martes, 1 de septiembre de 2026
Sonia I
lunes, 31 de agosto de 2026
¿Quién me lee?
En "El Diablo viste a la moda 2" cuando Andy, la protagonista, conoce al que será su interés amoroso, ella le dice que es escritora y en su segundo encuentro él comenta que ya leyó varios artículos suyos. Ella se muestra sorprendida, entre adulada e incrédula.
A pesar de que mi trabajo no es la escritura me identifiqué con esa reacción, porque casi nadie de mis conocidos me lee, incluyendo mis relaciones más cercanas. En algunas ocasiones he tenido que insistir discretamente para que alguno me leyera, sobre todo cuando ese texto había sido influenciado o escrito pensado en esa persona y a veces ni así recibía alguna retroalimentación.
Entre los blogs y Twitter mucha gente dio rienda suelta a su escritura, y más de uno logró dar el salto al formato impreso, tanto en antologías, como en títulos propios. Por supuesto hablo de un tiempo mucho más antiguo, uno donde la tecnología generativa no asomaba su tufo en cada nota periodística o publicación de internet.
Luego estamos los que logramos captar la atención por un momento, pero al tener que sostener nuestras vidas asalariadas tuvimos que abandonar la escritura, o posponerla tanto que nunca llegamos a generar una base sólida de lectores o encontrar nuestro tema o espíritu literario y la cosa devino en diario personal y mejor buscamos algo más para entretenernos.
Porque, ¿quién va a tener tiempo o ganas para leer algo? No lo digo por hoy, donde un reel o tiktok apenas mantiene nuestra atención por más de cinco segundos, sino desde hace diez años cuando uno no tenía tiempo de leer las inocentadas cursis de un tipo de entonces treinta años para decir que pensó en ti y eso le llevo a escribir algo. Ganarse la vida o sostener la existencia es una tarea titánica que nos merma toda la energía que podríamos disponer, o al menos así nos lo han hecho creer.
Cuando logramos desconectarnos de la matrix, apenas toleramos la convivencia de con quién nos tocó vivir y migramos, ahí sí con voluntad, a alguna pantalla para mirar otra cosa que no sea nuestra miseria, para recibir un poco de validación externa o cualquiera de esas cosas con que nos mentimos para evitar materializar nuestros pensamientos.
A mi me hubiera gustado tener lectores, lectores fieles, o de menos que la gente que me conoce me dijera algo. No voy a ser ingenuo pensando otra cosa, si nunca me dijeron nada es porque les pareció aburrido o de plano no les gustó. También tengo que reconocer que no he sabido articular lo que tengo que decir sobre esta vida, pero me consuelo pensando que eso aún está en proceso y quizá en algún momento del futuro sepa escribir esa obra que tengo en forma de sentimiento dentro de mí.
Hace poco, buscando una cosa en mi blog, encontré viejos comentarios en algunas entradas, o sea que sí hubo un tiempo en que me leían. Incluso una de mis lectoras es ahora una reconocida intelectual del régimen actual, también mis parejas me leyeron en algún momento, aunque luego abandonaron tal actividad.
También hubo un tiempo en que nadie me leía, pero igualmente seguí escribiendo, aunque después me sentí muy sólo y abandoné toda actividad por completo. Fueron casi dos años en que me borré de la existencia y eso terminó costándome mucho más de lo que habría imaginado.
Viendo los videos de los terribles sismos de Venezuela y Colombia encontré varios en donde la gente levantó su celular para grabar la tragedia, y no, no voy a ser un viejo rancio quejándome de esto, al contrario. Me pregunté que los llevó a hacer eso y entendí que fue una forma de atestiguar su vida, de decir yo viví esto, así pasó, para que si un día ven lo grabado puedan contar lo que sintieron y así dejar libres las palabras mostrando ese video mal enfocado y borroso.Por eso decidí que voy a seguir escribiendo y publicando aquí, aunque mis amores y amigos no me lean, aunque solamente los robots calamares de la Matrix entren a robarse estas letras para entrenar esa máquina que pronóstica palabras y dice ser tecnología generativa. Pero no voy a mentir, quisiera algún día ver un libro impreso con mi nombre y aunque hay algunas vagas antología universitarias con un par de cuentos míos quisiera poner un tomo propio en la biblioteca. Aunque sólo para atestiguar y decir: yo hice esto y ni así me leen.
miércoles, 5 de noviembre de 2025
Yo ya no juego
Hace unos días me contaron un anécdota de mi vida pasada que había olvidado por completo. Conforme avanzó la historia fueron dibujándose algunos bordes, y luego en sordina vi un grupo de sentimientos y entonces me acordé de casi todo.
Me reencontré con una callada furia o un despecho, no sé bien que nombre ponerle. Ese capítulo comenzó con la canción "sin tu latido" y aunque podrían sospechar que se trata de un pasaje romántico nada está más lejos de eso.
Escribo esto porque puse la canción y me conecté con el sentimiento de nuevo. Lo que pasó aquella vez me hizo pensar que una de mis maneras de enfrentar las cosas es renunciando a ellas, a veces prefiero evadir la confrontación para evitar quedar lastimado.
