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martes, 2 de octubre de 2018

El 68 en el 99.

En 1999, durante la huelga de la UNAM del CGH se conmemoraron 31 años del 1968.

Iniciamos la huelga en abril y las autoridades no cedían ni un ápice, mientras, los meses se fueron acumulando, y en algún momento intuimos que su apuesta era al desgaste. Recuerdo que un día, en medio de una de las maratónicas asambleas, pensé que quizá siguiéramos en huelga para octubre, imaginé como podrían unirse ambos movimientos y qué podría resultar de esto; pero luego pensé que no estaríamos así durante casi seis meses.

Imagen tomada del blog Tierra y Libertad.

Cuando menos me di cuenta ya estábamos votando la ruta de la marcha del 2 de octubre. Tenía que ser algo apoteósico, algo especial. No podía simplemente ser la marcha normal que salía del Museo de Antropología, o del Zócalo hacia Tlatelolco. También se discutió si debía ser ahí, se habló de los peligros de hacerlo en un lugar cerrado, por un momento se hizo presente la amenaza de una nueva masacre, o de menos una fuerte represión; pero ponderó el músculo del movimiento, habíamos pasado por momentos de fortaleza y otros de abandono, ahora estábamos otra vez de subida.

Se votó en un asamblea realizada en el auditorio Che Guevara/Justo Sierra, no recuerdo exactamente cual plantel, pero sí se una preparatoria estuvo a cargo de la reunión, lo que significaba, entre otras cosas, llevar la mesa y elaborar los votos. Los votos eran hechos a mano y cada asamblea se cambiaba, esto porque al principio del movimiento existían votos oficiales, pero se extraviaron, o hubo rumores de que algunos fueron robados para impedir la votación de determinada escuela. Entonces cada escuela hacía los votos para la asamblea siguiente, totalmente artesanales, adornados con colores, tela y pintados, montados casi siempre en cartón. Los votos para esa asamblea fueron muy sencillos, pintados apenas en platos redondos de cartón desechable.

Yo estuve ahí, ya era muy de noche, quizá de madrugada (las asambleas empezaban por la tarde y terminaban casi al amanecer). Cuando finalmente se votó por la ruta de la marcha hubo platos de comida que se colaron como votos. Y es que como las asambleas eran infinitas se preparaba comida (una comida horrible, hecha por compañeras -porque claro, las mujeres eran las que cocinaban, ya ven que los movimientos sociales no están exentos de machismo-, y se servía en lo que hubiera a mano, casi siempre cosas producto de donaciones. Esa noche la cena se sirvió en platos desechables de cartón.


Ganó la ruta más larga: de la Rectoría de la UNAM a la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Se marchó el viernes 2 de octubre, partiríamos a las 14:00, y se estimaban poco menos de cuatro horas de caminata. No recuerdo con exactitud la ruta de la marcha, sé que partimos por Insurgentes y avanzamos según la policía lo indicó. No es como lo puesto en la imagen de arriba (que es una mera reconstrucción), pero las demás rutas propuestas por Google Maps igualmente alcanzan los 17 km.

La marcha empezó casi una hora después de la hora propuesta (como suele ocurrir), y a diferencia de otras, el paso fue muy apretado, no tengo el dato de cuántos fuimos (pero muchos, muchos más de los que cuenta la policía), pero éramos miles de estudiantes, maestros y trabajadores de la UNAM caminando muy rápido. Recuerdo que en algún punto alguien aventó un huevo y lastimó a un compañero en el ojo y por esto paramos varios minutos.


Por supuesto el clima social en aquellos años era distinto al de ahora. Las autoridades universitarias tomaron distancia del 68, argumentaron prudencia y trataron de deslizar que nosotros nos eramos como los buenos muchachos de esa generación masacrada; incluso hubo una marcha de los llamados antiparistas (constituida de gente cercana a la rectoría). Otras cosas no fueron muy distintas a estos tiempos, pues ese mismo año también tembló en Oaxaca, dejando más de 5 mil viviendas en ruinas.

Llegamos al atardecer al corazón de Tlatelolco. Cuando mi contingente ingresó ya había gente hablando en el templete, vecinos de la Unidad, viejos líderes del 68 y representantes de la huelga actual. Yo me había desvelado la noche anterior escribiendo algo con la intención de leerlo en el templete. Había hablado con algunos amigos y padres de familia (ellos también tuvieron su propia organización y agenda en el movimiento del 99) para ver si era posible que me dieran un par de minutos.

