lunes, 22 de agosto de 2016

Soundtrack de mi vida V.II. Año 1, 1980

Hace seis años realicé el proyecto 'Soundtrack de mi vida'. Creo que no es necesario explicar mucho de que iba: una canción por cada año de mi vida, que en ese momento haya sido significativa.


Pero, el verdadero proyecto fue reconstruir mi vida, para lo cual hice una matriz, en la que alimenté en orden cronológico aspectos claves, estructurados en los siguientes ejes.
  • Casa.- Lugares que habité.
  • Academia.- Escuelas y grados cursados.
  • Curriculum.- Trabajos asalariados.
  • Curriculum 2.- Gustos, aficiones e intereses ejercidos.
  • Girls.- Los amores.
  • Amigos.- Los amigos que más frecuenté.
  • Canción.- La canción correspondiente al año.

Lo más importante que descubrí es que no tenía claro mi pasado; al ordenarlo revelé que ciertos episodios habían cambiado de orden en mi memoria, y la duración de estos difería de mi recuerdo, extensas sagas en realidad duraron meses, otros, almacenados casi como fugaces, duraron años.

Perdoné algunas cosas, estimé mejor otras, en suma, hallé algo de paz.

Aunque la intención fue mantener actualizada la matriz, la cercanía de las cosas impide valorizar adecuadamente, pero ya han pasado seis años, creo que es posible hacerlo, además, agregaré otros temas, que ya serán revelados en su momento.




Año 1, 1980. Muy despacito - Pedro Infante


Nunca se me ocurrió preguntarle a mi madre qué canción recordaba más del año en que me estaba gestando. Hace rato tomé el teléfono y le pregunté, sin mucha esperanza, porque creí que era altamente probable que no recordara nada en particular.

Me respondió sin dudar, aunque su explicación no entrañaba ningún misterio, sólo me dijo: -no sé, la tenía muy presente, la cantaba mucho.

A ella siempre le ha gustado cantar, especialmente boleros y algunos boleros rancheros. La imaginé perfectamente escuchando esta canción, tocada en la consola que teníamos en la casa, incluso mi mente trajo a mí una caja de discos de Pedro Infante que le regaló mi padre, cuando mi hermana nació.



Con esta canción comienzo las publicaciones rumbo a mi cumpleaños, ya que justo hoy faltan treinta y seis días para cumplir treinta y seis años.

viernes, 19 de agosto de 2016

Me gusta caminar

Me gusta caminar, me gusta mucho caminar mucho. Creo que tiene que ver con las visitas al pueblo de mi abuela materna, en Amanalco de Becerra, en el estado de México. Para llegar hasta su casa la única forma era caminar desde la terminal de autobuses. Y no en línea recta, ni pavimento, sino subiendo un cerro a través de un camino que cambiaba cada tanto. De niños, mi hermana y yo odiábamos ese camino, era un martirio, sobre todo en verano, con la lluvia se volvía un sendero resbaloso y las caídas eran constantes.


Al paso de los años, nos fuimos acostumbrando, y finalmente, logramos conectar con ese modo de andar; un día, ya adolescentes, nos dimos cuenta que nos gustaba andar rápido, recio, como decía mi abuela; y entonces empezamos a quejarnos que amigos o compañeros de banqueta, parecían caminar en cámara lenta.

Nunca he tenido la intención de comprar un auto para moverme en la ciudad, estoy convencido que el mejor medio es el transporte público (a pesar de sus deficiencias), además de caminar. Camino cada que puedo, si la distancia es corta, digamos dos estaciones de metro estándar, y tengo el tiempo disponible, camino.

Pero he hecho algunas caminatas notables, por dos razones, su extensión, o las circunstancias bajo las que las hice. He aquí, la historia de alguna de ellas.




Tlalcoligia - Caseta Tlalpan


6 km, tiempo indefinido. Agosto de 1998. A menos de un mes de cumplir los dieciocho años tuve mi primer borrachera, además de que esa fue la segunda vez que tomé alcohol. La fiesta fue en la casa de un maestro de un taller de creación literaria, creí que nos daría asilo, pero a eso de las nueve de las noche nos sacó. Éramos un grupo de no más de cinco jóvenes escritores, todavía muy mareados nos dirigimos a una panadería, y con el poco dinero que teníamos compramos un pan, para tratar de aminorar la borrachera.