Ahora que convivo con mi descendencia estoy aprendiendo que muchas de estas maneras de posicionaros frente a las cosas que nos pasan las aprendemos en la primer infancia. ¿No es esto apabullante? Casi puedo reconocer desde donde viene esto que pasó, casi puedo ver el momento en que creció esa defensa.
"Yo ya no juego". Así se podría resumir. ¿Cuántas veces elegí no jugar, no participar por miedo al enfrentamiento? Fueron varias ocasiones, no todas malas, incluso ahora que lo pienso renegué de varios besos por esta razón.
Me veo en este momento como un pequeñito al que fueron asustando hasta que prefirió dejar de asomarse a la ventana. No para todo, claro, también han sido múltiples las ocasiones en que me enfrento deliberadamente, de frente y sin sombra alguna de miedo.
No quiero dejar la impresión incorrecta, no soy un cobarde, sólo estoy resintiendo algunas de las ocasiones en que dejé pasar un beso, una palabra o un acompañamiento. Sin embargo aún creo con plena seguridad que a veces el mejor enfrentamiento es el no-enfrentamiento.
Por supuesto la vida es, entre otras cosas, la constante búsqueda de un equilibrio, y cómo no somos videntes es imposible saber cuando es el momento correcto para pararse de frente hasta las últimas consecuencias y cuando es mejor dejar pasar, incluso sin voltear a ver.
Durante años he evitado el enfrentamiento para no quedar herido, y resultó una falacia, porque a la postre, siento el "requemor de no haber sido", y creo que sangra igualmente, quizá no a borbotones, pero igual duele a ratos.
lunes, 28 de abril de 2025
domingo, 3 de diciembre de 2023
43 y contando.
El sentido de la vida, el universo y todo lo demás
martes, 1 de marzo de 2022
Se me acabó la fuerza de mi mano izquierda
martes, 2 de octubre de 2018
El 68 en el 99.
Iniciamos la huelga en abril y las autoridades no cedían ni un ápice, mientras, los meses se fueron acumulando, y en algún momento intuimos que su apuesta era al desgaste. Recuerdo que un día, en medio de una de las maratónicas asambleas, pensé que quizá siguiéramos en huelga para octubre, imaginé como podrían unirse ambos movimientos y qué podría resultar de esto; pero luego pensé que no estaríamos así durante casi seis meses.
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| Imagen tomada del blog Tierra y Libertad. |
Se votó en un asamblea realizada en el auditorio Che Guevara/Justo Sierra, no recuerdo exactamente cual plantel, pero sí se una preparatoria estuvo a cargo de la reunión, lo que significaba, entre otras cosas, llevar la mesa y elaborar los votos. Los votos eran hechos a mano y cada asamblea se cambiaba, esto porque al principio del movimiento existían votos oficiales, pero se extraviaron, o hubo rumores de que algunos fueron robados para impedir la votación de determinada escuela. Entonces cada escuela hacía los votos para la asamblea siguiente, totalmente artesanales, adornados con colores, tela y pintados, montados casi siempre en cartón. Los votos para esa asamblea fueron muy sencillos, pintados apenas en platos redondos de cartón desechable.
Yo estuve ahí, ya era muy de noche, quizá de madrugada (las asambleas empezaban por la tarde y terminaban casi al amanecer). Cuando finalmente se votó por la ruta de la marcha hubo platos de comida que se colaron como votos. Y es que como las asambleas eran infinitas se preparaba comida (una comida horrible, hecha por compañeras -porque claro, las mujeres eran las que cocinaban, ya ven que los movimientos sociales no están exentos de machismo-, y se servía en lo que hubiera a mano, casi siempre cosas producto de donaciones. Esa noche la cena se sirvió en platos desechables de cartón.
La marcha empezó casi una hora después de la hora propuesta (como suele ocurrir), y a diferencia de otras, el paso fue muy apretado, no tengo el dato de cuántos fuimos (pero muchos, muchos más de los que cuenta la policía), pero éramos miles de estudiantes, maestros y trabajadores de la UNAM caminando muy rápido. Recuerdo que en algún punto alguien aventó un huevo y lastimó a un compañero en el ojo y por esto paramos varios minutos.
#BoletínUNAM La UNAM conmemora el 50 aniversario del movimiento estudiantil de 1968, con una instalación lumínica en la Torre de Rectoría > https://t.co/vokqIC1CNS pic.twitter.com/2xC2BRRA1F— UNAM (@UNAM_MX) 2 de octubre de 2018
Por supuesto el clima social en aquellos años era distinto al de ahora. Las autoridades universitarias tomaron distancia del 68, argumentaron prudencia y trataron de deslizar que nosotros nos eramos como los buenos muchachos de esa generación masacrada; incluso hubo una marcha de los llamados antiparistas (constituida de gente cercana a la rectoría). Otras cosas no fueron muy distintas a estos tiempos, pues ese mismo año también tembló en Oaxaca, dejando más de 5 mil viviendas en ruinas.