Es curioso como se significan las cosas con el paso del tiempo, ahora que veo este horrible escrito que hice hace 19 años veo lo malo que es. Me parece como el sonido de un mono intentando tocar la trompeta, quizá entiende que hay algo ahí pero no alcanza nunca a dibujarlo. Se los dejo aquí y sólo modifico alguna coma, elimino una redundancia y agrego alguna tilde, sólo para remediar un poco su torpeza.

Salir, buscar febrilmente el mar, caminar por el adoquinado de mar, llenar los ojos de cristales de mar. Entonces hay que saber sostener la verdad, hay que saber llevarla. Luego están las manos, llenas de líneas digitales como superficie labrada, avecindadas ahora ya al  puño que sabe apartar el fuego que escupe fuego negro.
Correr sin guardar silencio es preciso: hay que salvaguardar la solicitud exigente, y aún más la victoria; pues ser breve en la justa es sentir el corazón arrebolado de miedos e injusticias insalvables, así sólo se estaría caminando por la vereda de la claudicación. 
Estamos bajo el acecho firme de una mandrágora que lucha desquiciadamente, pero con temor, contra nosotros. Hoy asestó un golpe ebrio de odio, un golpe que pudo suspender a nuestro puño de inminente verdad. Pero este día no tuvo noche, este día no vio fin a su jornada. 
Lo que sí quedó fue la ausencia: una flor azul sobre una plaza. Entra entonces la urgente salvación, la fuerte marea que sin límites desorbita visiones, el mar embravecido, iracundo, soslayando la presencia del nuevo acechante. Pero hoy no sólo es el mar, también hoy es el viento; pero falta la tierra y el fuego para llegar a la cumbre del éter rojo, no amarillo, ni azul, ni mucho menos tricolor. 
Hoy la nueva mandrágora nos mira con más rencor y desazón, comprende que para sus fines es necesario imponer la noche en el cuerpo y el alma nuestras, sobre todo el alma, porque sabe que con el cuerpo no basta, pues nos ha matado ya, aquí mismo, tan sólo hace treinta y un segundos y hemos vuelto a caminar, somos aquí el que fuimos ayer, vemos nuevamente el rostro perdido de nuestro hermano y hermana, y vemos también al amor perdido, o aún buscado, y tenemos esta tarde la sangre que tuvimos, y el sudor es el mismo, y el deseo es el mismo, y yo, como todos ustedes cerramos el círculo descrito un dos de octubre de 1968, que es exactamente el mismo de hoy, en cuanto a empeño y lealtad a sí mismo, poblamos hoy un mundo pasado que no pierde vigencia, poblamos el mundo de hoy para estar mañana, aquí mismo, en el desafío interminable. 
Y esta tarde despunta ya la idea de mañana, sin noche para la conciencia, y ella, la intolerante mandrágora, que quiso hacernos creer que lo único que quedaba era la noche, póstuma para siempre, la pobre.

Escribí esto de madrugada, atropellándome conmigo mismo, repitiendo clichés y triste por no hallar eso que quise sentir. Lo leí ya muy de noche en la Plaza de las Tres Culturas, bajo un cielo frío y ausente; casi al final de todo, cuando ya sólo quedaban unas pocas personas oyendo, todos viejos, seguramente vecinos y antiguos estudiantes, sobrevivientes de esa otra noche.




viernes, 23 de septiembre de 2011

Soundtrack de mi vida. Año 20

2000.  Himno Zapatista

Yo no soy zapatista, nunca lo fui y no creo serlo alguna vez, pero por supuesto que en su momento me entusiasmé y es imposible para mí no guardar cierta simpatía por los indígenas metidos en eso, las bases, pues. Entonces, ¿qué hace el himno zapatista en el Soundtrack de mi vida? Fue por un episodio que viví, quizás por ahí de principios del año 2000, ahora mismo no recuerdo, y por increíble que parezca no aparece información en internet, y es curioso porque la nota salió en varios periódicos.

Sin duda el 99 fue el año de la huelga, por supuesto no niego mi participación durante los nueve meses que esta duró, y no, no voy a entrar a temas polémicos, sólo aclararé que la canción de ese año fue seleccionada principalmente por una changuita que me traía de un ala, pero vamos, no es el tema por ahora.

