sábado, 29 de marzo de 2008

Soy BUDISTA no skinhead: explicación

Este es mi post de retorno, aunque siempre digo que ahora si ya voy volver la vida se obsesiona con ponerme piedritas en el camino, y para ser franco no andaba con muchas ganas de escribir, pero puse esto en mi hi5, y luego vi que también sería bueno traerlo para acá, y pues aquí está!

No sé si vayan a llegar los que antes venían, pero si se que tengo visitas por el Foro de Transformers Hispanos, un lugar maravilloso, que de momento anda menso, digo, tenso, pero ya vendrán buenos tiempo otra vez. Ahora si, el tema:


Cuando era profesor adjunto, en una de las tantas clases que dí (ya que el profesor siempre llegaba tarde y a veces se iba), mientras los alumnos hacían un ejercicio estadístico, uno de ellos me llamó, y dijo en voz queda:
-¿puedo hacerte una pregunta personal?
y le dije: -claro!
-¿eres Skinhead o por qué tienes el cabello rapado?
-Ah, eso, lo tengo rapado porque soy Budista
Y ahí quedó el asunto, pero recién me enteré por ahí que alguien dijo que yo era skinhead, y esa suposición la hizo con base en ver una sola vez, ese día usaba Doctors Marteens verdes, las cuales combinaban con todo mi atuendo verde. Eso y un poco de celos (?) hicieron el resto.

Para mi el cabello ha sido un tema algo presente en mi vida, y es que si lo traigo de un tamaño normal resulta que es muy feo, pues se acomoda como el de Benito Juárez, además tengo cuatro o cinco remolinos en la cabeza y eso hace que tenga que usar cantidades industriales de gel para cabello.
Así que en 1999, debido a una fuerte enfermedad respiratoria que me impedía incluso bañarme, sopena de una ataque cuasi-asmático, lo dejé crecer pues no podía salir ni a la peluquería. Tres meses bastaron para que creciera un poco, hasta que lo pude agarrar por detrás con una liga. Y así es como lo tuve cerca de dos años, hasta la mitad de la espalda; debo decir, no sin modestia, que era hermoso, muy sedoso y delgado. Pero así no iba a conseguir trabajo, y me lo corté, luego volví al feo estilo de Juárez, hasta que más adelante trabajando en el Parnaso de Coyoacán lo volví a dejar largo, no tanto como la vez pasada pero si lo suficiente.
En esos años trataba de reconstruirme, andaba como hueco, viviendo un infierno, hasta que me topé con el budismo, entonces leyendo, creciendo, instruyéndome decidí hacer un viaje iniciático, uno que me diera la libertad anhelada.
Viajé a Monte Albán, en Oaxaca me despedí de mis demonios, luego me dirigí a Palenque, ahí fue entrar a la boca del Mictlan, un rito de paso, ahí me corté y rapé el cabello, dejándo todo, liberándome.
Terminé en Chichén Itzá, ese fué el corolario, de ahí pa´lante todo es diferente en mi, algunos amigos lo pueden atestiguar, en tanto esto es solo literatura.
Y ya, eso es todo en cuanto a mi cabello, tenerlo rapado es muy cómodo, al bañarme no tengo que peinarme, pero tengo que usar bloqueador solar.
Pero el punto de que un budista se corte el cabello significa que prescinde de todas las cosas materiales, por eso no necesita una identidad, una apariencia; y aunque yo no haya logrado prescindir de todas las cosas traer el caballo rapado refrenda mi compromiso conmigo mismo, y aunque en el budismo zen no sea necesario observar esta regla ha sido mi decisión seguirla.