No funcionó, y con la euforia del alcohol comenzamos a caminar. No recuerdo cómo o porqué, sólo sé que un compañero y yo decidimos irnos caminando a Acapulco... en mi delirio alcohólico calculé que llegaríamos al amanecer. Google Maps no me permite calcular el viaje caminando, supongo porque es una autopista; yo no recuerdo cuándo tiempo hicimos, sólo sé que al llegar a la caseta estábamos muy cansados. También recuerdo que el amigo con el que fui llevaba una pequeña gallina de plástico, un juguete de los huevos kinder, y en algún momento la tiramos y estuvimos un buen rato buscandola. No la encontramos.

Pasamos la noche a un lado de los baños de la caseta; hacía un frío tremendo y casi caímos en hipotermia, nos vimos en el espejo del baño y estábamos más que pálidos, blancos; ambos somos muy morenos. Buscamos monedas en la mochila y pudimos comprar una sopa maruchan. A las cinco de la mañana empezaron a pasar los primeros microbuses, nos colamos en uno y viajamos de mosca hasta el metro Taxqueña.




Ciudad Universitaria - Tlatelolco


17.8 km, tres horas. 2 de octubre de 1999. Durante la huelga de la UNAM se realizaban maratónicas asambleas generales, en ellas, se votaban los acuerdos, para votar, la escuela sede hacía los votos, casi siempre de cartón; para la asamble previa al dos de octubre, la escuela sede fue Filosofía y Letras (tenía uno de los auditorios más grandes), e hicieron unos votos circulares, con platos... a la hora de la votación sobre el origen de la marcha del 2 de octubre, hubo muchos votos falsos. ja!

Previo a la marcha me había ausentado del movimiento por enfermedad y en la mañana del dos de octubre, enfrente de la rectoría de Ciudad Universitaria, varios amigos me vieron con sorpresa: había empezado a usar lentes.

Caminamos bastante rápido, creo que ir en grupo nos animó y evitó que nos rindiéramos al cansancio, Google dice que la distancia se recorre en tres horas y cuarenta y cinco minutos, nosotros hicimos tres. Fue una de las marchas con más asistencia, y al paso sumábamos contingentes y mucho apoyo. Ese día se vendieron las dos toneladas de cebolla que le habían regalado al movimiento en la central de abastos como apoyo. También leí algo que escribí en el templete de la manifestación, casi al final, cuando ya no quedaban más que los viejos vecinos y sobrevivientes, que cada año asisten.




Mixcoac - Polanco


10 km, dos horas. Septiembre de 2009. Luego de haber estado más de medio año sin trabajo, y otro medio año en un lugar con pésimas condiciones laborales, conseguí un trabajo excelente, no sólo por el sueldo, sino por el horario, ya que la salida es antes de las cinco de la tarde. Uno de esos días había quedado de ir por mi novia a su trabajo, pero ella salía mucho más tarde, hasta las seis. Yo no tenía idea de que hacer para esperarla todo ese tiempo. No se me antojaba nada, no quería ir por un café, no tenía hambre, y tampoco era el tiempo suficiente como para ir al cine o algo similar.

Salí del trabajo, el clima estaba bastante amable y simplemente empecé a caminar. Algunas cuadras más adelante me detuve a comer unos tacos de guisado en un puesto de la calle, luego retomé mi camino y pensé que en el momento que me cansara, o viera que faltaba poco para las seis, podía tomar un transporte que me llevara a cualquier línea del metro y llegar a tiempo a Polanco.

En poco tiempo llegué a Tacubaya, seguí hacia Chapultepec, pero antes conocí el paseo de los compositores, a la altura de Juanacatlán, totalmente abandonado; ahora ya está dentro de Chapultepec. Seguí hasta llegar al metro Sevilla y creí que ahí sería buen momento para entrar o tomar una microbús que llega directamente hasta mi Plaza Antara, en Polanco, pero no, seguí caminando. Conocí un local de modelismo, y hasta me quedé un rato mirando la enorme maqueta de un tren que tenían. Llegué puntual a las seis de la tarde, mi novia bajó a los pocos minutos y nos regresamos en metro a nuestras casas.




