Hoy inicio una serie de entradas relativas a la casa de mi abuela. Sirva de ejercicio para hacer un poco de historia familiar, sirva como testimonio de otros tiempos.
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Todo esto ocurrió en Amanalco de Becerra, Estado de México. Mi abuela era ranchera, lo que significa que era de clase alta, mientras tanto que mi abuelo era peón, o sea de clase baja; las cursivas van porque en realidad no había mucha diferencia, acaso un poco de terrenos y un par de animales.
Mi abuela era güerita, mi abuelo moreno, se la robó a caballo cuando ella tenía acaso catorce años. En total tuvo once o doce hijos, cinco (quizás seis) niñas, seis (quizás siete) varones, todos ellos fallecieron, ya sea nonatos o sin haber cumplido más de un año. Dicen que todos fueron güeritos, incluso uno de ojos azules, que fue el que más tiempo vivió.
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Este es el camino que uno debe tomar para subir a casa de mi abuela |
Las cinco niñas sobrevivieron, hoy todavía viven todas mis tías y mi madre, la historia de cada una de ellas puede ser ejemplo de situaciones típicas de mujeres de clase media que llegaron de fuera a la Ciudad de México. Mis primos tiene caminos tan diferentes, de contadores a pequeños parias sociales, de campesinos a economistas, de técnicos a obreros. Somos una familia numerosa, no conozco a todos mis primos y no tengo ganas de hacerlo.
Mi abuelo construyó la casa con adobe, él solo, poco a poco, sin ayuda de nadie, siendo peón, sin dinero y comida luchó hasta convertirse en terrateniente; a mí, de niño me dijeron, desde lo alto de un cerro 'de aquí a donde alcanzas a ver son terrenos de tu abuelo'.
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Ya abandonada, hoy en día sigue en pie, pero se está cayendo |
Su historia es muy larga e interesante, tema para una novela, no les miento. Diré aquí que mi abuelo fue un hombre cariñoso, pero asesinó a dos hombres, la historia aún no sabe si fue su responsabilidad directa o fue engañado por un primo, así que un grupo de soldados estuvo a su acecho durante años, escapaba por un túnel de al menos doscientos metros que él mismo cavó. Dicen que estuvo dos años en las Islas Marías, luego fue un hombre serio y pobre, luego compró todos los terrenos que pudo. Cuando deliraba en su lecho de muerte lloró por sus tierras.
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El cuarto de arriba es el de mis abuelitos |
Mi abuela le sobrevivió varios años, y todavía vivió un tiempo sola en su casa hasta que enfermó gravemente y tuvo vivir sus últimos años en la Ciudad de México, lejos de sus flores, su campo, sus animales...
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Alguna vez esto fue un pequeño establo para borregas |
Nunca he ocultado que mis orígenes son indígenas, yo mismo me considero un indio todavía. Desde niño conocí este lugar, y aunque conocí a mi abuelo y lo conocí suficiente siempre pensé en este lugar como 'la casa de mi abuela'. Íbamos cada semana santa, cada fin de año, cada puente del año; puedo decir que conozco la vida de pueblo.
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Este era un granero, ahora un vecino deja su animal ahí |