lunes, 31 de agosto de 2026

¿Quién me lee?



En "El Diablo viste a la moda 2" cuando Andy, la protagonista, cuando conoce al que será su interés amoroso, ella le dice que es escritora y en su segundo encuentro él comenta que ya leyó varios artículos suyos. Ella se muestra sorprendida, entre adulada e incrédula.

A pesar de que mi trabajo no es la escritura me identifiqué con esa reacción, porque casi nadie de mis conocidos me lee, incluyendo mis relaciones más cercanas. En algunas ocasiones he tenido que insistir discretamente para que alguno me leyera, sobre todo cuando ese texto había sido influenciado o escrito pensado en esa persona y a veces ni así recibía alguna retroalimentación.

Entre los blogs y Twitter mucha gente dio rienda suelta a su escritura, y más de uno logró dar el salto al formato impreso, tanto en antologías, como en títulos propios. Por supuesto hablo de un tiempo mucho más antiguo, uno donde la tecnología generativa no asomaba su tufo en cada nota periodística o publicación de internet.

Luego estamos los que logramos captar la atención por un momento, pero al tener que sostener nuestras vidas asalariadas tuvimos que abandonar la escritura, o posponerla tanto que nunca llegamos a generar una base sólida de lectores o encontrar nuestro tema o espíritu literario y la cosa devino en diario personal y mejor buscamos algo más para entretenernos.

Porque, ¿quién va a tener tiempo o ganas para leer algo? No lo digo por hoy, donde un reel o tiktok apenas mantiene nuestra atención por más de cinco segundos, sino desde hace diez años cuando uno no tenía tiempo de leer las inocentadas cursis de un tipo de entonces treinta años para decir que pensó en ti y eso le llevo a escribir algo. Ganarse la vida o sostener la existencia es una tarea titánica que nos merma toda la energía que podríamos disponer, o al menos así nos lo han hecho creer.

Cuando logramos desconectarnos de la matrix, apenas toleramos la convivencia de con quién nos tocó vivir y migramos, ahí sí con voluntad, a alguna pantalla para mirar otra cosa que no sea nuestra miseria, para recibir un poco de validación externa o cualquiera de esas cosas con que nos mentimos para evitar materializar nuestros pensamientos.

A mi me hubiera gustado tener lectores, lectores fieles, o de menos que la gente que me conoce me dijera algo. No voy a ser ingenuo pensando otra cosa, si nunca me dijeron nada es porque les pareció aburrido o de plano no les gustó. También tengo que reconocer que no he sabido articular lo que tengo que decir sobre esta vida, pero me consuelo pensando que eso aún está en proceso y quizá en algún momento del futuro sepa escribir esa obra que tengo en forma de sentimiento dentro de mí.

Hace poco, buscando una cosa en mi blog, encontré viejos comentarios en algunas entradas, o sea que sí hubo un tiempo en que me leían. Incluso una de mis lectoras es ahora una reconocida intelectual del régimen actual, también mis parejas me leyeron en algún momento, aunque luego abandonaron tal actividad.

También hubo un tiempo en que nadie me leía, pero igualmente seguí escribiendo, aunque después me sentí muy sólo y abandoné toda actividad por completo. Fueron casi dos años en que me borré de la existencia y eso terminó costándome mucho más de lo que habría imaginado.

Viendo los videos de los terribles sismos de Venezuela y Colombia encontré varios en donde la gente levantó su celular para grabar la tragedia, y no, no voy a ser un viejo rancio quejándome de esto, al contrario. Me pregunté que los llevó a hacer eso y entendí que fue una forma de atestiguar su vida, de decir yo viví esto, así pasó, para que si un día ven lo grabado puedan contar lo que sintieron y así dejar libres las palabras mostrando ese video mal enfocado y borroso.