El caso es que había un chico que pertenecía al Frente Zapatista de Liberación Nacional, algo así como las representaciones locales del EZLN, hoy son llamados Caracoles y creo que ya no quedan más que en Chiapas. Este chico era estudiante de la UNAM, pertenecía al CGH y tenía esposa y dos niños, vivía en Tlahuac o Xochimilco, en una comunidad agrícola. Un día, durante la huelga, al llegar a CU lo atropellaron y murió; nunca se supo si fue intencional o un simple accidente.

Fui junto con mi gran amigo y su madre al funeral de este chico. Creo que alguna vez quise escribir la experiencia, pero ninguna palabra hace justicia a lo que vi ese día. Lejos de todo discurso, lejos de toda línea teórica vi un grupo de personas llorando a un ser que había luchado por la Justicia y la Dignidad, no en discurso, sino en lo inmediato, con una mano en la milpa y otra en las letras de un libro.

Ese momento en que bajan la tapa del ataúd y no queda más que enfrentar la nada y de pronto, sin previo acuerdo comenzaron a entonar el himno zapatista, voces quebradas de indios, afuera empezó a llover, nadie ocultó las lagrimas de sus ojos.


Cuando terminó la huelga un grupo de amigos nos fuimos a Acapulco, ¿a celebrar? No, fuimos a trabajar a una comunidad que se llama Chautenco, está muy cerca de Pinotepa Nacional, Oaxaca. La idea era saber que es el trabajo real del campo, por supuesto no fue ni mi primera, ni mi ultima vez. En parte lo hice como homenaje.

lunes, 7 de febrero de 2011

6 de febrero, el fin de la huelga de la UNAM del 99

Desde un día antes ya había rumores, fuertes rumores; y aún así me dispuse ir a la asamblea del Consejo General de Huelga (o como nosotros le decíamos: ir al CGH) que se realizaría en el auditorio Che Guevara de la Facultad de Filosofía y Letras. Pero ese año me enfermé muy fuerte de las vías respiratorias, y todavía no soportaba cambios de temperatura, se me dificultaba respirar y terminaba con una especie de ataque asmático, y necesitaba un par de inhaladores para recuperar el control y como ya era algo tarde,  preferí quedarme en casa, a cambio de la promesa de salir muy temprano al otro día y llevarles el desayuno a mis compañeros de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), y como eran vegetarianos les prepararía verduras cocidas y pan de naranja. Pasé la tarde y parte de la noche preparando todo esto y hasta vi una película en la televisión.

Imagen diseñada por Wafna, mi alter ego hace una década

Era la mañana del seis de febrero del año 2000. Efectivamente me levanté muy temprano, a las cinco y media ya estaba bañado y con las cosas listas para salir hacía "El Casco", como así le llamábamos los huelguistas a la Ciudad Universitaria. Todavía recuerdo el frío que sentía en mis pies y la textura del suelo mientras me ponía los calcetines cuando escuché timbrar el teléfono. De inmediato lo supe (ya había rumores, fuertes rumores...), no había necesidad de palabras, lo que restaba era puro fatalismo. Había llamado la mamá de Pablo, encargada de avisarnos que finalmente la Policía Federal Preventiva (PFP) -el ejercito, vestido de gris- había entrado a El Casco. Su hijo pudo comunicarse vía celular cuando empezaban a tomar el auditorio en plena asamblea (las reuniones duraban toda la noche y parte del día).

Al final el plebiscito sí justifico la represión

Mi familia no me dejó sólo ese día, en pocos minutos mis padres y mi hermana (estudiante del IPN) estuvieron listos para salir, el plan era acercarse a CU para ver en que podíamos apoyar a los compañeros. Tomamos un camión que a esa hora avanzó rápido; pasadas las seis de la mañana llegamos a Insurgentes y Periférico, pero policías de tránsito impedían el paso sobre Insurgentes, incluso el peatonal. Nos dimos la media vuelta, totalmente desconcertados, cuando mi hermana tiró un bonche de propaganda que llevábamos (con el pánico, la idea era brigadear durante el camino, pero ya en la calle nos dimos cuenta que sería peligroso), ante los nervios quisimos regresar a recogerlos, un segundo después nos dimos cuenta que esa era también una pésima idea.

