viernes, 10 de junio de 2016

Fotografías de detalles del facsimilar del Códice Trocortesiano

Sin proponermelo, esta fue la Primer Semana Maya en el blog; el lunes hablé del códice Madrid y les mostré las cuatro láminas que tengo de un facsímil del códice Trocortesiano; el martes mostré detalles del facsímil que muestra las abejas nativas mayas, y hablé un poco sobre la actividad apícola en la región; el miércoles les traje un chisme de pueblo que conocí cuando recorrí la península de Yucatán en un viaje de trabajo, y ayer, en Jueves Retro Blog traje un escrito de hace más de diez años, un fragmento de una novela de mal amor que nunca terminé; para cerrar la semana maya, les traigo un último post sobre las láminas del facsímil del códice Trocortesiano.

El mayista inglés John Eric Thompson señaló que la ejecución artística del códice es de baja calidad respecto a otras obras prehispánicas, consideró que las figuras de los dioses “eran descuidadas y estaban delineadas con prisa”, además de la falta de claridad en el registro glífico. Según esto, el principal merito del códice radica en su mera existencia y en la validez general de su información.

Texto adaptado del artículo original del sitio de la Revista Arqueología Mexicana. (ya no está disponible el contenido)

Para finalizar, les dejo un montón de fotos con detalles de los láminas del facsimilar del códice Trocortesiano, las tomé con la idea de compartir su manufactura así como el arte plasmado por los escribas mayas, y a pesar que a decir de los expertos no es un arte tan fino, no deja ser testimonio de la humanidad de otros tiempos, de su forma de ver y compartir el mundo. Mirar estos detalles me resulta fascinante, espero que a ustedes también les guste.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

La revista Arqueología Mexicana, en su número 91, reseñó el códice, y parte del texto estaba disponible en línea, pero hace una semana actualizaron su sitio web y desapareció la página; conseguir la revista no es difícil, cuesta 60 pesos y la encuentran fácilmente en librerías Educal y el Museo de Antropología. Pero entiendo que no todos puedan, o quieran conseguir la revista, para ustedes, pueden conocer más detalles del códice Madrid en la página del sitio Wikiguate.








PRIMER SEMANA MAYA






MI COLECCIÓN DE PIEZAS PREHISPÁNICAS



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jueves, 9 de junio de 2016

Años después. Jueves Retro Blog

Esta ha sido una especie de "Semana Maya" en el blog, el lunes y martes vimos un facsimilar de un códice maya que tengo, ayer, les conté un chisme de un pueblo de Campeche, hoy, que es Jueves Retro Blog les traigo una nota que escribí hace más de diez años, justamente producto de aquel viaje que hice por toda la península, retrata algo que sucedió la última noche que estuve en Mérida, Yucatán; además, esta nota forma parte de una novela que nunca vio la luz, llamada El Hedor. Edité apenas muy poco, algún error muy evidente, cambié un par de nombres y acaso una referencia directa.


Años después, en un restaurante de comida “progresiva mexicana” encontré la huida, algo cedió en el fondo de mi corazón, le di la razón a él, a su ex novio; ahí en ese punto en el que tanto había sido receloso durante muchos años, en aquella circunstancia que hace años me había lastimado hasta lo indecible, bastaba con escuchar esos tres arpegios, aún cuando fuera en medio del ruido urbano, para sentir otra vez ese retraimiento, producto de un trauma que yo mismo había propiciado, pues yo mismo dejé que esa llaga se hundiera en lo más profundo de mi piel, yo mismo mantuve fresca la herida, yo mismo le provocaba sangrados cuando era necesario. Todo eso hasta esa noche, esa noche que con toda tranquilidad me acerqué al dj para preguntarle por Samba pa´ti de Santana.

Hace dos meses volví a Mérida, ¡el restaurante del texto sigue existiendo! Foto propia

El restaurante era de esos para turistas, a dos cuadras del centro de Mérida, y a una cuadra de nuestro hotel. Era el fin de dos agotadoras semanas de trabajo en medio de comunidades mayas, era el término de un arduo trabajo que se había coronado con una reunión donde la dirección del Corredor Biológico Mesoamericano intentó reñirnos por causas mínimas; así que entrar a ese restaurante a las doce la noche, aún cuando nuestro avión salía a las seis de la mañana, era una delicia, completamente subjetiva, por supuesto.