Por eso decidí que voy a seguir escribiendo y publicando aquí, aunque mis amores y amigos no me lean, aunque solamente los robots calamares de la Matrix entren a robarse estas letras para entrenar esa máquina que pronóstica palabras y dice ser tecnología generativa. Pero no voy a mentir, quisiera algún día ver un libro impreso con mi nombre y aunque hay algunas vagas antología universitarias con un par de cuentos míos quisiera poner un tomo propio en la biblioteca. Aunque sólo para atestiguar y decir: yo hice esto y ni así me leen.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Yo ya no juego

Hace unos días me contaron un anécdota de mi vida pasada que había olvidado por completo. Conforme avanzó la historia fueron dibujándose algunos bordes, y luego en sordina vi un grupo de sentimientos y entonces me acordé de casi todo.


Me reencontré con una callada furia o un despecho, no sé bien que nombre ponerle. Ese capítulo comenzó con la canción "sin tu latido" y aunque podrían sospechar que se trata de un pasaje romántico nada está más lejos de eso.

Escribo esto porque puse la canción y me conecté con el sentimiento de nuevo. Lo que pasó aquella vez me hizo pensar que una de mis maneras de enfrentar las cosas es renunciando a ellas, a veces prefiero evadir la confrontación para evitar quedar lastimado.

Ahora que convivo con mi descendencia estoy aprendiendo que muchas de estas maneras de posicionaros frente a las cosas que nos pasan las aprendemos en la primer infancia. ¿No es esto apabullante? Casi puedo reconocer desde donde viene esto que pasó, casi puedo ver el momento en que creció esa defensa.

"Yo ya no juego". Así se podría resumir. ¿Cuántas veces elegí no jugar, no participar por miedo al enfrentamiento? Fueron varias ocasiones, no todas malas, incluso ahora que lo pienso renegué de varios besos por esta razón.

Me veo en este momento como un pequeñito al que fueron asustando hasta que prefirió dejar de asomarse a la ventana. No para todo, claro, también han sido múltiples las ocasiones en que me enfrento deliberadamente, de frente y sin sombra alguna de miedo.

No quiero dejar la impresión incorrecta, no soy un cobarde, sólo estoy resintiendo algunas de las ocasiones en que dejé pasar un beso, una palabra o un acompañamiento. Sin embargo aún creo con plena seguridad que a veces el mejor enfrentamiento es el no-enfrentamiento.

Por supuesto la vida es, entre otras cosas, la constante búsqueda de un equilibrio, y cómo no somos videntes es imposible saber cuando es el momento correcto para pararse de frente hasta las últimas consecuencias y cuando es mejor dejar pasar, incluso sin voltear a ver.

Durante años he evitado el enfrentamiento para no quedar herido, y resultó una falacia, porque a la postre, siento el "requemor de no haber sido", y creo que sangra igualmente, quizá no a borbotones, pero igual duele a ratos.



lunes, 28 de abril de 2025

La pesadilla no termina cuando se abren los ojos, el calor no se va cuando termina el fuego. Esto es de todos conocido, es de dominio público que la vida se extiende (a veces en contra de nuestra voluntad). Las cosas siguen desarrollándose aún cuando uno clame un respiro, un espacio de tiempo.




domingo, 3 de diciembre de 2023

43 y contando.

Esta línea es un intento de introducción fuerte, que demuestre algo de cultura, es una referencia velada que da cuenta del espíritu de nuestros tiempos.

Esta línea es una referencia a mi vida personal, es el inicio para plantear el problema, la quimera que creo fue la que me acompañó durante el año.

En esta línea me siento a gusto y confiado y meto el verso de algún bolero o la oración de algún libro que haya leído recientemente, e incluso puede que hasta la sentencia de alguna película que me haya intrigado.

Ahora sigue la confesión triste del asunto, el tormento que me acompaña. Les enseño la daga que traigo dentro y 

Entonces digo que la verdad es que no está tan mal el asunto, proyecto esperanza, quizá una resignación en clave poética, o al menos es lo que intento escribir.

Y ahora, la sentencia final, el dictamen dice que en este momento de mi vida prefiero la comodidad, pero también intuyo que le ando perdiendo el miedo al abismo, necesito ir al encuentro de ese matamoscas que espera allende.