Es curioso como se significan las cosas con el paso del tiempo, ahora que veo este horrible escrito que hice hace 19 años veo lo malo que es. Me parece como el sonido de un mono intentando tocar la trompeta, quizá entiende que hay algo ahí pero no alcanza nunca a dibujarlo. Se los dejo aquí y sólo modifico alguna coma, elimino una redundancia y agrego alguna tilde, sólo para remediar un poco su torpeza.
Salir, buscar febrilmente el mar, caminar por el adoquinado de mar, llenar los ojos de cristales de mar. Entonces hay que saber sostener la verdad, hay que saber llevarla. Luego están las manos, llenas de líneas digitales como superficie labrada, avecindadas ahora ya al puño que sabe apartar el fuego que escupe fuego negro.
Correr sin guardar silencio es preciso: hay que salvaguardar la solicitud exigente, y aún más la victoria; pues ser breve en la justa es sentir el corazón arrebolado de miedos e injusticias insalvables, así sólo se estaría caminando por la vereda de la claudicación.
Estamos bajo el acecho firme de una mandrágora que lucha desquiciadamente, pero con temor, contra nosotros. Hoy asestó un golpe ebrio de odio, un golpe que pudo suspender a nuestro puño de inminente verdad. Pero este día no tuvo noche, este día no vio fin a su jornada.
Lo que sí quedó fue la ausencia: una flor azul sobre una plaza. Entra entonces la urgente salvación, la fuerte marea que sin límites desorbita visiones, el mar embravecido, iracundo, soslayando la presencia del nuevo acechante. Pero hoy no sólo es el mar, también hoy es el viento; pero falta la tierra y el fuego para llegar a la cumbre del éter rojo, no amarillo, ni azul, ni mucho menos tricolor.
Hoy la nueva mandrágora nos mira con más rencor y desazón, comprende que para sus fines es necesario imponer la noche en el cuerpo y el alma nuestras, sobre todo el alma, porque sabe que con el cuerpo no basta, pues nos ha matado ya, aquí mismo, tan sólo hace treinta y un segundos y hemos vuelto a caminar, somos aquí el que fuimos ayer, vemos nuevamente el rostro perdido de nuestro hermano y hermana, y vemos también al amor perdido, o aún buscado, y tenemos esta tarde la sangre que tuvimos, y el sudor es el mismo, y el deseo es el mismo, y yo, como todos ustedes cerramos el círculo descrito un dos de octubre de 1968, que es exactamente el mismo de hoy, en cuanto a empeño y lealtad a sí mismo, poblamos hoy un mundo pasado que no pierde vigencia, poblamos el mundo de hoy para estar mañana, aquí mismo, en el desafío interminable.
Y esta tarde despunta ya la idea de mañana, sin noche para la conciencia, y ella, la intolerante mandrágora, que quiso hacernos creer que lo único que quedaba era la noche, póstuma para siempre, la pobre.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
La mente tiembla
La mente piensa con palabras, pero no a la velocidad del habla, en un instante pueden existir varios discursos, en medio segundo pueden brotar hasta tres pensamientos diferentes, sobre todo cuando sucede algo inaudito, como un asalto, un accidente, o un sismo...
Lo primero que pensé es que era una especie de broma, de prueba, para ver si realmente habíamos puesto atención en el simulacro; recordé un parque en Japón que tiene instalaciones que reproducen los movimientos de un sismo a distintas magnitudes, pero no,
Lo primero que pensé, más bien sentí, fue la ironía, quién hubiera pensando que temblara con esa fuerza en el mismo día que hace 32 años, porque
Lo primero que pensé fue que no había sonado la alerta sísmica, eso quería decir que el sismo no venía de la costa, sino de tierra adentro, intraplaca, y supe en ese mismo instante que iba a ser fuerte.
Pensé en el sismo de Ometepec, Guerrero, del 2012, pensé en que a raíz de ese sismo le quitaron mucho, mucho peso al edificio y que desde entonces se mecía más con los temblores; cosa que no era mala, porque se opone menos al movimiento.
En esta ocasión, después del golpeteo inicial, empezó la oscilación y fue diferente, el edificio se movió como un péndulo cada vez más libre, mientras, la alerta sísmica seguía sonando, avisando de algo que ya estaba aquí.
Llegó un momento en que el movimiento fue mucho mayor que cualquier otro sentido antes (claro, a excepción del 85). Mientras aún sonaba la Alerta Sísmica, llegamos a un punto en que nos fue imposible mantenernos de pie.
Recordé un video de las cámaras internas de vigilancia del sismo de Ometepec del 2012, que nos mostraron cuando me integré a la brigada; ahí vi que a la gente del décimo último piso tuvo problemas para mantenerse de pie en el momento más fuerte.
Pensé en las otras veces que estuve a cargo de la gente a mi lado, a veces hasta de un piso entero (fui suplente de jefe de piso en otro momento, en otro piso), recordé todas las instrucciones que di (las vi como si fuera un mosaico), pensé que nunca en tantos años había dado instrucciones como las que estaba a punto de dar.
