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miércoles, 19 de octubre de 2011

Simon

Te quisimos porque, además de ser un gato, eras el primo de mi sobrina, así nomás porque ella dijo un día que eras su primo (o sea que yo también era tu tío). En su inocencia de dos años de vida te hizo de la familia. El papá de mi sobrina te puso el nombre: Simón.

Gato mugroso, gato ronco, gato de media vida en la calle y media en la casa. Tenías una cola esponjosita que a tu prima le daba mucha gracia, cuando tu dormías en la casa ella te veía, aplaudía y decía cosas, repetía alegremente gato, gato, gato...


Decía mi novia que tenías botitas y zapatitos, pero como los agarraste en la calle los tenías todos revueltos, ella te compró mucha comida que últimamente ya no querías comer, un día te enfermaste y empezaste a sentir mal, dormías mucho.

Un día saliste de la casa a asolearte un poco, un par de perros idiotas te mataron, vaya a saber como, sólo horas más tarde recogí tu cuerpecito, todavía caliente pero ya irremediablemente tieso.

Te enterró toda la familia, horas más tarde le dijeron a tu prima, yo no estuve, pero dicen que lloró por ti, fue su primer contacto con la muerte.

Ahora eres el novio de Busiris, que también se fue por estas fechas. Pero no te vayas muy lejos, te espero el 31 en la casa, un platito con comida caliente (como extrañamente te gustaba) te estará esperando.


viernes, 7 de octubre de 2011

La casa de mi abuela III. Abandono

Mi abuela murió en domingo, era algo esperado después de un par de meses difíciles en el hospital, yo la había visto unos días de antes, fui a decirle que no se preocupara por sus hijas, que yo iba a cuidar al menos a mi madre, le dije que la iban a estar esperando muchos perros para cruzar el río, que todos los perros que había tenido en su vida iban a estar ahí, contentos de verla de nuevo. Ella tenía esa vieja creencia prehispánica del viaje al Mictlan, sólo que el final del viaje era el Cielo.

Viajamos en la madrugada a su pueblo en cortejo fúnebre, apenas habíamos pasado Toluca una niebla espesa no nos permitía ver más allá de un metro. Llegamos cuando el sol empezaba a iluminar la tierra, yo no pude evitar llorar al pensar que mi abuela regresaba a su casa pero muerta, ella ya no podía saber que estaba ahí.

Ahorraré la narración del velorio y el entierro, sólo diré que ese día volvieron a estar todas las hermanas juntas, montón de primos y vecinos, la casa se llenó de gente y las cazuelas volvieron a usarse, aquél fogón que mató lentamente a mi abuela durante años volvió a arder con brazas fuertes, es que estábamos preparando la comida que habría de darse a los asistentes.


Para llevar a mi abuela a enterrar había que llevar su caja desde lo alto del cerro, que es donde está su casa hasta el panteón; yo cargué un extremo de su caja todo ese trayecto y es que no pude soltarla, mi abuela me había enseñado muchas cosas, no podía dejarla ir fácilmente.

Yo le regalé un par de perritos de barro para que la guiaran en su tumba, una réplica de los perritos que se encuentran en las zonas arqueológicas de Colima, fueron colocados junto a su caja, después de esto sólo la tierra la acompañó.


Saliendo del panteón nos fuimos de Amanalco de Becerra, yo no volví a regresar al pueblo hasta varios años después, y todavía más tiempo después volví a entrar a la casa de mi abuela, lo que encontré es lo que usted está viendo. Una casa abandonada, el tiempo detenido. Un frasco con café y otro con azúcar son la muestra de lo rápido que la vida cambia, lo ilusorio que son las pertenencias o las cosas.


Sobre estas líneas puede ver la cantidad de veladoras que se usaron en su velorio, algunas todavía tienen suficiente cera para arder un largo rato, pero ahí están, quietas y olvidadas, y seguramente mientras usted lee esto así mismo siguen esos vasos fríos que está viendo.


Yo vi a mis abuelos vivos sentarse en estas sillas, ahora el tiempo las ha comido, pero aún con todo parecen estar esperando a que alguien las use.


Hay una anécdota con estas sillas: cuando mi padre fue a pedir a mi madre en matrimonio se sentó en una silla recién pintada, al llegar mi abuelo mi padre se levantó para saludarlo... se le quedó la silla pegada.


Y en esta pequeña silla que ve sobre estas líneas yo me caí alguna vez siendo niño, tiré mi atole en el suelo; mi abuelo me miró con gran severidad, de haber sido yo su hijo me hubiera pegado en ese momento, pero sólo miró a mi mamá esperando que me reprendiera y aún así nada pasó. Mi abuela me sirvió otra taza de atole, pero torpe como cualquier niño volví a caerme, mi abuelo sólo exclamó entre dientes: '¡ponte charro!'


Ahí están en la pared todavía los santos de mi abuela, no sé cuánto tiempo tengan, yo recuerdo desde niño que ahí estaban.


La entrada a la casa principal, todavía con sus cruces de palma, con sus bendiciones perennes, luchando contra el tiempo, contra el olvido.

De estas fotos ya hace un par de años, desconozco como está la casa hoy, según sé ha empezado a caerse y está llena de murciélagos, la vida sigue y sigue.



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La casa de mi abuela II. Agua y fuego
La casa de mi abuela III. Abandono
La casa de mi abuela IV. Renacimiento


lunes, 19 de septiembre de 2011

La casa de mi abuela II. Agua y fuego

La casa de mi abuela estaba en lo alto de un cerro en la comunidad de San Miguel Tenextepec, en el Estado de México, por lo cual durante muchos años no tuvo agua corriente, hasta que metieron el agua, lo que significaba que una simple manguera de poliducto negro llegaba a lo alto del cerro, cuando esto sucedió mi abuela mandó a hacer la pileta que usted ve bajo estas líneas.