El sentido de la vida, el universo y todo lo demás

Cumplí cuarenta y dos años y no creo que la vida tenga sentido, creo que estamos aquí por una trampa de la vida que lo único que busca es seguir existiendo. El sentido de nuestros días se lo tenemos que dar nosotros mismos. Hay quien se rinde a un camino, a un meta, y luego estamos los que no tenemos nada, los que somos pura búsqueda.



Hace años era habitual soñar que me perdía en el Metro, que me pasaba un par de estaciones, ya sea por descuido o porque estaba demasiado lleno, e incluso porque no podía ver en que lugar me encontraba. Entonces veía el mapa y encontraba rápidamente una alternativa pero me desviaba mucho, me mandaba a un camino desconocido, a estaciones vacías, transbordos complejos y paraderos confusos.

Durante mucho tiempo me pregunté la razón de ese sueño, hasta que un día lo consulté con alguien y me preguntó si tenía algo pendiente, como un proyecto sin acabar o algo sin resolver. Entonces me di cuenta que mi vida era una entera/eterna prolongación de deseos. Vivo de mis intereses sin concretar ninguno. Los atiendo un rato y luego se van diluyendo hasta que el anhelo lo trae de vuelta, lo revive e incendia en mi cara hasta que se vuelve a apagar solo.

No estaría mal si no fuera porque en alguna parte de mi siento que 




Este texto originalmente se redactó el 28/9/22 a las 4:42 p.m. y siendo hoy el 03/12/23 a las 21:05 le doy "publicar" porque evidentemente me bajé en otra estación del Metro y me olvidé de él por más de un año completo.

martes, 1 de marzo de 2022

Se me acabó la fuerza de mi mano izquierda



Y te solté la rienda... 

Por supuesto hablo de mi vida, más estrictamente del control de mi vida.

¿Realmente alguna vez existe eso, en serio alguna vez tuvimos control sobre ese ponto que a ratos es el lomo vivo de un bestia sin limites y otras es como sombras en un patio que día a día se vuelven la misma?

Por supuesto que la retrospectiva nos engaña, la perspectiva es un truco de teatro para hacernos sentir más vivos, para creer que eso que está ahí delante, para deleite de la vista, es la realidad.

Proyecto de blog, con tema de cada año se cayó, se olvidó en alguna esquina, detrás de unas cajas de mudanza, detrás de ropa que ya no queda, detrás de otras risas, de una tarde que no termina, detrás de una pandemia, del fin del mundo. Pero antes que eso hay tantas cosas, una ira, una rabia, una tristeza arrastrada, un berrinche, yo qué sé.

¿Por qué es, fue, será tan difícil entender, vivir con la diabetes? Hay gente que sólo come bien, se ejercita y hace lo que el doctor dice . Ahí no hay trauma. Ojalá tuviera esa frase precisa, ojalá que por lo menos no doliera así, no sé.

¿Pero fue eso?, ¿sólo por eso dejé de estar aquí, y allá, y en mí mismo? No, también fue por un dientecito de ajo, tribuna de ternura. El amor que le dicen.

Deseo tantas cosas, cosas que no enuncio, que dejo entre lo privado y lo oculto. Desde un flan, ¿por qué deseo un flan si sé que ahí está la muerte, que horadará mis venas, que rastrillará mis ojos, que desecará mi riñón? ¿El flan es sólo flan u otra cosa?, ¿ganas de morir, tentativa suicida en cámara lenta o ganas de vivir? Ah, pero la trampa, ¿qué es eso de tener "ganas de vivir"? Qué cara es la alegría, que fraude es la belleza y la estabilidad y la paz.

De unos rusos aprendí que la salud no existe, que es un estado ilusorio (no dicen eso, pero el budismo de bolsillo así lo traduce). Lo real es la enfermedad.

Bueno, se me acabó la década y no pude escribirla. ¿La recupero o ya desde aquí le seguimos?


martes, 2 de octubre de 2018

El 68 en el 99.