Recordé que cuando vi el video del 2012 pensé que lo mejor hubiera sido decirle a la gente que se inclinara, que bajara su centro de gravedad para no caerse, para sentir menos el balanceo.
Grité la orden: "nos sentamos, nos agachamos por favor y nos cubrimos la cabeza". De los videos que vi de este sismo en otros lugares en la Ciudad de México me sorprendió la violencia con la que reaccionaron los muebles, como los cajones se abrían y cerraban, como los refrigeradores caminaban; aquí en el edificio no pasó nada de eso, únicamente las sillas sin ruedas más cercanas a las ventanas se cayeron. Aunque la gente que estaba cerca de las escaleras internas pasó un peor momento, pues todo el recubrimiento empezó a caer a grandes trozos. Más de uno pensó que en cualquier momento el edificio cedería.
Pensé en todo el peso que le retiraron al edificio desde el 2012. Fue un trabajo de años; hasta eliminaron los archivos físicos, se digitalizó todo (con un procedimiento bastante riguroso), quitaron todos los estantes metálicos, cambiaron el mobiliario y retiraron la textura que adornada el edificio
Mientras nos inclinábamos, entre la gente, alcancé a mirar a mi esposa que me buscaba con la mirada y pensé que aquí nada iba a salir mal, pensé en todos los trabajos que le hicieron al edificio, pensé en toda la capacitación que nos dieron por años y sentí que sólo había que resistir.
Pero el movimiento seguía y grité una vez más, les dije: "Tranquilos, ¡vamos bien! Respiren". Y todavía se movió un poco más, pero fue cediendo, la energía ya había sido liberada y el edificio calmaba sus oscilaciones. Apenas terminó, sin que mediara orden, nos levantamos y nos preparamos para evacuar.
Recordé algo que nos dijo el jefe de Protección Civil de este edificio (a quién, por cierto, apenas habían corrido el pasado 15 de septiembre): cuando tuviéramos un evento así de grande, dijo que tomáramos las cosas que pudiéramos antes de evacuar, porque probablemente no regresaríamos al edificio en algún tiempo.
Entonces volví a ordenar: "los que puedan, tomen sus cosas, porque no vamos a regresar". Aquí, generalmente el procedimiento luego de un sismo, es evacuar y esperar el dictamen en el estacionamiento de un centro comercial que tenemos enfrente, y si es posible, retornar a las actividades. Pero sabía que, al igual que en el sismo del 2012, nos dejarían ir casi inmediatamente, en parte para saber de nuestras familias, y en parte porque no se sabía el estado real del edificio.
Al iniciar la evacuación fui a revisar las escaleras internas pero un compañero, al paso, me dijo que se habían caído. Aunque después supe que no había sido así, sólo se cayó todo el recubrimiento de yeso del pasillo. Gracias a que todo en el edificio son muros de tablaroca o performados fue la única evidencia visual del efecto del sismo en el edificio.
Mucha gente salió sin sus cosas, y como parte de la brigada de Protección Civil me ofrecí (previa inspección del inmueble) para regresar, junto con un pequeño equipo, a sacar las cosas de la gente. Lo que más me sorprendió fue ver la cantidad de comida sin comer en los lugares de los compañeros: hamburguesas con una mordida, tacos envueltos como floreciendo de un capullo de papel aluminio, empaques de unicel sudando una bolsa de plástico, manzanas empezando a oxidarse, yogures abiertos con una cuchara aún limpia a su lado. Así es como se ve el tiempo detenido, salvando las magnitudes, seguro así se sintió descubrir Pompeya.
El regreso a casa fue como el de todos ustedes, caminando hasta encontrar un punto en que el metro ya funcionaba. El regreso lo hice acompañado de mi jefa y mi esposa, y afortunadamente en todo el camino no vimos nada más allá de vidrios rotos y gente preocupada. Incluso al llegar a casa sólo hice el recuento de las figura caídas en mi colección, y hasta después me enteré del drama que el subsuelo y la corrupción nos habían traído desde sus profundidades.
Lo siguiente es conocido por ustedes. Los días de esa semana avanzaron lentamente, confusos y ahogados. Yo no pude salir a ayudar, mi diabetes me limita a veces, y es que necesito comida cada tantas horas; seguramente en la multitud que ayudó incansablemente no había espacio para ausentarse cada tanto, para darse un tiempo para comer y reponerse. Eso me hizo sentir fatal, tan inútil y ajeno al maremágnum de apoyo.
Cuando regresamos el siguiente lunes a la oficina varios compañeros me felicitaron y agradecieron por la labor que yo hice, me dijeron que fue muy importante como los dirigí durante esos momentos., que gracias a eso no cedieron al pánico. Eso me hace estar un poco más en paz.
miércoles, 23 de mayo de 2018
Silencio
Desde hace un par de años prácticamente dejé de opinar en las redes sociales; mi TL en Twitter casi sólo doy RT; en Facebook me limité a compartir mis fotos de Instagram, que están compuestas de paisajes, flores y las figuras que colecciono.