Aqui cuando lo tenía largo

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Dos Post Dos

He abandonado tanto este blog que ya casi ni lo reconozco…, para lavar mi culpa he aquí dos posts (aunque con este serían tres, pero es una simple nota, es de chocolate, pues), así que los dos post abajo son nuevos y fresquitos.
Señores y señoras: dejen un rato el mouse, crucen los brazos o acomódenlos como mejor les venga en gana, entréguense a un momento de sana diversión y ameno esparcimiento.
¡Pero antes permítanme felicitarlos y desearles un excelente año 2008!
(con especial antención a Bandala, Esponjita, The Phoenix, Francisco y Tomodachi)

La familia en Navidad

Pasé la navidad en casa de la familia de mi pioresnada. Miedo, angustia, pesar, terror…, exagero en realidad, pero algo hubo de ello, aunque debo confesar a que se debe mi zozobra: a la comparación. Omitamos la discusión acerca de lo odiosas que son las comparaciones y sigamos adelante. La familia de mi ex era muy especial, el aire se cargaba de mucha tensión e ineludiblemente terminaba explotando la situación, pero a la hora de la cena todo era paz y buena voluntad. Al otro día había que comenzar la limpieza general para recibir el año nuevo, y vaya que participaba, ya que era prácticamente un miembro de la familia, lo cual significaba tener derecho a los regaños y reprimendas.

Cuando todo terminó con aquella mujer también fue difícil separarme de la familia, la extrañaba mucho, sobre todo a su pequeño hermano y al guacamole que hacía su madre.

Con la familia de mi compañera actual no me he involucrado, y dios me salve si ella lee esto, pero debo confesar que en parte ha sido por miedo, y no es que tema a su familia, en realidad me parece deliciosa, encantadora y exótica.

¿Qué trato de decir? Las experiencias previas nos marcan, pero esto no es el hilo negro o el agua tibia, simplemente que hoy percibo eso en mi vida.

Hoy soy más reservado con mi nueva otra familia, pero en algunos casos soy más audaz, pero ni así bajo las defensas, siempre cabe esperar que todo se derrumbe como una montaña de azúcar demasiado alta.

Feliz navidad…

Momento presente

El sábado 22 de diciembre de 2006 se presentó en el Bulldog Café Café Tacvba (je). La espera fue larga, muy larga, ya que abrieron el lugar a las nueve de la noche pero el concierto empezó a las once y media y terminó cerca de las tres de la mañana. Enumerar o exponer mis impresiones me resulta vano, pero en cambio tengo una observación que hacer.

Como ya dije la espera fue larga, así que al aparecer el grupo en el escenario la expectación era mucha, así como la gente que llenó el lugar ya, que estábamos tan sutilmente acomodados que un vagón del metro a las seis de la tarde parecía un lujo. De pronto la multitud se ladeó, es decir, el horizonte, erizado con las cabezas de los asistentes, se inclinó un poco. ¿Qué pasaba?, algo sencillo: la gente sacaba de sus bolsillos sus celulares y cámaras digitales.



Y ahí estaban, a menos de ocho diez metros de cualquiera, tan cerca, tan nítidos, todo era tan íntimo, ¿y qué prefirió la gente? Verlos a través de sus pantallitas plásticas, pixeleados, como en un videito de youtube.

¿Pero que estoy tratando de decir? Permítanmelo ilustrar con otra anécdota. Cuando dejé de trabajar en la librería El Parnaso, después de casi tres años, decidí salir a conocer el sureste, era un viaje de iniciación, pero coincidió con la agonía de mi abuela, y aún así, o por eso mismo, decidí ir; sería un viaje para prepararme a recibir la muerte. Una de las cosas que hice fue no llevarme una cámara fotográfica, en cambio me dediqué a dibujar algunas zonas arqueológicas, algunos detalles arquitectónicos, así me alenté a estar más atento, a estar presente en cada momento de mi viaje, a no delegar la responsabilidad a un aparato.