El dj dijo que no tenía la pieza, pero la banda que tocaba en vivo la tenía en su repertorio y en media hora volvería a tocar; sólo había que esperar y mirar la carta mientras mentalmente confeccionaba el balance mental, con sumo cuidado colocar los elementos, ser justo, ser crítico y poner solo valores absolutos, nada de posibilidades, nada de hubieras, nada de especulaciones y vanos rastreos, nada de fugas posibles, nada de interpretaciones al uso, nada de martirizarse buscando la excusa, nada de aquello que era el centro del pensamiento que organizaba en torno a ella; nada de lo aprendido en la escuela del dolor barato de la educación sentimental, fuera teatros, aunque se corriera el peligro de caer en el vértice de la falsa humildad; tampoco se trataba de envilecer mi vida pensando que aquello había sido cosas de niños, no era la intención recaer en la disculpa social, la corta edad, la nula educación sexual, dejar la culpa para otros ni cobijarse bajo la fría existencia mundana, no.

Y ahí, en ese pleno intermedio, en ese viaje que significaba la renuncia a una vida vieja, que me abría la puerta incitándome a nuevos juegos, siempre más maduros pero menos honestos (eso que le llaman la vida adulta); después de haberme topado con la realidad nacional, siempre menos patriótica y mucho más lacerante que la estampita que nos ofrece el sub Marcos; ahí, en medio de ese cóctel, sentí alegría y perdón, algo como un contento espiritual, algo que no se obtiene pero que llega, algo que no es dado, pero cuando llega, nos pertenece.



Entonces viene el mesero y toma la orden: spaghetti negro con camarones y cerveza; vino mi plato, y mientras la plática deriva en cosas vanas y lúcidas, llega la banda y me deja caer en la cara, resbalando por la frente y pasando por mis ojos, avanzando por mis labios mientras continua hacia abajo ese aire tibio, cálido, húmedo del recuerdo que se aprecia, pero no lastima, no llama al antojo de volver a ser; ese recuerdo que se acepta sin ritos, sin reconversiones, sin dolores y panaceas.

Ella, una mujer como muchas otras, una mujer que no es buena ni mala, una chica que simplemente hizo sus elecciones, una chica que deseó solemnemente tener una vida, construir una familia con el chico al que amaba, aunque no supiera lo que es el amor, una chica con miedo, pero llena de esperanzas, confundida como todos nosotros, un chica que despejaba sus dudas y temores a golpe de espada y puño seco, una chica que nunca se desnudó, que nunca se entregó, porque eso era una falacia, el fuego no se puede entregar, se pertenece a sí mismo.

Ahí me di cuenta que mi problema no era con esa muchacha que andaba por ahí, quizá dormida a esa hora, viviendo su vida; ella era inocente de todos esos años de tristezas, de luchas con molinos y furia vieja. Ella, la mujer real se levantaría al otro día, se bañaría y viviría esa vida donde yo ya no estaba. Mi problema era con la mujer que tenía dentro de mí, la que había formado en mi mente, con mis esperanzas y mis sueños, la que tenía atrapada dentro, muy por debajo de mi piel y entre mis huesos, ella es la que me había atormentado hasta entonces, y ahí, en ese restaurante de la península de Yucatán lo entendí y la dejé ir.





miércoles, 8 de junio de 2016

Un chisme de pueblo

En diciembre de 2005, gracias a un viaje de trabajo, recorrí casi toda la península de Yucatán, llegamos en avión a Mérida, Yucatán, cruzamos por Valladolid, Yucatán, para ir a Chetumal, Quintana Roo; para luego volver a subir, rumbo a Xpujil, Campeche; pasando a Hopelchen, también en Campeche, y de regreso a Mérida, Yucatán, para finalizar en puerto Progreso, también Yucatán.

Todo esto, en poco más de una semana, internándonos en lejanas comunidades, sobre todo del estado de Campeche, algunas apartadas hasta por una hora de la carretera principal, recorriendo delgadas franjas de concreto, e incluso en una ocasión cruzamos por un camino apenas desmalezado y con las piedras más grandes echadas a un lado, pero todavía sin barbechar ni aplanar. Visitamos pueblos de desplazados oaxaqueños y guatemaltecos, y hasta divisamos los rústicos y apartados ranchos de los menonitas.