Pero además, la gente es muy celosa de su pensamiento, pareciera que a la postre, todo discurso no deja de ser una auto afirmación, un auto convencimiento, y un día me pregunté, ¿vale la pena hablar, denunciar, increpar, señalar, buscar el diálogo o solamente quedaba callar ante las falacias y el odio?
En aquel entonces concluí que sí valía la pena, que no hay que dejar que crezca la masa de odio, de barbarie y discriminación; que no sólo es justo, sino necesario señalar las cosas con su nombre. Y aunque muy poca gente me sigue en las redes sociales o el blog, consideré inevitable mantener la queja, sobre todo luego de leer el artículo "La domesticación del no te quejes"; callarse sería rendirse al estado de las cosas.
Y, sin embargo, no cambié sustancialmente mi conducta, porque decidí que mi papel no era el del altoparlante. Igual no hablé, pero retransmití algún mensaje aquí y allá, le abrí camino al análisis, ideas o sentimientos que me parecieron pertinentes. El tiempo no es intercambiable y por eso preferí pasarlo con mi familia y no urgirme a "crear"; y me concentré en el trabajo, en correr, en cocinar.
¿Es esto la superioridad moral hablando desde mi privilegio?, "yo ya le entendí al mundo y no necesito explicarles, háganse bolas ustedes solos" No, quizá no, ¿pero cómo poder saber con certeza estas cosas? No sé desde donde les hablo, no sé si esto fue una especie de satori, o simplemente es la depresión (desde mi diagnóstico de diabetes la padezco y va y viene como la marea) que languidece todo esfuerzo, toda intentona de expresión.
Falacia del mal uso de una generalización, "secundum quid". Cuando se infiere una conclusión general a partir de una prueba insuficiente. Es una generalización apresurada.
Sinécdoque. Figura retórica de pensamiento que consiste en designar una cosa con el nombre de otra con la que existe una relación de inclusión, por lo que puede utilizarse, básicamente, el nombre del todo por la parte o la parte por el todo.
Derivado de lo que explico arriba tenía poco más de un año que no publicaba nada en este blog, y por poco el de Transformers se queda igual. Tengo una lista de mil borradores, hace poco la revisé y encontré varios post sorprendentemente casi terminados, digo esto porque tenía la impresión que no había escrito mucho. Supongo que este es el regreso del blog, así que ya los iré publicando poco a poco.
viernes, 28 de abril de 2017
Soy diabetico
- No, no soy insulinodependiente.
- No, tampoco estoy obeso.
- No, no estoy perdiendo una pata, ni se me está gangrenando una mano.
- No, tampoco estoy dializado.
- No, no me dio porque me la pasara comiendo papitas y bebiendo coca.
- No, no fue porque me la pasara echado sin hacer nada.
- No, no fue por un susto.
Pensé mucho tiempo si debía hacer esto público. La principal razón para no hacerlo es por la evidente naturaleza privada de esta situación, pero la razón para revelarlo me pareció más importante: quería que el mundo supiera, de primera mano, que se puede vivir bien con diabetes.
- Enfermé por malos hábitos, combinados con herencia genética.
Estos dos factores los viven a diario millones de mexicanos, sé de varios amigos, ustedes, los que están leyendo esto, que encajan en estas dos simples características.
| Tiras reactivas a dos meses del diagnostico. |
México declaró una alerta epidemiológica por la diabetes porque hay mucha gente sin diagnosticar, y que no recibe atención hasta que tiene una afectación severa, hasta que llegan al hospital con problemas en el corazón, en los riñones, en los ojos o las extremidades.
- A mi no me va a pasar, yo ni como tantas papitas, ni tomo tanta coca cola, y medio hago algo de ejercicio.
Yo pensaba más o menos igual, y no me preocupaba mucho, aunque mi madre padece de la misma enfermedad. Me decía que mientras no dejara la talla 32 no estaba mal, me decía que mientras hiciera algo de ejercicio no me iba a pasar nada, me decía que ir a comer de vez en cuando al burger king o cenar pizza no era malo.
Pero además dormía muy poco, cerca de cuatro hora; a veces no comía a mis horas, salía sin desayunar de casa, y compraba comida grasosa y dulce afuera de la oficina, mi café con azúcar, crema y galletas. Tacos de almuerzo, comida y cena en casa. No suena mal, ¿verdad?, así como ustedes, pensaba que no podía pasarme nada.
Sí, ya sé, ustedes tiene preguntas, y probablemente se han llenado de suposiciones: dirán "seguro no hacías tal o cual cosa", "ah, pero yo no tomo mi café con azúcar", "ah, pero yo no como tacos en el almuerzo".
Da miedo pensar que uno puede estar enfermo. El diagnóstico es una sentencia. La muerte, tú muerte, toma un rostro. Cuando te diagnostican, sientes a la muerte paseando dentro de ti, recorriendo tu interior, avanzando en tus venas, minando, destruyendo de a poco tus órganos.