Concluyo y redondeo: Me gusta viajar y visitar museos, ahora recuerdo la exposición de Julio Ruelas en el MUNAL, o la exposición de Persia en el Museo de Antropología; en las dos ocasiones vi a mucha gente tomando fotos maquinalmente, ponían entre la pieza o el cuadro su maquinita y clic, ya lo tenían, ya tendrían tiempo después de ver el lugar en el que habían estado presentes…

Sólo una frase: momento presente, momento maravilloso. No diré mas, eso sería sermonear inútilmente, y como ya dije por ahí: “quien entienda estas palabras que escuche, quien no las entienda que me explique”.


domingo, 18 de noviembre de 2007

Esto es lo que hice en Noviembre

He aqui lo acaecido el dos de noviembre en la gran Tenochtitlan, el Festival Mictiuh sigue en pie a pesar de los pesares, aunque ahora se convierte en Proyecto Cultural.
Huelga decir que el del video soy yo, el Señor Chiquito.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Autofagia

A María, que no lee este blog, nunca.

He visto tremendas cosas, y son tremendas porque no he visto nada en realidad. A veces la realidad puede ser tan plana, tan llana y lisa, sin un solo asidero que nos de sustancia real. Puede existir el sexo, el arte, la música e inclusive el amor, pero el ser humano tiene que enfrentarse al término de los ciclos, tiene que saber que no hay nada que sea un verdadero asidero, no existe nada que lo haga sostenerse en la realidad, porque por principio de cuentas la realidad es un fenómeno que esta en la mente, dicho de otro modo, la realidad no existe, es una mera interpretación.
Pero por estas mismas palabras se han vertido otras miles, ya sea para apoyar, dilucidar, o de plano, negar el hecho. Y podemos construir ciudades y desarrollar toda una civilización con base en estas ideas, pero más allá de las discusiones, más allá de estas líneas, y de estas grafías, la realidad está ahí, frente a ti, saliendo en forma de luz por la superficie de tu pantalla; está ahí, en los dobleces de tu ropa, y en la saliva que da vueltas en tu boca. Pero eso también lo sabemos.
En realidad se trata de repetir clichés, de creer en los gurús; parecería que se trata de cerrar los ojos y de no esforzarse ante el hecho, entonces el ser humano se hace ovillo alrededor de eso que no entiende, lo erige en un problema, se enamora de él, le da vueltas, le huele, y poco a poco se simbiotizan. La gente no sabe ser feliz, eso es un hecho ineluctable, por supuesto esto es una abstracción demasiado general, pero es un hecho, no hay nadie que sea feliz, es como buscar un puñado limpio de semillas de mostaza.
¿Entonces dónde se tiende el puente?, ¿por qué si sabemos que esto no es real nos ha de afectar tanto?, quizás porque después de todo es real. Pero pensando a largo plazo, en ese largo plazo que decía Keynes, es decir, en la muerte, todo adquiere un tinte de chapuza, de chiste mal contado. En mi muerte nada de esto importará, no importará mi duda, ni mis amores, ni mis posesiones; no importará nada.
Me daré que cuenta que en realidad nunca tuve nada importante, que no había que llorar tanto por los muertos, que no había que pelear tanto con la pareja, que en realidad no era necesario comprar tantas cosas.
Solo importará haber sido conscientes de mis muertos cuando estuvieron vivos, haber sido consciente de mi amada, haber sido consciente de la significación de mis posesiones. Si, cualquiera que diga que empiezo a comerme a mi mismo está en lo correcto, se llama autofagia. Moebius habría estado muy orgulloso de que utilizara su anillo, de que comenzara a darle vueltas al asunto sin llegar a nada.
Aunque al final puede que sirva de consuelo.

domingo, 7 de octubre de 2007

El Señor Chiquito contra los filósofos presocráticos, postsocráticos y todos los demás también.



Advertencia. Este post es inusualmente largo para un señor tan
chiquito como yo, además está escrito en un tono paródico.