Hay mucho que escribir de ese viaje, pero por ahora, les quiero contar un chisme de pueblo, concretamente del municipio de Hopelchen, en Campeche. Es un chisme, porque aunque la primera parte de la historia es algo que yo vi, el desenlace me lo contó un compañero de trabajo que siguió yendo a la región.

Pasamos varias veces por Hopelchen, y aunque nunca nos quedamos ahí a dormir, sí nos tocó estar a la hora de la comida, y como no disponíamos de mucho tiempo, comimos en el primer lugar que encontramos junto a la plaza principal, en una pequeña y oscura cocina. Una señora, con una gran sonrisa, nos atendió, acomodó las sillas y limpió una mesa en la que todavía había platos del almuerzo de alguien, supongo que de ellos, porque siendo una cocina de un pueblo grande, casi no tenía mucha clientela. Nos sentamos a la mesa, nos dijo que tenía de comida y tomó la orden. Estábamos hablando entre nosotros cuando algo cruzó por detrás, una pequeña figura seguida de una sombra animal.

Busqué en Google Maps, estoy casi seguro que esa es la cocina, pero no podría asegurar que la señora
que se ve ahí es la de mi historia.

Ella era un ser totalmente lúbrico, con una sensualidad casi maligna, es la criatura más sexual que haya visto alguna vez. Como una estatua india en que todo su cuerpo se brinda, se regala para el gozo. Estoy casi seguro que era menor de edad, casi legal, pero todavía no.

Uno de los atractivos de los viajes es conocer comida y gente nueva, para los hombres, también está el atractivo de conocer la belleza local, ver mujeres de otros tintes y geometrías es muy interesante. En ese viaje vimos varias mujeres bellas, por ejemplo, una mujer blanca, con una cara extraña, los ojos ligeramente oblicuos y separadas, como un gato, y con una beatitud extraña; también vimos muchas mujeres blancas, como holandesas perdidas en la selva, eran las menonitas de la región, de labios rosas, pero mirada ausente, con todo, ninguna mujer como aquella chica de la cocina.

Existen mujeres como Kika Gomar, que tienen un cuerpo espectacular, pero algo en su rostro no invita, no despierta el desenfreno; en cambio, mujeres como Sasha Grey, a pesar de su delgado cuerpo, despierta un infierno en nuestras mentes con su rostro. Por supuesto no es el rostro en sí mismo, no es la carne por si sola, es el alma de la persona, lo que alimenta la mirada, el fuego que vive y respira en su pecho.

Íbamos tres hombres en el equipo de trabajo, uno de casi cincuenta años, otro de treinta y tantos, y yo, de veinticinco; los tres coincidimos en que esa chica era algo especial. Cruzó por detrás de nosotros, luego se sentó hincada sobre un taburete, marcando más su figura, resaltando su talle, su trasero, los hombros lisos, relucientes como de estatua, levantados hacia al frente, enmarcando sus pechos; el cabello aleonado, los labios gruesos, vivos y los ojos detrás, escondidos entre la cabellera, acechando, sabiéndose gozosa; luego se volvió a levantar, era un animal inquieto... en cualquier posición su cadera, sus nalgas, parecían estar levantadas, esperando a ser tomada...


Todo ese tiempo la señora de la cocina nos había estado viendo, y cuando regresó a la mesa a servir agua, nos miró con un brillo en los ojos y una sonrisa de complicidad, y es que los tres nos habíamos quedado absortos mirándola. Por un momento dudamos, por un momento esperé los reclamos de la señora, pero mantuvo la sonrisa pícara, y dudé más, sentí miedo, creí que en cualquier momento nos la ofrecería... habló y dijo: ¿verdad que es bonita?

Mandó a la chica por tortillas y  nos platicó su historia. Era hija de unos parientes suyos, se la habían mandado porque en su pueblo había tenido algunos problemas por bonita... después regresó la chica y anduvo ayudando un poco en la cocina, a veces desaparecía en el fondo de la casa, pero regresaba con felino andar, luciendo su cuerpo, sin exageraciones, todo en ella era tan naturalmente sexual... a veces algún hombro quedaba desnudo y volteaba a verlo antes de subir la manga mientras miraba hacia nosotros. Aunque estábamos un poco más tranquilos y tratábamos de ser más discretos, no podíamos escaparnos al hechizo.