En 1999, durante la huelga de la UNAM del CGH se conmemoraron 31 años del 1968.

Iniciamos la huelga en abril y las autoridades no cedían ni un ápice, mientras, los meses se fueron acumulando, y en algún momento intuimos que su apuesta era al desgaste. Recuerdo que un día, en medio de una de las maratónicas asambleas, pensé que quizá siguiéramos en huelga para octubre, imaginé como podrían unirse ambos movimientos y qué podría resultar de esto; pero luego pensé que no estaríamos así durante casi seis meses.

Imagen tomada del blog Tierra y Libertad.

Cuando menos me di cuenta ya estábamos votando la ruta de la marcha del 2 de octubre. Tenía que ser algo apoteósico, algo especial. No podía simplemente ser la marcha normal que salía del Museo de Antropología, o del Zócalo hacia Tlatelolco. También se discutió si debía ser ahí, se habló de los peligros de hacerlo en un lugar cerrado, por un momento se hizo presente la amenaza de una nueva masacre, o de menos una fuerte represión; pero ponderó el músculo del movimiento, habíamos pasado por momentos de fortaleza y otros de abandono, ahora estábamos otra vez de subida.

Se votó en un asamblea realizada en el auditorio Che Guevara/Justo Sierra, no recuerdo exactamente cual plantel, pero sí se una preparatoria estuvo a cargo de la reunión, lo que significaba, entre otras cosas, llevar la mesa y elaborar los votos. Los votos eran hechos a mano y cada asamblea se cambiaba, esto porque al principio del movimiento existían votos oficiales, pero se extraviaron, o hubo rumores de que algunos fueron robados para impedir la votación de determinada escuela. Entonces cada escuela hacía los votos para la asamblea siguiente, totalmente artesanales, adornados con colores, tela y pintados, montados casi siempre en cartón. Los votos para esa asamblea fueron muy sencillos, pintados apenas en platos redondos de cartón desechable.

Yo estuve ahí, ya era muy de noche, quizá de madrugada (las asambleas empezaban por la tarde y terminaban casi al amanecer). Cuando finalmente se votó por la ruta de la marcha hubo platos de comida que se colaron como votos. Y es que como las asambleas eran infinitas se preparaba comida (una comida horrible, hecha por compañeras -porque claro, las mujeres eran las que cocinaban, ya ven que los movimientos sociales no están exentos de machismo-, y se servía en lo que hubiera a mano, casi siempre cosas producto de donaciones. Esa noche la cena se sirvió en platos desechables de cartón.


Ganó la ruta más larga: de la Rectoría de la UNAM a la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Se marchó el viernes 2 de octubre, partiríamos a las 14:00, y se estimaban poco menos de cuatro horas de caminata. No recuerdo con exactitud la ruta de la marcha, sé que partimos por Insurgentes y avanzamos según la policía lo indicó. No es como lo puesto en la imagen de arriba (que es una mera reconstrucción), pero las demás rutas propuestas por Google Maps igualmente alcanzan los 17 km.

La marcha empezó casi una hora después de la hora propuesta (como suele ocurrir), y a diferencia de otras, el paso fue muy apretado, no tengo el dato de cuántos fuimos (pero muchos, muchos más de los que cuenta la policía), pero éramos miles de estudiantes, maestros y trabajadores de la UNAM caminando muy rápido. Recuerdo que en algún punto alguien aventó un huevo y lastimó a un compañero en el ojo y por esto paramos varios minutos.


Por supuesto el clima social en aquellos años era distinto al de ahora. Las autoridades universitarias tomaron distancia del 68, argumentaron prudencia y trataron de deslizar que nosotros nos eramos como los buenos muchachos de esa generación masacrada; incluso hubo una marcha de los llamados antiparistas (constituida de gente cercana a la rectoría). Otras cosas no fueron muy distintas a estos tiempos, pues ese mismo año también tembló en Oaxaca, dejando más de 5 mil viviendas en ruinas.