Sabes que eventualmente tu cuerpo dejará de producir insulina, sabes que eventualmente la glucosa dañará desde dentro tus órganos. ¿Pero no acaso a todos nos va a suceder esto, de un modo u otro?, todos vamos a morir, sí, pero no queremos que nos echen a perder la fiesta.
Lo más difícil es cambiar los hábitos. Lo más difícil es desligar la idea del disfrute instantáneo, de que la comida salada y dulce es una de las máximas experiencias de la felicidad.
Negación, enojo, depresión, y eventualmente aceptación. Suena a manual, pero es el camino a seguir, aunque muchos no lo concluyen. Hay una suerte de impulso suicida en los diabéticos, consumen comida que les hace daño sabiendo exactamente las consecuencias, es como consumir a sorbos la muerte.
Las etapas no son definitivas, no es como cruzar una puerta, a veces vuelven, a veces te olvidas que existieron. Hace tres años empezó el principio de un camino que cambió todo en mi vida. Al principio fue horrendo, hoy las cosas son muy diferentes, cada día me siento (y estoy) más ligero.
Las medidas de mi glucosa son casi como las de una persona normal, al menos desde hace medio año no paso de los 150. Hay gente que vive su diabetes en niveles de 350 y no siente nada hasta que un día falla la vista, o los riñones, o todo al mismo tiempo.
Sé que no siempre voy a estar en este momento óptimo, algún no podré detener el deterioro, algún día quizá me quede ciego, o se me pudra un dedo. Pero por ahora no cejaré.
Necesitaba decir todo esto, debía mostrarlo, porque de este modo, termino por incorporar la enfermedad a mi vida, deja de ser un secreto mío y de unos pocos amigos y familiares. Acepto la diabetes, pero ella no es mi amiga, ni mi guía.
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| Esta fue la medida en ayunas de hoy. ¡Excelente! |
lunes, 24 de abril de 2017
Los libros que leí en el 2016
Por esto y otras razones, nunca he llevado la cuenta de cuántos libros leo al año. Alguna vez me hicieron la pregunta, un tanto para provocarme, en el sentido de reto, como para dejar en claro una especie de superioridad moral, pero aunque he leído libros desde los cinco años, nunca he contado la cantidad de los que he leído.
Hubo años en que devoré libros, sobre todo durante el bachillerato, o quizá durante mi efímero paso por la Facultad de Filosofía y Letras; por otra parte, también tuve un largo período en que casi no leí (acaso revistas de arqueología mexicana), también incurro mucho en la relectura, hay libros que cada año leo un par de veces.
El caso es que el año pasado finalmente decidí contar cuántos libros podía leer en un año, sin ningún afán presuntuoso, sin embargo, el sólo manifestar la intención levantó una que otra pulla, ya saben, se siente enfrentados, como si la lectura fuera garantía de inteligencia o comprensión, hay cantidad de gente que lee mucho más que yo y no por eso han dejado de ser unos perfectos imbéciles.
Sé, que la sola intención de hacerlo también llevaba un falseo, porque seguramente, conscientemente o no, intentaría leer bastante, como sea, me animé, y a mediados del año pasado esbocé este proyecto en el post Yo leo, y además escribí un pendiente que quería hacer desde años: Los tres libros que marcaron mi vida, Pero ahora, finalmente, y gracias a que ayer fue el #DíaInternacionalDelLibro me animé a escribir este post.
Sólo para fines estadísticos... nunca he llevado la cuenta de lo que leo en un año, tampoco recuerdo que libros, pero este año llevaré el registro en Instagram, he descubierto que es una forma muy práctica de llevar el recuento.
99 años de #JuanRulfo
Este año me propuse registrar los libros que voy leyendo, sólo con el propósito de descubrir cuántos son, pues aunque toda mi vida siempre he estado leyendo algo, nunca antes había llevado la cuenta. Y no, no se trata de presumir. Ahora que casi llegamos a la mitad del año me voy a proponer además otra cosa: listar los libros que quiero leer en los próximos seis meses. Pero eso será tema de otra foto.
Y... estos son los libros que quiero leer antes de que termine el 2016 😅😅😅
¿Ya vieron la figura Lego al centro?, ¡son libros inmensos! 😅😅😅😧😧😧
Dos libritos más para la cuenta anual.
Arlt es uno de esos escritores que, para los lectores no argentinos, se conocen vía Julio Cortázar. Muchas veces mencionado en su obra crítica y en su literatura, siempre lo había dejado pasar, hasta que encontré ese volumen en una de esas ediciones que se venden en el Sanborns. El otro libro fue un regalo de mi chinita (no, no es oriental, es de cabello rizado), aunque originalmente me había comprado otro tomo de poesía de la editorial Hiperión que yo escogí, pero, por error, seleccioné uno que ya tenía (sólo que la tapa era de otro color), en fin, que tuve que regresar a la librería, subrepticiamente, para corregir mi error.
