allá de esto, serás capaz de ver la tragedia, la lucha diaria, la obligación de conquistar la conciencia humana. Mira esto: un joven de 24 años hablando de la verdad universal en un pequeño cuarto, rodeado de su soledad (plasmada en libros de literatura de bellas ediciones, en libros de economía, en buenas colecciones de discos, en una lucha interna y agazapada), inmerso en una colonia de un país tercermundista; mientras allá afuera están ellos, estas tú, esta la vida, comenzando y consumiéndose. Esto, es en sí ya, la primera lección.

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