lunes, 31 de agosto de 2026

¿Quién me lee?



En "El Diablo viste a la moda 2" cuando Andy, la protagonista, cuando conoce al que será su interés amoroso, ella le dice que es escritora y en su segundo encuentro él comenta que ya leyó varios artículos suyos. Ella se muestra sorprendida, entre adulada e incrédula.

A pesar de que mi trabajo no es la escritura me identifiqué con esa reacción, porque casi nadie de mis conocidos me lee, incluyendo mis relaciones más cercanas. En algunas ocasiones he tenido que insistir discretamente para que alguno me leyera, sobre todo cuando ese texto había sido influenciado o escrito pensado en esa persona y a veces ni así recibía alguna retroalimentación.

Entre los blogs y Twitter mucha gente dio rienda suelta a su escritura, y más de uno logró dar el salto al formato impreso, tanto en antologías, como en títulos propios. Por supuesto hablo de un tiempo mucho más antiguo, uno donde la tecnología generativa no asomaba su tufo en cada nota periodística o publicación de internet.

Luego estamos los que logramos captar la atención por un momento, pero al tener que sostener nuestras vidas asalariadas tuvimos que abandonar la escritura, o posponerla tanto que nunca llegamos a generar una base sólida de lectores o encontrar nuestro tema o espíritu literario y la cosa devino en diario personal y mejor buscamos algo más para entretenernos.

Porque, ¿quién va a tener tiempo o ganas para leer algo? No lo digo por hoy, donde un reel o tiktok apenas mantiene nuestra atención por más de cinco segundos, sino desde hace diez años cuando uno no tenía tiempo de leer las inocentadas cursis de un tipo de entonces treinta años para decir que pensó en ti y eso le llevo a escribir algo. Ganarse la vida o sostener la existencia es una tarea titánica que nos merma toda la energía que podríamos disponer, o al menos así nos lo han hecho creer.

Cuando logramos desconectarnos de la matrix, apenas toleramos la convivencia de con quién nos tocó vivir y migramos, ahí sí con voluntad, a alguna pantalla para mirar otra cosa que no sea nuestra miseria, para recibir un poco de validación externa o cualquiera de esas cosas con que nos mentimos para evitar materializar nuestros pensamientos.

A mi me hubiera gustado tener lectores, lectores fieles, o de menos que la gente que me conoce me dijera algo. No voy a ser ingenuo pensando otra cosa, si nunca me dijeron nada es porque les pareció aburrido o de plano no les gustó. También tengo que reconocer que no he sabido articular lo que tengo que decir sobre esta vida, pero me consuelo pensando que eso aún está en proceso y quizá en algún momento del futuro sepa escribir esa obra que tengo en forma de sentimiento dentro de mí.

Hace poco, buscando una cosa en mi blog, encontré viejos comentarios en algunas entradas, o sea que sí hubo un tiempo en que me leían. Incluso una de mis lectoras es ahora una reconocida intelectual del régimen actual, también mis parejas me leyeron en algún momento, aunque luego abandonaron tal actividad.

También hubo un tiempo en que nadie me leía, pero igualmente seguí escribiendo, aunque después me sentí muy sólo y abandoné toda actividad por completo. Fueron casi dos años en que me borré de la existencia y eso terminó costándome mucho más de lo que habría imaginado.

Viendo los videos de los terribles sismos de Venezuela y Colombia encontré varios en donde la gente levantó su celular para grabar la tragedia, y no, no voy a ser un viejo rancio quejándome de esto, al contrario. Me pregunté que los llevó a hacer eso y entendí que fue una forma de atestiguar su vida, de decir yo viví esto, así pasó, para que si un día ven lo grabado puedan contar lo que sintieron y así dejar libres las palabras mostrando ese video mal enfocado y borroso.

Por eso decidí que voy a seguir escribiendo y publicando aquí, aunque mis amores y amigos no me lean, aunque solamente los robots calamares de la Matrix entren a robarse estas letras para entrenar esa máquina que pronóstica palabras y dice ser tecnología generativa. Pero no voy a mentir, quisiera algún día ver un libro impreso con mi nombre y aunque hay algunas vagas antología universitarias con un par de cuentos míos quisiera poner un tomo propio en la biblioteca. Aunque sólo para atestiguar y decir: yo hice esto y ni así me leen.

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