Estos fueron los dos libros que leí en septiembre. La antología de Valdemar es excelente y creo que ahí están dos de los mejores cuentos de terror que he leído. El Fahrenheit 451 es uno de los libros más bellos que he leído, nunca esperé que fuera así y al final me ha dejado pensando un montón de cosas.
Para el registro de los libros que he leído en esto año. Dos clásicos que apenas me animé a leer.
Estos fueron los dos libros de octubre. Prácticamente todo el mes estuve con el de Trainspotting, básicamente porque no podía con la traducción... El de Batallas, fue una relectura, sólo por gusto.
Y estos fueron los dos libros que leí durante noviembre. Creí que iba a tardar mucho más, pero gracias que salí con mi chinita a leer durante largas horas en cafés de Coyoacán es que avance bastante.Terminé el libro de Cortázar en un momento particular... al final abunda sobre la problemática latinoamericana y la responsabilidad de crear al hombre nuevo... el viernes en la noche nos enteramos de la muerte de Castro, y con ello, pareciera, que recuperamos, súbitamente, el interés, la urgencia por hacer algo, por despertar de ese sueño y reconocer que, a pesar de las décadas, la libertad en nuestros países sigue siendo una mala mentira.
Finalmente terminé la trilogía en cinco partes y el añadido de la Guía del Autoestopista Galáctico. Hasta luego y gracias por el pescado. 🙋 #thehitchhikersguidetothegalaxy
No sé cuando, quizá en el 2015 terminé la trilogía en cinco partes de Douglas Adams, pero, como muchos, quedé triste por el final, tan fatal, que a ratos se vuelve amargo en el recuerdo (como la vida misma). Pero cuando me enteré que existía una continuidad consentida por los herederos y vislumbrada por el propio Adams, decidí buscar el tomo. Algunas veces, comprando libros, había preguntado por él pero no lo tenían en existencia, finalmente un día lo encontré y pude conocer la continuidad... creí que iba a ser algo forzado, que se notaría el palimpsesto, pero no, resulta muy natural, hilarante y profundo (sin intentar serlo, justo como el espíritu original de la obra), y aunque el final es también un poco amargo, salda, sin duda, la vida y aventuras de Arthur Dent.
Entonces, ¿cuántos libros leí en un año? Si consideramos solamente los tomos, en total serían dieciocho, pero si tomamos en cuenta que uno de ellos contenía tres obras, podrían ser 20.
Ficción
- La desconocida del mar y otros textos recuperados de Francisco Tario
- La región más transparente de Carlos Fuentes
- Las batallas en el desierto de Jose Emilio Pacheco
- Nueva antología personal de Jorge Luis Borges
- El juguete rabioso de Roberto Arlt
- En el camino, Los subterráneos, Los vagabundos del Dharma y Tristessa de Jack Kerouac
- Trainspotting de Irvine Welsh
- La naranja mecánica de Anthony Burges
- Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas de Ray Bradbury
- Y una cosa más de Eoin Colfer
- Mares tenebrosos. Una antología de cuentos de terror del mar de Valdemar Gótica
Poesía
- Haikús zen de Natsume Sôseki
- El rocío del loto de Ryôkan y Teishin
Ensayo
- Tacubaya, de suburbio veraniego a ciudad
- Clases de literatura. Berkley, 1980 de Julio Cortázar
Otros
- Sexo. A que sabe la Reina de Jis
Hay otra categoría, los que no pude terminar. Al final no pude terminar el año con el último libro que empecé, y no sólo eso, sino que tampoco pude terminar el libro, no pude. El tomo de cuentos Completos de Juan Carlos Onetti no está hecho para la lectura en el transporte público. Y a principios de 2017 intenté con Henry Miller y también tuve que dejarlo. Simplemente no conecté con ellos.
Los abandonados
- Trópico de Cáncer de Henry Miller
- Cuentos Completos de Juan Carlos Onetti
En este año, quizá porque ya no llevé la cuenta, quizá porque leí mucho el año pasado, apenas y he tomado algún libro, aunque he leído algunos artículos de la revista Arqueología Mexicana y notas para exámenes pendientes, ah, claro, y también he continuado con el volumen de El Metro.
- Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello
- Geografía crítica. La valorización del espacio de Antonios Carlos Robert Moraes y Wenderley Messia da Costa
Ya sé que la pregunta es harto presuntuosa, por no decir mamona, pero, ¿y usted, cuántos libros leyó el año pasado?, ¿cuántos lleva este año?
viernes, 31 de marzo de 2017
La vida que debo
El edificio estaba prácticamente deshabitado, incluso pensé que en ese momento éramos los únicos en él, pero más tarde descubriría que no era así. Lo primero que hicimos fue limpiar, barrimos el polvo (que era mucho, porque sin grandes construcciones el aire daba todas las vueltas que podía y levantaba toda la tierra suelta), pero cuando quisimos trapear descubrimos que aún no teníamos agua corriente y me mandaron a ver si encontraba alguna llave junto a las bombas de agua.