Después de todo terminaron despareciendo a la PFP: corrupción

Cambiamos el plan y decidimos ir a la ENAP a avisar, logramos tomar pronto un taxi y llegamos cuando todavía no eran las siete de la mañana; estuvimos tocando el timbre, pero nadie nos abría, hasta que un compañero que vivía enfrente de la escuela salió a avisarnos que la brigada ya había abandonado las instalaciones y que algunos estaban escondidos en su casa con él y otros se había ido CU, o quizá otras escuelas o sus respectivas casas. Ahí en la calle vimos el par de automóviles de gobernación que siempre estaban vigilando la escuela.

Esta, como todas las imágenes anteriores son de mi autoría

Lo demás es confusión. Entramos a su casa, enterramos las credenciales en el patio de la casa de este compañero pensando que sería peligroso que nos encontraran con ellas, imaginábamos cateos y detenciones en la calle; pasó un helicóptero y nos replegamos en la sombra, como en una mala película de acción. Todo era un río de rumores. Ahí me separé de mis padres, ellos quisieron regresar a nuestra casa, y mi hermana y yo escapamos del lugar, junto con otros compañeros, en un par de taxis que nos llevaron a la casa de un compañero apodado El Oso, en la colonia Del Mar; el par de autos particulares de la policía nos siguió, pero en algún momento pudimos perderlos (o nos dejaron ir). Al llegar a la casa del Oso no enterarnos de los detalles en una enorme pantalla que tenía, vimos el horrísono de la situación. La maquinaria de las putas televisoras estaban perfectamente aceitada y afinada, demoliendo el movimiento en vivo, denostando nuestra "barbarie" y delincuencia, los malditos comentaristas no podía evitar ocultar el júbilo, las frases con sorna y los comentarios ácidos.

Que chistoso, sigue siendo tan vigente este cartel...

Nada podíamos hacer. Pero se habló de una reunión de emergencia para reorganizarnos, sería en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), campus Xochimilco, por seguridad, decidimos que sólo tres personas fueran como comisión de la ENAP, salimos mi hermana y yo (aunque no éramos estudiantes de la ENAP, pero preferimos mandar gente que no ubicaran plenamente como parte del movimiento) y una compañera que a mi me gustaba un montón: Sara. Increíblemente en el camino a la reunión nos asaltaron y nos quitaron el celular que nos habían prestado, un tabique enorme y carísimo, (todavía no eran comunes), con cargador y todo. Cuando llegamos a la UAM, apenas bajando del micro, y todavía asustados por el asalto, un grito espoleó el ya de por si pesado ambiente: "¡ahí viene la PFP!". Todo desaparecimos en instantes, entre autos y hacia las calles y corriendo dentro de un mercado cercano. De inmediato se propuso otro lugar, que ya no recuerdo cuál era. Al final el miedo imperó y no se se pudo concretar ninguna reunión.

Por si ya no se acordaban

Para ese momento mis padres se habían movilizado al parque de La Bombilla, muy cerca del Casco. No sé cómo se enteraron que ahí habría una reunión de padres de familia que sí se llevó a cabo, determinaron salir en marcha, por Insurgentes rumbo a los varios sótanos de la PGR que estaban en la glorieta de Insurgentes, y también hacia el centro, porque ahí estaban encerrados varios de los compañeros apresados esa mañana en el CGH y demás escuelas del Casco. Mi mejor amigo había sido atrapado, él estaba entre la gente del Che Guevara, junto a Pablo y su jovencísima esposa.

Primera, y horrible, playera que use en la huelga.

Mi hermana, Sara y yo, regresamos a la casa de la colonia Del Mar, al llegar nos encontramos con el rumor era que estaban pasando casa por casa y que ya habían detenido a otros compañeros en la calle. Así que decidimos movernos hacia otra casa y encontrarnos con otros compañeros. Otra vez tomamos taxis y en el camino volvimos a encontrarnos a los automóviles que siempre nos vigilaban, y una vez más creímos perderlos.

En esa nueva casa descansamos y comimos (creo que nadie había ingerido nada hasta entonces), pero la comida era huera y el agua parecía salobre, el día declinaba y las buenas consciencias festejaban el triunfo del Estado de Derecho; los intelectuales (Monsivaís,  Poniatowska y demases) se retractaban públicamente de un comunicado publicado un día antes, en dónde habían llamado a recuperar la universidad, porque alegaban que así no era la cosa (putos); el rector De la Fuente y el Presidente ya habían dado sendos mensajes por televisión; los putos conductores de los noticieros no evitaba sonreír satisfechos y hacían las cuentas del "daño permanente a México" cual estadísticas deportivas se tratara Una vez más se había cumplido El Dictado del Tlatoque.