Coyoacán - Centro Médico


7.3 km, tiempo indefinido. Diciembre de 2009. Salí con los compañero de mi nuevo trabajo a beber, teníamos pocos meses de habernos conocido, pero eramos un grupo muy unido. Ya entrada la noche un amigo me habló y lo invité a la reunión. Poco a poco se fueron yendo algunos amigos, hasta quedar sólo tres: Mar, Luis y yo. Seguimos platicando y bebiendo hasta que en algún momento nos llevaron la cuenta porque el lugar estaba por cerrar.

No tenía idea de la hora, al revisar, supimos que eran las tres de la mañana; quizás si no nos hubieran dicho nada habríamos seguido hasta el amanecer. El frío de la noche nos animó a comer algo, caminamos hasta Churubusco, dónde están los famoso tacos Chupacabras; luego de cenar, Mar tomó un taxi, Luis y yo preferimos caminar un poco, inevitablemente me acordé de la otra caminata que hice borracho hacia Acapulco.

Luis y yo tenemos el mismo amor por los libros, por la literatura y por la escritura. Así que al calor del alcohol, y a través del frío de la noche, pergeñamos una historia, un cuento fantástico, lleno de giros, de misterios, de guiños y referencias. No sé cuánto haya durado eso, según Google, fue hora y media. Llegamos a su casa rendidos, creo que a eso de las seis de la mañana, yo me acosté en cualquier sillón y ahí me quedé hasta las nueve de la mañana, nos levantaron para invitarnos a desayunar barbacoa en el tianguis.




Tacubaya - Copilco


11 km, tres horas. Julio de 2016. Esta fue la caminata que me animó a hacer este post. Fui al metro Tacubaya a dejar unas cosas a un amigo, pero quedé atrapado en la hora pico, además, fueron días de tormenta... cuando quise tomar el metro el servicio prácticamente estaba parado y el andén estaba llegando peligrosamente al máximo de su capacidad, así que me salí y caminé hacía la avenida Revolución para tomar un camión, pero también había mucha gente, pensé en quedarme a comer en los restaurantes chinos de la zona, pero empecé a caminar. Ya sabía lo que pasaría.

Verán ustedes que la ruta que tomé fue innecesariamente larga, lo que sucedió es que pensé, como en otras caminatas, que si en algún momento me cansaba podía simplemente entrar al metro... y sí me cansé, por ahí de Mixcoac pensé en entrar al metro, para ese momento ya no había ningún rastro de lluvia, eran como las siete de la tarde y ya no tenía que hacer más que un transbordo... pero no, me dije: -un poco más, hasta Zapata...

En Zapata pensé: - otro poco más; en Coyoacán pensé: -ya no puedo más, pero ya casi estoy cerca. En algún momento me detuve a comer algo, ya saben, tacos, y luego seguí caminando, hasta llegar a casa, totalmente molido. Aquí me di cuenta que las largas caminatas no son tan fáciles como hace diez años.





¿Qué otras caminatas haré en mi vida?, ¿Qué caminatas me gustaría hacer? Espero poder aguantar todavía hacer largas caminatas... me gustaría recorrer alguna ruta histórica, no sé, como la calzada prehispánica de Iztapalapa, o quizás todo el borde de la antigua Tenochtitlán, eso sí, espero no volver a  hacer otra caminata borracho.

Uno de mis grandes miedos es perder las piernas. uno de mis peores pesadillas recurrentes es salir a la calle, sin darme cuenta, descalzo. Hablando de eso, ¿sabía que una vez caminé descalzo en el zócalo, disfrazado de Mictlantecuhtli?


martes, 16 de agosto de 2016

Concurso para nombre del blog a 36 años.

Cómo dije en el post anterior, estoy buscando un nombre para el blog, ahora que voy a cumplir treinta y seis años. Hasta el momento, tengo siete propuestas, seis serias. Veamos:

1. Jazzy: "Route 36, US"
2. Belinda: "Cristo+3" y "Dobles18"
3. Mareado de Belinda: "treintaysixpack"
4. Rolando: "A 5 años de salir del clóset" y la siguiente imagen:


5. Terminator: "Tzadik, los 36 justos"
6. Brion: "9, suma de 3+6, el numero perfecto"
7. Xime: "La sección 36 del SNTE" ¬¬
Anímese, recibiré propuestas hasta este viernes, llame ya, nuestras líneas están abiertas, queremos oír su opinión. Recuerden que el ganador se lleva dos cervezas Lágrimas Negras.



jueves, 4 de agosto de 2016

36 y cerveza gratis

Por razones que ahora no contaré, empecé este blog hace ya casi diez años. Como muchos blogs, surgió sin saber a dónde iba, ni cual sería su propósito, más allá de ser una bitácora, un diario, aunque no quise llenarlo de largos y aburridos textos sobre mi más puntual devenir personal, sería algo sencillo y divertido, sin pretensiones.