Regresamos a la cocina un par de veces más antes de terminar el viaje, pero sólo una vez más volvimos a verla, con los mismo resultados hipnotizantes. Algo debo agregar, ella nunca nos miró directamente con intensidad, había algo raro cuando llegaba a interactuar con nosotros, cuando nos llevaba tortillas o agua a la mesa, sin llegar a ser grosera, ponía una barrera, no sé describirlo, una distancia, una inaccesibilidad de diosa que no conoce a sus adoradores.

Yo no volví a ir a la región, pero los otros dos compañeros del equipo sí; y casi medio año después, el compañero de treinta y tantos me contó algo sobre la chica. Resulta que ya no estaba en el pueblo, se la habían llevado a otro lugar, porque varios hombres se habían metido con ella, al mismo tiempo... ¡y hasta vídeo había!. Estaban involucrados policías, regidores, síndicos, municipales... y por algún lado se había filtrado el asunto, aluego entonces, las señoras del pueblo marcharon en grupito, clamando sangre y fuego.

Por fortuna, la señora de la cocina se había enterado con anticipación de la bronca que se avecinaba y tuvo tiempo de sacar a la niña del pueblo... de quién se decía estaba ya embarazada...











PRIMER SEMANA MAYA



martes, 7 de junio de 2016

Abejas en el Códice Madrid

En junio de 2013 tomé el curso Introducción a los Códices Mesoamericanos, impartido por la Maestra Sandra Amelia Cruz Rivera, en el Museo Nacional de Antropología; en él vimos varios códices, por grupo cultural y estilístico. Cuando estudiamos la parte de los códices mayas nos presentó el códice Madrid; durante la exposición mencionó la existencia de las abejas meliponas, y nos explicó que en dicho códice se muestran aspectos del cuidado de estas, así como la producción de miel; al revisar las láminas que tengo del facsímil del códice Trocortesiano (como se le conoce a una sección del códice Madrid), pude identificar sin dificultad a las abejas.

Códice Madrid en el Museo de América, en Madrid, España

A principios del siglo XX investigadores del Museo Peabody de Arqueología y Etnología Americana de la Universidad de Harvard, determinaron la cantidad de escribas que trabajaron en el códice Madrid, y hallaron que el escriba 9 fue una persona con profundos conocimientos sobre los insectos, el equivalente al entómologo de nuestros días.

Texto adaptado del artículo original en Ciencia UNAM.

La miel que consumimos normalmente es de la abeja venida de Europa, con aguijón, y franjas amarillas y cafés; en cambio, la abeja melipona de la península de Yucatán, es más pequeña, casi negra, y de no ser por su vuelo, se podría confundir con una mosca o avispa miniatura, pero su principal característica es que carecen de aguijón, por lo que atenderlas es mucho más fácil; construyen sus colmenas en troncos viejos, y la miel que producen es un de un sabor profundo, de textura más gruesa y color más oscuro.

Abeja melipona de Tosepan, Puebla. Foto propia.

Laura Elena Sotelo Campos, investigadora del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, encontró que el conocimiento del escriba 9 era increíblemente preciso, pues plasmó todos los detalles de la abeja Melipona fulvipes, oriunda de la zona Maya. Cabe señalar que esta abeja no es la actualmente conocemos, sino que se trata de una especie sin aguijón, y aunque también produce miel, es de un color mucho más oscuro.

Texto adaptado del artículo original en Ciencia UNAM.

Hace poco más de diez años recorrí casi toda la península de Yucatán, viajé de Mérida, Yucatán a Xpujil, Campeche; de ahí hacia Chetumal, Quintana Roo; luego crucé Valladolid, Yucatán y después arribé a Puerto Progreso, Mérida; regresando a Campeche, al municipio de Hopelchén. En este lugar, conocí a la abeja melipona y probé su miel por primera vez, directamente de la colmena.