Si no me equivoco este es diseño de Víctor de la ENAP

Al anochecer los rumores se habían calmado, y mi hermana y hablamos por teléfono con nuestros padres y les dijimos que iríamos a la casa de un tío en Nezahualcoyotl, pero en realidad decidimos regresar a casa; hicimos el camino fingiendo alegría, fingiendo ser chavos cualquiera, hablando de temas baladís, pero la gente en los camiones nos miraba, supongo que no pudimos ocultar nuestro semblante verdadero; regresamos a llorar, regresamos a preguntar por los nuestros.

***

Lo de los siguiente días es más bien absurdo, débil y tierno, como el adiós de un amor de verano. Los sobrevivientes del CGH nos reunimos unas pocas veces en la UAM Xochimilco, se organizó una enorme, gigantesca, increíble marcha (¡putos!, si desde el principio todos los que marcharon ese día hubieran marchado con nosotros otra cosa hubiera sido... ese día hasta el señor López se sumó para cosechar algunos votos para la jefatura de gobierno del Distrito Federal).

Los amigos de la ENAP nos reunimos una última vez en una plaza de Xochimilco, pero estábamos tan cambiados: todos íbamos tan limpios, tan hermosas y guapos, todos habíamos desenterrado ropa del clóset y cajones porque no queríamos parecer huelguistas.

Yo nunca pude decirle a Sara, compañera de la ENAP, que me gustaba mucho, nunca pude decirle que la  iba a extrañar. La huelga terminó, el movimiento terminó. Yo digo que ellos ganaron, a la larga ellos ganaron. Los chavos de hoy en las universidades son apolíticos o abiertamente derechistas, misóginos, machistas declarados y cínicamente fascistas; para muchos cualquier disensión es calificada de chaires.

Yo estoy sosteniendo la cabeza decapitada de Barnes...

En su momento se dijo mucho de El Mosh y demases, la verdad es que los Ultras terminaron trabajando en ignotos lugares, haciendo trabajo hormiga; otros, como el Diablo, regresaron a su antiguo trabajo, dicen que retomó su taxi por convicción propia y ahí anda; el Gato, siguió siendo profesor en la Facultad de Economía y al día continúa dando clases. En cambio los putos moderados acabaron de perredistas (de lo peor que se puede ser en la política de hoy en día) en altos puestos y curándose en salud desde twitter, como el insufrible belaunzaran.

A veces me duele el recuerdo. Una vez dije : "Hoy no reniego de la huelga, de haber participado en ella. Pero hoy no participaría de nuevo en otra huelga universitaria, tampoco me he vuelto un detractor, no por eso no la apoyaría (si sus causas fueran justas). Hoy creo que es mas urgente hacer algo, pues siento que el mundo está muy cómodo en sus justificaciones posmodernas, como si la libertad hubiera sido conquistada y la justicia fuera una práctica y no un consejo."

06/02/2019 Cada año releo este texto, corrijo alguna coma, cambio una palabra y vuelvo a pensar en todo lo que sucedió. Hoy, a la luz de los ataques porriles del año pasado; con la fuerte presencia y beligerancia (y lo digo no como un cumplido, sino como un honorable reconocimiento) de las mujeres universitarias (pero no sólo por ellas, pero aquí sólo quiero señalarlas específicamente por un instante); por el resurgir de la derecha; por el rumbo que acata el nuevo gobierno, por todo ello y más cosas: sí, sí apoyaría totalmente una huelga universitaria, es más, creo necesario y hasta urgente un movimiento universitario.

Esta fue mi playera favorita durante ese año, por supuesto, nada tiene que ver con el fútbol...

lunes, 20 de septiembre de 2010

Recuerdos de la huelga de la UNAM 1999 - 2000

Yo estuve en la huelga, participé activamente en brigadas, marchando, boteando, etc., etc. En aquél entonces hice unas imagenes en Corel 6, si no me equivoco y las mandé por correo (desde mi cuenta de latinmail) esperando se hicieran virales. No tengo constancia de que esto haya sucedido, sé que al menos fueron colgadas en un par de páginas. Hoy las público y reconozco su paternidad. Agrego además la única foto que hay de mí en la huelga, yo soy el que sostiene la cabeza de Barnés. Hasta el momento desconozco si salí en alguna publicación, en cambio, reconozco que aparecí una par de veces en algún cameo de los noticieros.