Encontré una llave, la abrí y salió agua; llené una cubeta, subí las escaleras y toqué el timbre. La puerta apenas se abrió y ya empezaba a entrar yo cuando me di cuenta que las personas que estaban frente a mí no eran mis padres. Me había equivocado de casa, al ser la primera vez que estaba ahí confundí la puerta. Recuerdo un señor de bigote y una señora, pero de ella no recuerdo casi nada, acaso un cabello mediano y café. Me despedí balbuceando una disculpa y ellos sonrieron, todavía alcancé a oír una risa leve mientras cerraban su puerta.
Pasarían muchos años antes de que nos mudáramos finalmente y cuando eso sucedió y empecé a reconocer a los vecinos; al poco tiempo identifiqué a los señores de la casa en la que quería entrar por error, se trataba de un matrimonio sin hijos, ya la juventud los había abandonado. Luego, no sé cuanto tiempo después, algunos años supongo, un día mi madre nos contó que la vecina estaba enferma, muy enferma, tanto que estaba hospitalizada. Dejamos de verla por varios meses.
Un día regresó la vecina; mi hermana y yo la vimos subir las escaleras, por su propio pie, como si no hubiera estado enferma, como si sólo se hubiera ido de vacaciones; nos saludó y sonrió. En aquel entonces mi hermana y yo estudiábamos la secundaria y a veces nos íbamos solos a la escuela, que no estaba a unas cuadras, sino bastante lejos, tomábamos un par de microbuses y hacíamos unos cuarenta minutos de viaje.
Cerca de la secundaria teníamos un par de supermercados y a veces mi madre nos encargaba algo para la comida, cosas sencillas que no costaran mucho o fueran complicadas de transportar. Un día íbamos a comer ensalada rusa y nos pidió un frasco grande de mayonesa. En aquel entonces todos los frascos eran de vidrio y en los grandes almacenes no encontrabas frascos pequeños, esos eran para las tienditas de la esquina, entonces compramos un bote de más de medio kilo, que en aquel entonces era una porción grande; yo sé que hoy, en los tiempos de los hipermercados, eso no parece mucho.
Acabamos de bajar del último transporte y mi hermana y yo íbamos platicando, desgarbados como cualquier adolescente, sin prestar mucha atención a nada. De pronto la delgada bolsa del supermercado cedió al peso del frasco y se rompió. Sobre la banqueta quedó estrellado el bote de mayonesa. Los adolescentes son prácticamente niños... mi hermana y yo entramos en pánico y corrimos a la casa para arañar cajones y escondrijos a fin de encontrar algo de dinero para reponer la mayonesa perdida, claro, si es que en las tiendas de la zona encontrábamos un frasco de ese tamaño, porque no podíamos decirle a mi madre que gastamos todo el dinero que nos dio en un frasquito.
Finalmente logramos encontrar suficientes monedas y salí a la calle a buscar una mayonesa de buen tamaño, por suerte, a la tercer tienda lo hallé y regresé corriendo a la casa, porque mi madre podría regresar en cualquier momento. La ensalada rusa ya estaba lista y sólo faltaba agregar la mayonesa... pero el frasco estaba demasiado apretado y ni mi hermana ni yo podíamos abrirlo, y pensamos que quizá algún vecino nos podría ayudar, pero a esa hora había pocos, quizá sólo la vecina que estaba enferma y alguien más.
Yo fui a tocar. No sé si es literatura, pero creo que mientras tocaba a su puerta recordé la vez que me equivoqué y casi entraba por error a su casa. Toqué y esperé un momento. Nada... silencio. Volví a tocar y algo me llevó a acercar el oído a la puerta. Escuché algo, sé que escuché algo. Fui con mi hermana y le dije que creí haber oído algo. Ambos sabíamos que ella recién había regresado de su enfermedad y dudamos. Después de un rato, decidimos preguntarle a otra vecina, la cual acostumbraba visitar a la vecina enferma, pero detrás de su puerta también estaba el silencio.
Regresamos a la casa y por fin pude abrir el frasco de mayonesa, comimos y un par de horas después llegó mi madre... se había tardado un poco, cuando la vimos entrar su semblante nos preocupó. Ella había estado en el patio, esperando, junto con otros vecinos, a que se llevaran a la señora en ambulancia.
Resulta que cuando yo toqué a su puerta ella sí estaba dentro, había tenido un convulsión y estaba medio inconsciente. Con lo que le restaba de fuerzas intentó hacer un ruido, hacer una señal. Seguramente cuando toqué a la puerta ella intento algo, quizá creyó que su esperanza se cumplía, que la salvación había llegado. Pero no, estuvo sola, tirada en el suelo sin poder hacer nada. Ella murió esa misma noche.
Nunca le contamos a mi madre la aventura de la mayonesa y sólo mi hermana sabía que creí oír algo en su casa cuando fuimos a buscar a la vecina. Durante muchos años me consideré responsable de su muerte, y siempre que regresaba a la casa pasaba frente a su puerta y pensaba en ella, suplicante, sin poder moverse, y yo yéndome, llevándome su esperanza.
martes, 14 de febrero de 2017
Papelitos
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