Aunque hace diez años el blog tenía otro nombre y básicamente no había ningún proyecto, ninguna línea. En esos primeros años fui parte de un pequeño círculo de blogueros. Entre nosotros nos leíamos y comentábamos, eso le daba cierta vida a este lugar, aunque sólo acumulaba una decena de visitas al mes.


Sucedió que abandoné el blog; y es que, a veces, pasaban meses sin publicar nada, porque en ese entonces era muy celoso de mis letras, creía que debía reservarlas para un bien mayor, para una publicación importante, al menos en alguna revista universitaria. Además, me harté del primer nombre y concepto, y lo cambié por uno más afín a mi temperamento de entonces, así nació Daremo no uchicasa de nadie, traducido del japonés.


Cuando iba a cumplir treinta años empecé la serie 'A mis años', los textos correspondían a escritos que hice en su momento, rescatados de viejos archivos que logré salvar de una vieja Pentimu III, la primer computadora que tuvimos en la familia, armada en la naciente plaza de la computación en el centro, del todavía entonces, DF.


Honestamente no lo tengo muy claro, no recuerdo en que momento cambié otra vez el nombre y tema del blog, pero sí sé que definí muy bien la línea editorial: sería el blog de un treintañero, con todo lo que eso implica. Básicamente sería nostalgia pura Además, decidí que con cada año habría un cambio de diseño, ligado al año cumplido, aunque para los 31 se me ocurrió algo como 'versión 3.1', como un software, pero nunca lo llevé a cabo, la imagen que se ve arriba es una reproducción expresa para este post.

Fue hasta los 32 que empecé el cambio, la idea fue hacerlo como las 'revoluciones por minuto' de los antiguos acetatos, sí, aunque en realidad estos discos se reproducen en 78, 45, 33 1/3 y 16 rpm, pero no me quise esperar hasta el otro año y usé el concepto.

Para los 33 usé el doble tres, y evité toda referencia a la onda de la edad de cristo, en su lugar opté por representarlo con la vieja, pero nunca olvidada, heladería Danesa 33.

Para los 34 no me interesé mucho en buscar un tema, sólo usé la progresión de los números naturales, después del 3, viene el 4 y ya, de hecho, no diseñé ningún header para el blog, sólo usé texto. Igualmente, la imagen de arriba corresponde a una reproducción realizada para este post.

Para los 35 recobré fuertemente el interés en el blog, empecé a escribir mucho más, además de revisar las viejas entradas y corregir algunos errores evidentes. El concepto fue sencillo, pero no lo descubrí yo, sino que fue sugerido de manera muy natural, cuando pregunté opciones.


Finalmente, llegamos a la parte de la cerveza gratis. La cerveza Lágrimas Negras es elaborada en Tijuana, Baja California, es una cerveza artesanal, su sabor es profundo, poco amarga, muy densa, con una gran presencia de cacao, más que de chocolate. Una sólo botella de 355 ml es suficiente para ponerse buena onda.

Ganará un par de botellas aquel que me dé un concepto adecuado para el blog ahora que cumpliré 36 años. Como han visto, la onda es retro.

No, no estoy tratando de conseguir un diseñador gráfico, ni una campaña de marketing gratis, sólo denme una buena idea que ligue el número treinta y seis y se pueda poner en el header del blog.

Dejen su propuesta en los comentario, o en la fanpage del blog, o mi muro de Facebook personal. Tienen hasta el 20 de agosto de este año, no habrá jurado, ni votaciones ni nada, elijo yo y punto, cada persona tiene derecho a presentar hasta dos ideas.

Si el ganador está en el DF gana las botellas y unas alitas, además de mi compañía (iuuuu), si están en otro estado, pues se van por paquetería... si están en otro país, híjole, no sé si puede enviar alcohol así como así.