RECUERDOS
Es extraño. Hace unos días estaba en una clase sobre historia de México, hablamos del 68, finalmente la discusión bordeó hacía el conflicto del 99, la huelga más larga de toda la historia de la UNAM. El maestro nos conminó a buscar información sobre la reducción del presupuesto a la universidad, inmediatamente recordé que tenía esa información dentro de la gran cantidad de propaganda que guardé de la huelga, pues yo participe en ella. Ah, el estigma!, en este punto muchos de ustedes ya me habrán clasificado, ya estaré del lado de los malditos, o del lado de los justos, como sea. Casi un año después de terminada la huelga veía la tele en la mañana cuando sale a cuadro Brozo (Víctor Trujillo) declarando “no ha habido movimiento mas detestado por la sociedad mexicana que la huelga del CGH”, inmediatamente respondí mentalmente: -falso, no hay movimiento moderno en México que no haya sido atacado tan fuerte por los medios de comunicación (hasta ese entonces, este texto debe tener tres o cuatro años).

Si ustedes supieran, si mis ojos pudieran reflejar aquello que viví. Tantas veces estuve en el centro de los hechos, estuve en medio de las cámaras, atento al desarrollo; y en la noche había que revisar los noticieros, había que ver la denuncia flagrante de las acciones del gobierno. Nada, nada pasaba, o mejor dicho, si pasaba, pasaba lo inverso de lo que había vivido apenas unas cuantas horas antes. Era increíble el modo en que argumentaban; la edición de la cinta, los comentarios voraces. Todo era diferente. En la televisión, nosotros éramos los delincuentes.

No sé porque escribo esto, no se que me impulsa, acaso nostalgia. Revisé la propaganda de la huelga buscando los datos para mi materia, pero cedí ante la evocación de esos días. Yo participaba en las brigadas, salía a las calles a botear para tener dinero para mas propaganda, para tener alimento, cosas así. Si, claro, hubo escuelas en las que el dinero tenía otros fines, por ejemplo el bolsillo de los que se creían dirigentes, pero en la ENAP (Escuela Nacional de Artes Plásticas), que es la escuela donde estuve, no sucedió nunca tal cosa. Estando en las calles, transmitiendo la información, estuve siempre en contacto con la gente, y Brozo se equivoca, solamente una vez recibí insultos de un señor en la calle; la constante fue otra. La gente siempre nos apoyó, nos regalaban comida, nos daban agua o refrescos para beber, las aportaciones monetarias no eran escasas, pero lo mejor de todo era la sonrisa, la sonrisa de los niños de primaria que te entregaban unas cuantas monedas por decisión de sus padres. Entonces sentías que estabas haciendo algo por México, sentías que la revolución germinaba en tu corazón. ¡Que falta de visión teórica!

Hoy no reniego de la huelga, de haber participado en ella. Hoy no participaría de nuevo en otra huelga universitaria, tampoco me he vuelto un detractor, no por eso no la apoyaría (si sus causas fueran justas). Hoy creo que es mas urgente hacer algo, pues siento que el mundo está muy cómodo en sus justificaciones posmodernas, como si la libertad hubiera sido conquistada y la justicia fuera una práctica y no un consejo.

Cuando entras a la universidad, y caminas por las baldosas, subes las escaleras a tu salón, y te sientas para tomar tu clase, ahí, en ese salón alguna vez hubo gente que lo usó de dormitorio o sala de reuniones. Y no hablo solamente de la huelga del CGH, sino también del 71, del 68. Ahí donde tomas clases, también ha entrado la policía y la milicia y ha corrido la sangre.

Cuando caminas por el centro histórico andas en inmenso osario, las calles rebosan de muertos, y las paredes han tragado más de una vez el sonido de las balas y las voces de mando de los militares.

Los noticieros hablan de la democracia, del Estado y el gobierno como si fueran la misma cosa. Hoy todos nos ofrecen resabios de curas que no han funcionado, ¿será que tenemos mal escrita la receta?, ¿o será que nunca entendimos la letra del doctor?

No se porque escribo esto, y aún más: no se por qué lo público.

Disculpen si en algo los he molestado, agradezco el tiempo prestado para leerlo.












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