 

Actualmente, casi toda la miel de abeja melipona es producida por pequeños productores, sin mucha intervención de su parte, por eso se puede considerar como orgánica. Esta miel es muy apreciada en el mercado europeo, prácticamente toda la producción de miel de abeja melipona de la península de Yucatán es exportada, aún cuando las reglas para su comercialización son muy estrictas.

Gracias a los estudios realizados al Códice Madrid por investigadoras del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM sabemos que los antiguos mayas tenían amplios conocimientos sobre entomología y técnicas específicas para el cultivo de la miel de sus abejas nativas.

Texto adaptado del artículo original en Ciencia UNAM.

Aunque la apicultura es de las actividades menores de la cría y explotación de animales, para algunas comunidades de la península de Yucatán es una actividad bastante importante, y de tradición muy antigua, tal como lo demuestra el códice, pues aunque durante la colonia fue relativamente prohibida la producción, siempre encontró la manera de persistir.


Actualmente la producción de miel se concentra en las entidades de Yucatán, Campeche y Jalisco, pero si sumamos la producción de las entidades que forman la península de Yucatán, es decir, Yucatán, Campeche y Quintana Roo, se concentra el 30% de la producción nacional anual de miel, según datos publicados por el Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera de la Secretearía de Agricultura, Ganadería y Pesca.

Me parece increíble que una actividad tan ancestral puede seguir siendo tan significativa para la región y los pobladores, a pesar de los siglos de distancia, y los múltiples cambios sociales y económicos.











PRIMER SEMANA MAYA









MI COLECCIÓN DE PIEZAS PREHISPÁNICAS



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lunes, 6 de junio de 2016

Láminas del facsímil del Códice Trocortesiano

En 1991, España y varios países del continente americano, empezaron la celebración de los 500 años de la llegada de Cristobal Colón. Uno de los mejores legados de esta polémica celebración fueron las muchas ediciones especiales que se  publicaron en este período, algunas sólo vieron la luz durante ese año y no se han vuelto a reeditar, son pequeños tesoros casi desconocidos. Testimonio Compañía Editorial, de Madrid, publicó una edición facsímil del códice Trocortesiano, acompañado de un estudio de Manuel Ballesteros Gaibrois y Miguel Rivera Dorado. Según el sitio web Famsi, fueron producidas 980 copias para el mercado español, y 980 para el mercado internacional; dando un total de 1960 copias. También, la página de Famsi del códice Madrid muestra la lista de todas las ediciones facsimilares que han salido de él, siendo esta una de las últimas. En el sitio web de Testimonio Compañía Editorial la edición se muestra como disponible, a un precio de 2,756 €, casi 60 mil pesos mexicanos.

Fotografía del facsímil, del catalogo en línea de Testimonio Compañía Editorial

Hace más de diez años encontré una carpeta con cuatro láminas del facsímil del códice Trocortesiano de Testimonio Compañía Editorial en una librería de viejo de la calle Donceles, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, estaba en una de esas vitrinas que resguardan su material más interesante; tuve la suerte que fuera durante un gran remate, que también aproveché para comprar la Enciclopedia México a Través de los Siglos; no recuerdo bien, pero creo que pagué unos dos mil pesos por las cuatro láminas del facsímil.

  

Un facsímil es una copia o reproducción casi idéntica de un documento, generalmente antiguo y de gran valor, como un libro, un manuscrito, un impreso, un mapa o un dibujo a mano alzada.

Texto adaptado del artículo original en Wikipedia.

Mientras estuve ahí tuve la oportunidad de revisar otros facsimilares de la misma editorial; en el facsímil de un códice medieval leí una breve introducción sobre su trabajo donde explicaban la manufactura de los facsímiles de códices, señalando alguna de las técnicas ópticas, con medios foto mecánicos, para obtener una réplica fiel del original, destacaban que los suyos eran auténticos facsímiles, mientras que la mayoría de las editoriales sólo se dedican a elaborar facsímiles fotográficos, e incluso a veces sin respetar el tamaño original de la obra, señalan que ellos imitan hasta el desgaste de las hojas e incluso el relieve que producen los pigmentos. Y es verdad, el facsímil del códice tiene gran detalle, y al tacto, se perciben todos estos realces.


