Cuatro y seis
La idea nada más eran tres, pero ya vamos camino a la quinta.
martes, 1 de septiembre de 2026
Sonia I
lunes, 31 de agosto de 2026
¿Quién me lee?
En "El Diablo viste a la moda 2" cuando Andy, la protagonista, conoce al que será su interés amoroso, ella le dice que es escritora y en su segundo encuentro él comenta que ya leyó varios artículos suyos. Ella se muestra sorprendida, entre adulada e incrédula.
A pesar de que mi trabajo no es la escritura me identifiqué con esa reacción, porque casi nadie de mis conocidos me lee, incluyendo mis relaciones más cercanas. En algunas ocasiones he tenido que insistir discretamente para que alguno me leyera, sobre todo cuando ese texto había sido influenciado o escrito pensado en esa persona y a veces ni así recibía alguna retroalimentación.
Entre los blogs y Twitter mucha gente dio rienda suelta a su escritura, y más de uno logró dar el salto al formato impreso, tanto en antologías, como en títulos propios. Por supuesto hablo de un tiempo mucho más antiguo, uno donde la tecnología generativa no asomaba su tufo en cada nota periodística o publicación de internet.
Luego estamos los que logramos captar la atención por un momento, pero al tener que sostener nuestras vidas asalariadas tuvimos que abandonar la escritura, o posponerla tanto que nunca llegamos a generar una base sólida de lectores o encontrar nuestro tema o espíritu literario y la cosa devino en diario personal y mejor buscamos algo más para entretenernos.
Porque, ¿quién va a tener tiempo o ganas para leer algo? No lo digo por hoy, donde un reel o tiktok apenas mantiene nuestra atención por más de cinco segundos, sino desde hace diez años cuando uno no tenía tiempo de leer las inocentadas cursis de un tipo de entonces treinta años para decir que pensó en ti y eso le llevo a escribir algo. Ganarse la vida o sostener la existencia es una tarea titánica que nos merma toda la energía que podríamos disponer, o al menos así nos lo han hecho creer.
Cuando logramos desconectarnos de la matrix, apenas toleramos la convivencia de con quién nos tocó vivir y migramos, ahí sí con voluntad, a alguna pantalla para mirar otra cosa que no sea nuestra miseria, para recibir un poco de validación externa o cualquiera de esas cosas con que nos mentimos para evitar materializar nuestros pensamientos.
A mi me hubiera gustado tener lectores, lectores fieles, o de menos que la gente que me conoce me dijera algo. No voy a ser ingenuo pensando otra cosa, si nunca me dijeron nada es porque les pareció aburrido o de plano no les gustó. También tengo que reconocer que no he sabido articular lo que tengo que decir sobre esta vida, pero me consuelo pensando que eso aún está en proceso y quizá en algún momento del futuro sepa escribir esa obra que tengo en forma de sentimiento dentro de mí.
Hace poco, buscando una cosa en mi blog, encontré viejos comentarios en algunas entradas, o sea que sí hubo un tiempo en que me leían. Incluso una de mis lectoras es ahora una reconocida intelectual del régimen actual, también mis parejas me leyeron en algún momento, aunque luego abandonaron tal actividad.
También hubo un tiempo en que nadie me leía, pero igualmente seguí escribiendo, aunque después me sentí muy sólo y abandoné toda actividad por completo. Fueron casi dos años en que me borré de la existencia y eso terminó costándome mucho más de lo que habría imaginado.
Viendo los videos de los terribles sismos de Venezuela y Colombia encontré varios en donde la gente levantó su celular para grabar la tragedia, y no, no voy a ser un viejo rancio quejándome de esto, al contrario. Me pregunté que los llevó a hacer eso y entendí que fue una forma de atestiguar su vida, de decir yo viví esto, así pasó, para que si un día ven lo grabado puedan contar lo que sintieron y así dejar libres las palabras mostrando ese video mal enfocado y borroso.Por eso decidí que voy a seguir escribiendo y publicando aquí, aunque mis amores y amigos no me lean, aunque solamente los robots calamares de la Matrix entren a robarse estas letras para entrenar esa máquina que pronóstica palabras y dice ser tecnología generativa. Pero no voy a mentir, quisiera algún día ver un libro impreso con mi nombre y aunque hay algunas vagas antología universitarias con un par de cuentos míos quisiera poner un tomo propio en la biblioteca. Aunque sólo para atestiguar y decir: yo hice esto y ni así me leen.
miércoles, 5 de noviembre de 2025
Yo ya no juego
Hace unos días me contaron un anécdota de mi vida pasada que había olvidado por completo. Conforme avanzó la historia fueron dibujándose algunos bordes, y luego en sordina vi un grupo de sentimientos y entonces me acordé de casi todo.