Esta pileta era de adobe con un recubrimiento interno de concreto, al lado está el rústico lavadero que sería lo mismo para lavar ropa que para los trastes. Ahí es dónde recibí el único auténtico susto y vivencia paranormal en estado consciente de mi vida, algún día hablaré de eso.


¿Qué hay que ver sobre estas líneas? Es el fogón en dónde cocinaba mi abuela, todavía años después de haber muerto aún se encontraba en ese estado. Ahí en el palo grueso que se ve en mitad superior de la fotografía mi abuelo se sentaba, ese era su lugar, y a su lado siempre había un gato, siempre, calentándose con el calor del fogón, a veces se quemaba sus pelambres por haberse quedado dormidos.


Mi abuela hacía elotes y chayotes en la ceniza del fogón, sólo había que enterrarlos y durante un día se cocinaban lentamente, ella pasaba mucho tiempo encerrada en esa cocina, hasta que sus pulmones quedaron como las vigas del techo de su casa, sí, así como usted puede verlas arriba de estas líneas. Ella murió de EPOC, una enfermedad que comúnmente le da a los fumadores (tanto pasivos como activos).

Si tu fumas probablemente así tengas los pulmones, pero bah, eso no te impresiona, es lo mismo que ves es las cajetillas de cigarro, quizás lo reconsideres cuando tengan que abrirte el cuello para que puedas comer por ahí.



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La casa de mi abuela II. Agua y fuego
La casa de mi abuela III. Abandono
La casa de mi abuela IV. Renacimiento


lunes, 12 de septiembre de 2011

La casa de mi abuela I. De adobe en medio de un cerro

Hoy inicio una serie de entradas relativas a la casa de mi abuela. Sirva de ejercicio para hacer un poco de historia familiar, sirva como testimonio de otros tiempos.
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Todo esto ocurrió en Amanalco de Becerra, Estado de México. Mi abuela era ranchera, lo que significa que era de clase alta, mientras tanto que mi abuelo era peón, o sea de clase baja; las cursivas van porque en realidad no había mucha diferencia, acaso un poco de terrenos y un par de animales.

Mi abuela era güerita, mi abuelo moreno, se la robó a caballo cuando ella tenía acaso catorce años. En total tuvo once o doce hijos, cinco (quizás seis) niñas, seis (quizás siete) varones, todos ellos fallecieron, ya sea nonatos o sin haber cumplido más de un año. Dicen que todos fueron güeritos, incluso uno de ojos azules, que fue el que más tiempo vivió.

Este es el camino que uno debe tomar para subir a casa de mi abuela

Las cinco niñas sobrevivieron, hoy todavía viven todas mis tías y mi madre, la historia de cada una de ellas puede ser ejemplo de situaciones típicas de mujeres de clase media que llegaron de fuera a la Ciudad de México. Mis primos tiene caminos tan diferentes, de contadores a pequeños parias sociales, de campesinos a economistas, de técnicos a obreros. Somos una familia numerosa, no conozco a todos mis primos y no tengo ganas de hacerlo.

Mi abuelo construyó la casa con adobe, él solo, poco a poco, sin ayuda de nadie, siendo peón, sin dinero y comida luchó hasta convertirse en terrateniente; a mí, de niño me dijeron, desde lo alto de un cerro 'de aquí a donde alcanzas a ver son terrenos de tu abuelo'.

Ya abandonada, hoy en día sigue en pie, pero se está cayendo

Su historia es muy larga e interesante, tema para una novela, no les miento. Diré aquí que mi abuelo fue un hombre cariñoso, pero asesinó a dos hombres, la historia aún no sabe si fue su responsabilidad directa o fue engañado por un primo, así que un grupo de soldados estuvo a su acecho durante años, escapaba por un túnel de al menos doscientos metros que él mismo cavó. Dicen que estuvo dos años en las Islas Marías, luego fue un hombre serio y pobre, luego compró todos los terrenos que pudo. Cuando deliraba en su lecho de muerte lloró por sus tierras.

El cuarto de arriba es el de mis abuelitos

Mi abuela le sobrevivió varios años, y todavía vivió un tiempo sola en su casa hasta que enfermó gravemente y tuvo vivir sus últimos años en la Ciudad de México, lejos de sus flores, su campo, sus animales...

Alguna vez esto fue un pequeño establo para borregas

Nunca he ocultado que mis orígenes son indígenas, yo mismo me considero un indio todavía. Desde niño conocí este lugar, y aunque conocí a mi abuelo y lo conocí suficiente siempre pensé en este lugar como 'la casa de mi abuela'. Íbamos cada semana santa, cada fin de año, cada puente del año; puedo decir que conozco la vida de pueblo.

Este era un granero, ahora un vecino deja su animal ahí

Cuando mi abuela murió la velamos en el granero que se ve arriba de esta líneas, luego de eso cerramos la casa, ahí se quedó, abandonada. Muchos años después regresé y tomé estas fotos, si no me equivoco tendrán ya dos años. Ahora la casa está en una estúpida pelea para venderla o conservarla, esas peleas de inmuebles que separan a una familia.


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La casa de mi abuela II. Agua y fuego
La casa de mi abuela III. Abandono
La casa de mi abuela IV. Renacimiento

martes, 14 de septiembre de 2010

Busiris

1999-2009

Hija, Busiris, Busiringa, Nena, Princesa, Chaparrita, Caballito, Perrito, Gatosa, Gatopardo, Gatonejo, Conejo de la variedad cola larga-orejas cortas, Gatochan, Pardachan, Nekochan, Nekora, A titi mati coco...



Todavía te extrañamos mucho, mucho...

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