 

 

Se le conoce como códice Trocortesiano a una parte del códice Madrid, ya que, durante la colonia, fue fragmentado, y cada parte tomó un camino, hasta que, con la formación de catálogos, se reconocieron los fragmentos dispersos y se le designó, finalmente, como códice Madrid. En lo sucesivo, cuando me refiera al códice Trocortesiano estaré hablando del fragmento del facsímil que tengo, pues ese es el titulo del documento; en cambio, cuando me refiera al códice Madrid, me estaré refiriendo al documento en general.

El códice Madrid fue elaborado en el Posclásico Tardío, contiene escenas adivinatorias en un contexto de ciclos calendáricos (tzolkín y haab) y direcciones del universo. Las imágenes representan rituales y actividades cotidianas como la agricultura, petición de lluvia, apicultura, caza, actividades bélicas, sacrificio humano y tejido. El contenido de algunos pasajes muestra similitudes con partes de pictografías procedentes del Centro de México.

Texto adaptado del artículo original del sitio de la Revista Arqueología Mexicana. (ya no está disponible el contenido)

No he encontrado fuentes que identifiquen que son realmente las cuatro láminas del facsímil que tengo, porque la camisa protectora no aporta información sobre el tema, sólo menciona características históricas del códice; no tiene colofón, pero sí una nota de Créditos, donde señala que se trata de una "Documentación gráfica de los facsímiles de Testimonio Compañía Editorial del Códice Trocortesiano".


Como ya lo mencioné arriba, según la información del sitio Famsi sólo se hicieron 1,960 copias, supongo que "Documentación gráfica" es un eufemismos para decir que estas sencillas carpetas sólo se hicieron para promocionar el facsímil completo, quizás ni siquiera para venta, sino como obsequios para personajes, universidades o bibliotecas.

Tal vez proceda de Yucatán, sin embargo, debido a la escasez de información, se plantea que el códice pudo haber sido obtenido del grupo maya-itzá asentado en una isla del lago de Petén, conocida como Flores. Aunque el análisis iconográfico revela que ciertos objetos representados en el códice indican una asociación no sólo con Yucatán sino con un área más amplia.

Texto adaptado del artículo original del sitio de la Revista Arqueología Mexicana. (ya no está disponible el contenido)

Supongo lo anterior, porque las láminas venían pegadas a la hoja de soporte, evitando que se pudiera apreciar bien el reverso, pero gracias a un connotado bibliotecologo y archivónomo, con amplios conocimiento y experiencia en la restauración de documentos, se pudo liberar las láminas del facsímil, despegó y retiró prácticamente todo el pegamento, sin dañar las laminas. Gracias a él es que puedo apreciar las láminas del Códice, en toda su gloria, y mostrarlas aquí.


Descargué la versión digital del Códice en la página de Famsi para poder encontrar las láminas que tengo, porque, como ya dije, la edición no da información precisa de las láminas que incluye. Lo primero fue identificar cada lámina con un sencillo análisis visual, y entonces descubrí que las cuatro láminas, forman dos pares de láminas consecutivas, siguiendo la numeración del archivo digital, tendría el par 26-27 (reversos 82-83) y el par 53-54 (reversos 109-110).

Éste es el más extenso de los códices mayas prehispánicos. Consta de 112 páginas (56 hojas pintadas en ambos lados) que miden 23.2 cm de altura por 12.2 cm de ancho (con ligeras variantes). El papel es de amate y originalmente se preparó como una larga tira que se doblaba como acordeón. Sobre las páginas se aplicó una capa de estuco muy fino como base, sobre la cual se pintaron jeroglíficos e imágenes.

Texto adaptado del artículo original del sitio de la Revista Arqueología Mexicana. (ya no está disponible el contenido)

La fotografía de documentos gráficos es una rama especial de la fotografía, tiene sus propias técnicas y herramientas necesarias; Canon de México, está realizando para el Museo Nacional de Antropología la digitalización de su acervo, en esta página se puede apreciar el inmenso trabajo que demanda. Originalmente yo había tomado las fotos recargando cada láminas por separado, contra un fondo blanco, pero varié mucho la exposición entre cada lámina y obtuve un resultado desigual. Pero luego que identifiqué los pares se me ocurrió hacer un soporte especial para cada lámina, lo realicé en papel cascarón, con varias capas en el marco para crear un soporte y evitar que las láminas se resbalaran hacia abajo.