Llegamos al atardecer al corazón de Tlatelolco. Cuando mi contingente ingresó ya había gente hablando en el templete, vecinos de la Unidad, viejos líderes del 68 y representantes de la huelga actual. Yo me había desvelado la noche anterior escribiendo algo con la intención de leerlo en el templete. Había hablado con algunos amigos y padres de familia (ellos también tuvieron su propia organización y agenda en el movimiento del 99) para ver si era posible que me dieran un par de minutos.

Es curioso como se significan las cosas con el paso del tiempo, ahora que veo este horrible escrito que hice hace 19 años veo lo malo que es. Me parece como el sonido de un mono intentando tocar la trompeta, quizá entiende que hay algo ahí pero no alcanza nunca a dibujarlo. Se los dejo aquí y sólo modifico alguna coma, elimino una redundancia y agrego alguna tilde, sólo para remediar un poco su torpeza.

Salir, buscar febrilmente el mar, caminar por el adoquinado de mar, llenar los ojos de cristales de mar. Entonces hay que saber sostener la verdad, hay que saber llevarla. Luego están las manos, llenas de líneas digitales como superficie labrada, avecindadas ahora ya al  puño que sabe apartar el fuego que escupe fuego negro.
Correr sin guardar silencio es preciso: hay que salvaguardar la solicitud exigente, y aún más la victoria; pues ser breve en la justa es sentir el corazón arrebolado de miedos e injusticias insalvables, así sólo se estaría caminando por la vereda de la claudicación. 
Estamos bajo el acecho firme de una mandrágora que lucha desquiciadamente, pero con temor, contra nosotros. Hoy asestó un golpe ebrio de odio, un golpe que pudo suspender a nuestro puño de inminente verdad. Pero este día no tuvo noche, este día no vio fin a su jornada. 
Lo que sí quedó fue la ausencia: una flor azul sobre una plaza. Entra entonces la urgente salvación, la fuerte marea que sin límites desorbita visiones, el mar embravecido, iracundo, soslayando la presencia del nuevo acechante. Pero hoy no sólo es el mar, también hoy es el viento; pero falta la tierra y el fuego para llegar a la cumbre del éter rojo, no amarillo, ni azul, ni mucho menos tricolor. 
Hoy la nueva mandrágora nos mira con más rencor y desazón, comprende que para sus fines es necesario imponer la noche en el cuerpo y el alma nuestras, sobre todo el alma, porque sabe que con el cuerpo no basta, pues nos ha matado ya, aquí mismo, tan sólo hace treinta y un segundos y hemos vuelto a caminar, somos aquí el que fuimos ayer, vemos nuevamente el rostro perdido de nuestro hermano y hermana, y vemos también al amor perdido, o aún buscado, y tenemos esta tarde la sangre que tuvimos, y el sudor es el mismo, y el deseo es el mismo, y yo, como todos ustedes cerramos el círculo descrito un dos de octubre de 1968, que es exactamente el mismo de hoy, en cuanto a empeño y lealtad a sí mismo, poblamos hoy un mundo pasado que no pierde vigencia, poblamos el mundo de hoy para estar mañana, aquí mismo, en el desafío interminable. 
Y esta tarde despunta ya la idea de mañana, sin noche para la conciencia, y ella, la intolerante mandrágora, que quiso hacernos creer que lo único que quedaba era la noche, póstuma para siempre, la pobre.

Escribí esto de madrugada, atropellándome conmigo mismo, repitiendo clichés y triste por no hallar eso que quise sentir. Lo leí ya muy de noche en la Plaza de las Tres Culturas, bajo un cielo frío y ausente; casi al final de todo, cuando ya sólo quedaban unas pocas personas oyendo, todos viejos, seguramente vecinos y antiguos estudiantes, sobrevivientes de esa otra noche.




miércoles, 19 de septiembre de 2018

La mente tiembla


La mente piensa con palabras, pero no a la velocidad del habla, en un instante pueden existir varios discursos, en medio segundo pueden brotar hasta tres pensamientos diferentes, sobre todo cuando sucede algo inaudito, como un asalto, un accidente, o un sismo...