Desde ya, gracias a los que participen.


martes, 26 de julio de 2016

Una historia bizarra

Una mañana estaba terminando de arreglarme para salir al trabajo, concretamente me estaba poniendo la camisa, cuando, sin proponermelo, miré a través de una rendija en la ventana.

Frente a la casa hay un largo pasillo acompañado de un jardín, junto a una gran barda, que nos separa de la universidad.

En la colonia hay una mujer sin techo y con un evidente trastorno mental. A veces está acompañada de un hombre, más despierto que ella; duermen en la calle, en la entrada de un negocio de fotocopias. Últimamente la he visto a ella sola.

Todavía la semana pasada estaba cerrada la universidad por vacaciones administrativas, por lo que la colonia estaba casi en total calma. Como vi que algo se movía afuera miré por la rendija.

Lo vi y no me causó gran desagrado. A lo mejor por las prisas, no sé. Terminé de ponerme la camisa, abroché los puños, me puse un poco de colonia y salí al trabajo.

Cuando regresé a la casa, en algún momento, me acordé y miré por la ventana, buscando en dirección hacia donde había visto en la mañana, en la lejanía, creí encontrar algo, pero como teníamos visitas no investigué más.

En la mañana del sábado me volví a acordar y, en un momento de ocio, tomé la cámara que mejor telefoto tiene y apunté hacía donde había creído ver algo el otro día. Era esto:



¿Qué fue lo que hizo la mujer sin techo? Defecó.

Hay una reja que separa al pasillo del jardín, pero en algún punto falta un barrote y la gente aprovecha el hueco para colarse por ahí y brincar la barda que da a la universidad.

Esa mañana que me preparaba para ir al trabajo esa mujer cruzó por el hueco, se interno un poco, se bajó los pantalones y la ropa interior (sí, llevaba ropa interior), se acuclilló e hizo lo suyo.

Este es el pasillo, el hueco entre los barrotes está a la izquierda, casi debajo del toldo amarillo

Por supuesto yo no me quedé mirando a detalle, apenas cuando entendí que estaba haciendo cambié un poco mi punto de visión, el cáncel de mi ventana, el del balcón y la reja del jardín me permitieron censurar la toma que tenía.

Cuando la mujer se levantó quise saber que función había realizado, ahí comprobé que había defecado. No sé, no me dio mucho asco, supongo que es porque sólo una vez me he internado de aquel lado. Fue para realizar esta toma hace unas semanas.


Sólo deseé no haber pisado algo desagradable. Cuando ella terminó de defecar, simplemente se levantó y se salió por donde entró. No, no se limpió.

En la tarde no pude encontrar el color café claro de su deyección, pero noté un pequeño bulto de tierra, y en medio alcancé a ver algo, al momento supe que era, pero mi mala visión impidió confirmarlo, pero cuando tomé la cámara ahí estaba, ese pequeño luchador de plástico sobre el montón de excrementos tapados con tierra.

¿Algún vecino habrá tapado las haces?, ¿por qué lo haría si hay cientos de deshechos de perros desperdigados por todos lados sin cubrir?, si un vecino se tomó la molestia, ¿por qué lo coronó con un juguete de plástico botleg?

¿Lo habrá hecho la mujer sin techo?, en la mañana cuando salió del jardín iba ya perdida hablando sola de sus cosas, no pareció importarle, ¿habrá regresado más tarde?, si ella lo hizo, ¿por qué cubrió su evacuación con un luchador de plástico?, ¿tiene algún significado para su alma atormentada?

¿Qué carajos pasó aquí?

miércoles, 20 de julio de 2016

Copilco

Conozco Copilco desde hace dieciséis años, cuando entré a estudiar a la Facultad de Filosofía y Letras, en aquel entonces era un lugar bastante diferente, abundaban los negocios de copias y tesis, había más comidas corridas y menos negocios callejeros.


Cuando estudié en la Facultad de Economía a veces salía a las diez de la noche, en esos momentos deseaba muchísimo vivir por el rumbo, para no hacer un viaje de hora y media hasta Iztapalapa. A veces, platicando con mi novia, fantaseábamos sobre vivir en alguno de los departamentos, decíamos 'imagina entrar en esta puerta, o que aquella'. Hoy vivo con ella en uno de los tantos y viejos edificios de Copilco.