Me reencontré con una callada furia o un despecho, no sé bien que nombre ponerle. Ese capítulo comenzó con la canción "sin tu latido" y aunque podrían sospechar que se trata de un pasaje romántico nada está más lejos de eso.
Escribo esto porque puse la canción y me conecté con el sentimiento de nuevo. Lo que pasó aquella vez me hizo pensar que una de mis maneras de enfrentar las cosas es renunciando a ellas, a veces prefiero evadir la confrontación para evitar quedar lastimado.
Ahora que convivo con mi descendencia estoy aprendiendo que muchas de estas maneras de posicionaros frente a las cosas que nos pasan las aprendemos en la primer infancia. ¿No es esto apabullante? Casi puedo reconocer desde donde viene esto que pasó, casi puedo ver el momento en que creció esa defensa.
"Yo ya no juego". Así se podría resumir. ¿Cuántas veces elegí no jugar, no participar por miedo al enfrentamiento? Fueron varias ocasiones, no todas malas, incluso ahora que lo pienso renegué de varios besos por esta razón.
Me veo en este momento como un pequeñito al que fueron asustando hasta que prefirió dejar de asomarse a la ventana. No para todo, claro, también han sido múltiples las ocasiones en que me enfrento deliberadamente, de frente y sin sombra alguna de miedo.
No quiero dejar la impresión incorrecta, no soy un cobarde, sólo estoy resintiendo algunas de las ocasiones en que dejé pasar un beso, una palabra o un acompañamiento. Sin embargo aún creo con plena seguridad que a veces el mejor enfrentamiento es el no-enfrentamiento.
Por supuesto la vida es, entre otras cosas, la constante búsqueda de un equilibrio, y cómo no somos videntes es imposible saber cuando es el momento correcto para pararse de frente hasta las últimas consecuencias y cuando es mejor dejar pasar, incluso sin voltear a ver.
Durante años he evitado el enfrentamiento para no quedar herido, y resultó una falacia, porque a la postre, siento el "requemor de no haber sido", y creo que sangra igualmente, quizá no a borbotones, pero igual duele a ratos.
lunes, 28 de abril de 2025
domingo, 3 de diciembre de 2023
43 y contando.
El sentido de la vida, el universo y todo lo demás
martes, 1 de marzo de 2022
Se me acabó la fuerza de mi mano izquierda
martes, 2 de octubre de 2018
El 68 en el 99.
Iniciamos la huelga en abril y las autoridades no cedían ni un ápice, mientras, los meses se fueron acumulando, y en algún momento intuimos que su apuesta era al desgaste. Recuerdo que un día, en medio de una de las maratónicas asambleas, pensé que quizá siguiéramos en huelga para octubre, imaginé como podrían unirse ambos movimientos y qué podría resultar de esto; pero luego pensé que no estaríamos así durante casi seis meses.
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| Imagen tomada del blog Tierra y Libertad. |
Se votó en un asamblea realizada en el auditorio Che Guevara/Justo Sierra, no recuerdo exactamente cual plantel, pero sí se una preparatoria estuvo a cargo de la reunión, lo que significaba, entre otras cosas, llevar la mesa y elaborar los votos. Los votos eran hechos a mano y cada asamblea se cambiaba, esto porque al principio del movimiento existían votos oficiales, pero se extraviaron, o hubo rumores de que algunos fueron robados para impedir la votación de determinada escuela. Entonces cada escuela hacía los votos para la asamblea siguiente, totalmente artesanales, adornados con colores, tela y pintados, montados casi siempre en cartón. Los votos para esa asamblea fueron muy sencillos, pintados apenas en platos redondos de cartón desechable.
Yo estuve ahí, ya era muy de noche, quizá de madrugada (las asambleas empezaban por la tarde y terminaban casi al amanecer). Cuando finalmente se votó por la ruta de la marcha hubo platos de comida que se colaron como votos. Y es que como las asambleas eran infinitas se preparaba comida (una comida horrible, hecha por compañeras -porque claro, las mujeres eran las que cocinaban, ya ven que los movimientos sociales no están exentos de machismo-, y se servía en lo que hubiera a mano, casi siempre cosas producto de donaciones. Esa noche la cena se sirvió en platos desechables de cartón.