Lo primero que pensé es que era una especie de broma, de prueba, para ver si realmente habíamos puesto atención en el simulacro; recordé un parque en Japón que tiene instalaciones que reproducen los movimientos de un sismo a distintas magnitudes, pero no, 

Lo primero que pensé, más bien sentí, fue la ironía, quién hubiera pensando que temblara con esa fuerza en el mismo día que hace 32 años, porque

Lo primero que pensé fue que no había sonado la alerta sísmica, eso quería decir que el sismo no venía de la costa, sino de tierra adentro, intraplaca, y supe en ese mismo instante que iba a ser fuerte.

Trabajo en un séptimo piso (de un edificio de diez pisos) y ahí recibí el sismo, sentado en mi lugar. El horario del almuerzo es a las 12:30 y sólo nos dan media hora, y ese día yo aproveché para ir a pagar el teléfono; regresé unos pocos minutos después del tiempo límite, como a las 13:10, me senté, puse música, avisé por Skype a mi esposa que había regresado (su lugar estaba a escasos metros de mi, pero detrás de unas mamparas) y empezó... Creo que todos recordamos ese golpeteo que venía del suelo. A veces todavía lo siento... como estoy ocho horas en el mismo sitio donde viví el 19s tengo esa sensación física muy presente. Apenas inició el movimiento ya me había puesto mi chaleco de la brigada de Protección Civil y comencé a estar a la expectativa de la gente que tenía más cerca, entre ellas, a menos de diez metros, mi esposa, a quién alcancé a mirar a los ojos en lo que la gente se resguardaba junto a las columnas.

Pensé en el sismo de Ometepec, Guerrero, del 2012, pensé en que a raíz de ese sismo le quitaron mucho, mucho peso al edificio y que desde entonces se mecía más con los temblores; cosa que no era mala, porque se opone menos al movimiento.

En esta ocasión, después del golpeteo inicial, empezó la oscilación y fue diferente, el edificio se movió como un péndulo cada vez más libre, mientras, la alerta sísmica seguía sonando, avisando de algo que ya estaba aquí.

Llegó un momento en que el movimiento fue mucho mayor que cualquier otro sentido antes (claro, a excepción del 85). Mientras aún sonaba la Alerta Sísmica, llegamos a un punto en que nos fue imposible mantenernos de pie.

Recordé un video de las cámaras internas de vigilancia del sismo de Ometepec del 2012, que nos mostraron cuando me integré a la brigada; ahí vi que a la gente del décimo último piso tuvo problemas para mantenerse de pie en el momento más fuerte.

Pensé en las otras veces que estuve a cargo de la gente a mi lado, a veces hasta de un piso entero (fui suplente de jefe de piso en otro momento, en otro piso), recordé todas las instrucciones que di (las vi como si fuera un mosaico), pensé que nunca en tantos años había dado instrucciones como las que estaba a punto de dar.

Recordé que cuando vi el video del 2012 pensé que lo mejor hubiera sido decirle a la gente que se inclinara, que bajara su centro de gravedad para no caerse, para sentir menos el balanceo.

Grité la orden: "nos sentamos, nos agachamos por favor y nos cubrimos la cabeza". De los videos que vi de este sismo en otros lugares en la Ciudad de México me sorprendió la violencia con la que reaccionaron los muebles, como los cajones se abrían y cerraban, como los refrigeradores caminaban; aquí en el edificio no pasó nada de eso, únicamente las sillas sin ruedas más cercanas a las ventanas se cayeron. Aunque la gente que estaba cerca de las escaleras internas pasó un peor momento, pues todo el recubrimiento empezó a caer a grandes trozos. Más de uno pensó que en cualquier momento el edificio cedería.