Hace mucho tiempo, cuando tenía dieciséis años, operó un cambio prodigioso en mí; digo yo, que nací, desperté a otro mundo. Pero no se aterren, no describiré ese cambio, eso es tarea de mis biógrafos. Finalmente, sin saber a ciencia cierta cómo, devine en gurú vía Platón; era yo un niño, un pequeño abusando de la mayéutica. Aprendí tan bien el truquito que venían jóvenes desde otros grupos para verse enfrentados a una serie de preguntas denunciatorias, aclaradoras, arrolladoras. Simple alquimia de secundaria.
Esos fueron los primeros años, con mucho Platón; recuerdo particularmente como me resolví a amar profundamente a una mujer gracias a él, las consecuencias de esto fueron funestas y aún hoy día he llegado a lamentarlas.
Después hubo un periodo en el que me formé, orgullosamente, como todo un sofista, leí a el Cratilo, Ciceron, el Grupo M: y rematé con Helena Beristaín, no había tema ajeno para mi, siempre podía expresar algo, con coherencia y tino portentoso, pero al fin, un simple sofista.
Así estuve hasta los dieciocho años, momento en el que me encontré con Rayuela de Julio Cortazar, la hecatombe mental fue evidente. Hasta hoy día, cada que abro el libro me salta un argumento como si se tratara de un conejo feroz, para mi el libro sigue vivo.
Luego me resentí con la filosofía por aquel viejo adagio del facta non verba, y yo realmente no encontraba mucha acción en la filosofía, para ese entonces yo estaba medio amargado, fueron esos años cuando conocí a Livi, a ella le debo el nick señor chiquito dado, precisamente, por la actitud prematuramente apesadumbrada, escéptica y descalificadora a cuanto tema se osara a parar frente a mi.
En el CCH pude escoger la materia de Filosofía pero en su lugar lleve Griego (más sofistas) y renuncié a las disquisiciones sobre lo que es real; esos fueron los años del Castenidismo, llevado a lugares impensables, nunca comí peyote pero ni falta que me hizo, mis ensoñaciones me produjeron traumas que aún hoy día me hacen temblar el ojo de vez en vez; claro que Castaneda es absolutamente criticable, pero no habrá de negarse que los primeros libros son un sabroso tutti fruti de filosofías orientales y esas cosas liberadoras.
A luego entonces yo rompí definitivamente con Sofía y sus cuates, incluso recuerdo la mirada reprobatoria con la que enjuicié a Livi cuando me hizo participe de su decisión académica, ella sería toda un seria filosofa.
Después la vida me llevo a un vorágine de cosas que me obligaron reestructurar el mundo mío, de ello escribí algunas cosas, las cuales, hoy cito, esto corresponde de mis 23 a mis 24 años. A saber:

“Tengo el derecho universal de escribir esto que siento. No tengo que respetar filosofías establecidas. Mi derecho nace simplemente porque existo y tengo la posibilidad de pensar mi existencia, y la del mundo en la que vivo. Yo no tengo miedo de contradecir a Platones o Aristóteles. Soy un humano con conciencia que piensa su propio momento.”

“Yo no leo filosofía, yo la hago; inocentemente, pero la hago, sin grandes escuelas o grandes maestros que no llevan más que a repetir la gran, la enorme burrada en la que nos hemos metido. Sólo se que sería horrible que el ser humano no diera más, sería triste que no fuera más allá de donde estamos; ya ven que en Europa en el siglo XVI creían que estábamos sobre dos tortugas enormes y nada más, y resulta que…, bueno ya lo saben. Dudemos, indaguemos todo. No cierres los ojos ni ante la paleta de caramelo que chupas, ni ante la correa de tus zapatos, ni ante las notas de la música; detrás de todo esto una gran espíritu humano, todo tiene sentido. Pero mucho menos cierres los ojos a la injusticia, a la explotación de las clases, a la cordura de la lucha, a las necesidades de la humanidad. Si ves más allá de esto, serás capaz de ver la tragedia, la lucha diaria, la obligación de conquistar la conciencia humana.”