La marcha empezó casi una hora después de la hora propuesta (como suele ocurrir), y a diferencia de otras, el paso fue muy apretado, no tengo el dato de cuántos fuimos (pero muchos, muchos más de los que cuenta la policía), pero éramos miles de estudiantes, maestros y trabajadores de la UNAM caminando muy rápido. Recuerdo que en algún punto alguien aventó un huevo y lastimó a un compañero en el ojo y por esto paramos varios minutos.
#BoletínUNAM La UNAM conmemora el 50 aniversario del movimiento estudiantil de 1968, con una instalación lumínica en la Torre de Rectoría > https://t.co/vokqIC1CNS pic.twitter.com/2xC2BRRA1F— UNAM (@UNAM_MX) 2 de octubre de 2018
Por supuesto el clima social en aquellos años era distinto al de ahora. Las autoridades universitarias tomaron distancia del 68, argumentaron prudencia y trataron de deslizar que nosotros nos eramos como los buenos muchachos de esa generación masacrada; incluso hubo una marcha de los llamados antiparistas (constituida de gente cercana a la rectoría). Otras cosas no fueron muy distintas a estos tiempos, pues ese mismo año también tembló en Oaxaca, dejando más de 5 mil viviendas en ruinas.
Es curioso como se significan las cosas con el paso del tiempo, ahora que veo este horrible escrito que hice hace 19 años veo lo malo que es. Me parece como el sonido de un mono intentando tocar la trompeta, quizá entiende que hay algo ahí pero no alcanza nunca a dibujarlo. Se los dejo aquí y sólo modifico alguna coma, elimino una redundancia y agrego alguna tilde, sólo para remediar un poco su torpeza.
Salir, buscar febrilmente el mar, caminar por el adoquinado de mar, llenar los ojos de cristales de mar. Entonces hay que saber sostener la verdad, hay que saber llevarla. Luego están las manos, llenas de líneas digitales como superficie labrada, avecindadas ahora ya al puño que sabe apartar el fuego que escupe fuego negro.
Correr sin guardar silencio es preciso: hay que salvaguardar la solicitud exigente, y aún más la victoria; pues ser breve en la justa es sentir el corazón arrebolado de miedos e injusticias insalvables, así sólo se estaría caminando por la vereda de la claudicación.
Estamos bajo el acecho firme de una mandrágora que lucha desquiciadamente, pero con temor, contra nosotros. Hoy asestó un golpe ebrio de odio, un golpe que pudo suspender a nuestro puño de inminente verdad. Pero este día no tuvo noche, este día no vio fin a su jornada.
Lo que sí quedó fue la ausencia: una flor azul sobre una plaza. Entra entonces la urgente salvación, la fuerte marea que sin límites desorbita visiones, el mar embravecido, iracundo, soslayando la presencia del nuevo acechante. Pero hoy no sólo es el mar, también hoy es el viento; pero falta la tierra y el fuego para llegar a la cumbre del éter rojo, no amarillo, ni azul, ni mucho menos tricolor.
Hoy la nueva mandrágora nos mira con más rencor y desazón, comprende que para sus fines es necesario imponer la noche en el cuerpo y el alma nuestras, sobre todo el alma, porque sabe que con el cuerpo no basta, pues nos ha matado ya, aquí mismo, tan sólo hace treinta y un segundos y hemos vuelto a caminar, somos aquí el que fuimos ayer, vemos nuevamente el rostro perdido de nuestro hermano y hermana, y vemos también al amor perdido, o aún buscado, y tenemos esta tarde la sangre que tuvimos, y el sudor es el mismo, y el deseo es el mismo, y yo, como todos ustedes cerramos el círculo descrito un dos de octubre de 1968, que es exactamente el mismo de hoy, en cuanto a empeño y lealtad a sí mismo, poblamos hoy un mundo pasado que no pierde vigencia, poblamos el mundo de hoy para estar mañana, aquí mismo, en el desafío interminable.
Y esta tarde despunta ya la idea de mañana, sin noche para la conciencia, y ella, la intolerante mandrágora, que quiso hacernos creer que lo único que quedaba era la noche, póstuma para siempre, la pobre.