Pensé en todo el peso que le retiraron al edificio desde el 2012. Fue un trabajo de años; hasta eliminaron los archivos físicos, se digitalizó todo (con un procedimiento bastante riguroso), quitaron todos los estantes metálicos, cambiaron el mobiliario y retiraron la textura que adornada el edificio 

Mientras nos inclinábamos, entre la gente, alcancé a mirar a mi esposa que me buscaba con la mirada y pensé que aquí nada iba a salir mal, pensé en todos los trabajos que le hicieron al edificio, pensé en toda la capacitación que nos dieron por años y sentí que sólo había que resistir.

Pero el movimiento seguía y grité una vez más, les dije: "Tranquilos, ¡vamos bien! Respiren". Y todavía se movió un poco más, pero fue cediendo, la energía ya había sido liberada y el edificio calmaba sus oscilaciones. Apenas terminó, sin que mediara orden, nos levantamos y nos preparamos para evacuar.

Recordé algo que nos dijo el jefe de Protección Civil de este edificio (a quién, por cierto, apenas habían corrido el pasado 15 de septiembre): cuando tuviéramos un evento así de grande, dijo que tomáramos las cosas que pudiéramos antes de evacuar, porque probablemente no regresaríamos al edificio en algún tiempo.

Entonces volví a ordenar: "los que puedan, tomen sus cosas, porque no vamos a regresar". Aquí, generalmente el procedimiento luego de un sismo, es evacuar y esperar el dictamen en el estacionamiento de un centro comercial que tenemos enfrente, y si es posible, retornar a las actividades. Pero sabía que, al igual que en el sismo del 2012, nos dejarían ir casi inmediatamente, en parte para saber de nuestras familias, y en parte porque no se sabía el estado real del edificio.

Al iniciar la evacuación fui a revisar las escaleras internas pero un compañero, al paso, me dijo que se habían caído. Aunque después supe que no había sido así, sólo se cayó todo el recubrimiento de yeso del pasillo. Gracias a que todo en el edificio son muros de tablaroca o performados fue la única evidencia visual del efecto del sismo en el edificio.


Mucha gente salió sin sus cosas, y como parte de la brigada de Protección Civil me ofrecí (previa inspección del inmueble) para regresar, junto con un pequeño equipo, a sacar las cosas de la gente. Lo que más me sorprendió fue ver la cantidad de comida sin comer en los lugares de los compañeros: hamburguesas con una mordida, tacos envueltos como floreciendo de un capullo de papel aluminio, empaques de unicel sudando una bolsa de plástico, manzanas empezando a oxidarse, yogures abiertos con una cuchara aún limpia a su lado. Así es como se ve el tiempo detenido, salvando las magnitudes, seguro así se sintió descubrir Pompeya.

El regreso a casa fue como el de todos ustedes, caminando hasta encontrar un punto en que el metro ya funcionaba. El regreso lo hice acompañado de mi jefa y mi esposa, y afortunadamente en todo el camino no vimos nada más allá de vidrios rotos y gente preocupada. Incluso al llegar a casa sólo hice el recuento de las figura caídas en mi colección, y hasta después me enteré del drama que el subsuelo y la corrupción nos habían traído desde sus profundidades.

Lo siguiente es conocido por ustedes. Los días de esa semana avanzaron lentamente, confusos y ahogados. Yo no pude salir a ayudar, mi diabetes me limita a veces, y es que necesito comida cada tantas horas; seguramente en la multitud que ayudó incansablemente no había espacio para ausentarse cada tanto, para darse un tiempo para comer y reponerse. Eso me hizo sentir fatal, tan inútil y ajeno al maremágnum de apoyo.

Cuando regresamos el siguiente lunes a la oficina varios compañeros me felicitaron y agradecieron por la labor que yo hice, me dijeron que fue muy importante como los dirigí durante esos momentos., que gracias a eso no cedieron al pánico. Eso me hace estar un poco más en paz.

Daños en Ciudad Universitaria, UNAM, fotografiados por mí.

Finalmente, les recomiendo darse una vuelta por esta publicación de Proceso, la música está para hacer catarsis: De escombros y de música

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