Ergo, un día, en una fiesta en la casa de Livi, conocí al hombre que compartía departamento con Pavel, el alcohol y otras circunstancias me impiden recordar su nombre, el caso es que me pregunta a quemarropa: “¿Por qué tiene usted esa actitud tan docta?”, yo lo pensé unos segundos y la cerveza empujó las siguientes palabras: “Digamos que soy un ser que sabe muchas cosas e ignora muchas mas” Pero mi respuesta solo escondía una cosa: mi absoluta incapacidad para entender lo que se estaba discutiendo, ni siquiera una vaga referencia me esclarecía el asunto, las explosiones de risas eran absolutamente injustificadas, mi respuesta era una mera defensa. A esas alturas la filosofía me parecía pura calistenia pura, puro ejercicio mental, una mera chaqueta, pues. Sin embargo no dejaba de pasar por mi mejilla un suave guante blanco cada que intentaba entender algo.
Luego me volví budista, pero eso también será tarea de mis biógrafos. Ahora empieza la conclusión.
Efectivamente, se muchas cosas, bobas e insignificantes tal vez, por ejemplo ¿a quién le interesa saber los nombres de los huesos del Tricetops Harckeri?, ¿o haberse leído los ocho clásicos de la literatura japonesa?, ¿conocer el contexto sociológico de la cacería mutante en la saga de los X-Men?, ¿identificar piezas arqueológicas a simple vista y ubicarles geográfica y temporalmente?
Basta, no seguiré este ridículo catalogo carente de modestia. La pregunta final es ¿de qué me sirve saber si no siento que al paso de los años sea yo diferente, no se, más feliz o algo así?
Creo que no debí darle la espalda a la filosofía, no se que tiene que ver la gimnasia con la magnesia pero hay algo que me llama, que me dice que por ahí anda el topo.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Corte Zen

Oh si, vuelve la tremenda depresión que tuve hace años, en esencia no es la misma, pero si aparenta tener la misma fuerza. Pero los años no han pasado en balde, hoy la tomo de otra manera, la interpreto de otro modo; dicho en otras palabras no me dejo deslumbrar por su pesadez, por su espesura.
Pasé una semana miserable, terrible, de agotamiento infinito por la inactividad. Eso constituye mi depresión, eso le da forma, aliento y alimento.
Ayer me levanté, decidí terminar este breve episodio de mi vida, reconocí en el espejo el hombre que dije que sería; entonces me bañé. Pero antes volví a rasurarme la cabeza. Habrán de saber, escasos, pero preciosos lectores, que hace poco mas de un par de años elegí la vía del Budismo Zen para liberarme, ¿de qué?, de nada y de todo, o como reza uno de los encabezados de este blog: ¿Qué es lo vacío que hay que llenar, qué es lo lleno que hay que vaciar?
Utilizo una maquina de cortar cabello cada vez que quiero reducirlo, esto es cada semana. Siempre lo hago frente al lavabo del baño, pero para que los cabellitos no tapen el desagüe pongo un periódico y ahí cae todo lo que sobra.
En mi casa leemos La Jornada, pero solo compramos la edición del domingo; yo siempre utilizo las páginas centrales para este proceso, así que cuando las tomé y las extendí sobre el lavabo pude ver que traían poesía. Ese fue un pequeño despertar de mi depresión, ahí, mientras mantenía la cabeza agachada y la maquina zumbaba lentamente sobre mi cráneo yo leía unos pocos versos de aquí, unos pocos de allá, así formé un poema que devino en oración. Al final, recogí todo y lo tire al tacho de basura.
Hoy estoy mas tranquilo.

P.D. Esperen, queridos lectores, el próximo post que se titulará: “El Señor Chiquito contra los Filósofos Presocráticos, Postsocráticos y todos los demás también” o “De porque me pelié con la filosofía y como eso arruinó mi vida”.

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