Facsímil del códice Trocortesiano, láminas 26 y 27

Láminas originales del códice Madrid, descargadas de Famsi, láminas 26 y 27

Durante todos estos años tuve el códice, mucho tiempo estuvo pegado a las hojas de soporte, pero ya que fue liberado las observé algunas veces, pero nunca había advertido que tenía dos pares, y sin embargo, cuando lo descubrí todo fue muy claro, porque incluso el desgaste de las orillas de los láminas, así como el del interior, coinciden perfectamente, sobre todo en los bordes de las 53-54 (reversos 109-110), e incluso en las láminas 26-27 hasta empata perfectamente el dibujo de un ave al centro. Según las fotografías disponibles en la web el facsímil completo de Testimonio Compañía Editorial las láminas están unidas, como en el códice original, manteniendo la presentación en forma de biombo, en cambio, en mi 'documentación gráfica', no sólo venían separadas, sino pegadas a una hoja de soporte.

Facsímil del códice Trocortesiano, láminas 82 y 83

Láminas originales del códice Madrid, descargadas de Famsi, láminas 82 y 83

Siempre he sentido más afinidad con las culturas del centro de México, toda la tradición nahua, así como la historia oaxaqueña, y por alguna razón, aunque la admiro y me gusta, no siento la misma fascinación, la misma conexión, con la historia Maya. A principios de año tomé un curso en el Museo Nacional de Antropología, titulado El Impacto Teotihuacano en el Área Maya, impartido por la Dra. María Eugenia Gutiérrez González. En él descubrí que hay mucha gente que se ha vuelto epigrafista amateur, han aprendido a reconocer ciertos glifos y hasta pueden leer alguna línea. Por un momento pensé en hacer una descripción de mis láminas, pero mis nociones son tan básicas que sólo podría haber comentado la cantidad de personajes y glifos, y no quise parecer monótono.

Facsímil del códice Trocortesiano, láminas 53 y 54

Láminas originales del códice Madrid, descargadas de Famsi, láminas 53 y 54

Me gustaría poder exhibirlo enmarcado, pero no lo he hecho porque no quiero que solamente se pueda apreciar un lado; la otra opción es ponerlo entre dos hojas de vidrio, pero podría condensar humedad y con el tiempo las tintas podrían desprenderse y quedarse pegadas al vidrio. Por eso las hojas de vidrio tendría que tener una relieve interno rectangular para que las hojas no permanecieran presionadas, además debería contar con alguna respiración, y, claro, protección contra rayos ultravioletas, para que no se vaya perdiendo el color... suena caro, ¿verdad? Por eso no lo he hecho.

Facsímil del códice Trocortesiano, láminas 109 y 110

Láminas originales del códice Madrid, descargadas de Famsi, láminas 109 y 110

Desde hace muchos años tenía ganas de mostrar las láminas del facsímil en el blog, pero quería mostrar unas fotos decentes, pero como mencioné arriba, la fotografía de documentos requiere cierto expertise, que aunque no lo tengo, creo que mi experiencia con la fotografía ayudó bastante; aunque también debo reconocer que muchas veces le daba prioridad a las fotos de la colección de Transformers, empezaba las sesiones esperando darle un tiempo al facsímil, pero horas después de haber terminado advertía que otra vez había olvidado el facsímil...



Pero finalmente hace casi un mes empecé a confeccionar este post, inicié con una primera sesión fotográfica; luego avancé con en el análisis comparativo con el códice original para descubrir el orden de las cuatro láminas de mi facsímil; ya detectadas, decidí hacer una segunda sesión para mostrar las láminas en pares, así que diseñé y construí un soporte especial; luego siguió la selección definitiva del material fotográfico a publicar; además de seleccionar buscar fuentes bibliográficas sobre el códice Madrid y editarlas; ahí es cuando empecé a montar el post, según un guión gráfico; pero en este momento tenía tanta información que no sabía como darle el orden definitivo, por eso me concentré en redimensionar desde el html todas las imágenes del post para un mejor visionado; ahí es cuando pude terminar de redactar mis comentarios... fue casi un mes, no de trabajo continuo, pero sí constante.











PRIMER SEMANA MAYA









MI COLECCIÓN DE PIEZAS PREHISPÁNICAS



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