Eso nos ha permitido conocer un Copilco que es casi desconocido para muchos de los universitarios, incluso para algunos comerciantes. Es el Copilco de las vacaciones administrativas de la UNAM. Hay dos períodos en el año, en verano, casi todo el mes de julio, y en invierno, casi todo diciembre.


Copilco está junto a Ciudad Universitaria, en las noches es un sitio muy silencioso, a veces roto por alguna fiesta de universitarios (como ahora que escribo estas líneas), pero no llegan al escándalo de un salón de fiestas, como cuando vivía en Iztapalapa. La calma en las noches en Copilco es increíble, a veces, sin televisión o radio, se puede escuchar el motor de los autos a lo lejos, como un suave ronroneo.


Cuando no hay gente, cuando los negocios están cerrados, surge otro Copilco, los edificios aparecen, se aprecia su arquitectura, aparecen las casas que sobreviven encima de los negocios, allá arriba se distingue una azotea verdecida, una ventana con el marco de madera, un piso lleno de flores.


Hay muchos árboles frutales, de pronto, a la vera de un camino hay un arbusto con unas frutos de intenso color verde, también hay un árbol inmenso de naranjas, higos, y muchos nisperos jóvenes que algún día pintarán sus copas de amarillo.


En época de lluvias las hierbas crecen por todos lados, en las orillas de la banqueta, al borde de las tapas de los registros en las banquetas, crece un moho en algunas paredes y piedras que Tanizaki habría apreciado notablemente.


En vacaciones, el canal de la foto no lleva agua con grasa de los negocios de comida, es casi un arroyo que surge en la soledad de Copilco.


Sin ríos de gente, sin negocios, se puede detener uno, se puede mirar hacia arriba y descubrir una paloma que nos está mirando, se descubre una vieja pintura roja, pintada quién sabe cuándo, envejecida por años de sol.


Ciudad Universitaria se alza del otro lado, quieta, tranquila, muda, como una ciudad abandonada. Aunque a veces, muy de noche, todavía se ve alguna ventana iluminada.


Lo malo es que en estos días de vacaciones hay que tener más cuidado, la ausencia de actividad atrae robos, tanto a personas, como a casa habitación. Curiosamente, cuando viví en Iztapalapa no me tocó ver estas cosas en vivo.


Copilco es una zona sin muchos servicios cuando no hay gente, no hay tiendas para los que vivimos aquí, la que ve en la foto abre muy tarde, no es como en las colonias populares, donde se puede salir a las siete, ocho de la mañana para conseguir un kilo de huevo; no tenemos panaderías, rosticerías o verdulerías, sólo está la tienda de walmart que hace muchos años era un DeTodo. Pero eso sí, siempre hay tortas y tacos en el metro, me ha tocado ver estos locales abiertos mucho más allá de la medianoche.


¿Quién construyó está colonia?, cuándo se levantaron estos edificios. Hay fotos sorprendentes de la construcción de Ciudad Universitaria en donde se aprecia que no había nada, sólo pedregal y plantas. Aunque la zona tuvo presencia habitacional en tiempos prehispánicos.


Al menos tendrá unos sesenta años la colonia Copilco, si tomamos en cuenta que en 1952, cuando fue inaugurada la Ciudad Universitaria poco o nada había en su alrededor. ¿Habrá algún libro sobre su historia, algún día será objeto de estudio?


Alguna vez la universidad editó un libro sobre la fauna del área de CU, no sólo hay ardillas, ratas y palomas, también hay una cantidad generosa de aves. La que se ve en la foto es un pájaro que hace poco descubrí, lo había oído infinidad de veces, hace un graznido como de águila (en Iztapalapa, hace unos veinticinco años conocí un águila en estado salvaje), imaginaba que era un ave más grande, pero es un poco más pequeño que una paloma común.


Hace muchos años abundaban los sitios para sacar fotocopias, aunque aún hay varios, son más los lugares para imprimir, evidentemente va de la mano del avance de la tecnología. Hace años se ocupaban los libros para investigar, por eso había varias librerías en la zona de Copilco, como la librería Internacional, hoy en día parece ser un edificio abandonado, su patio está infestado de ratas (y a un lado hay un lugar de comida muy socorrido por los universitarios...); al fondo, en cerro del agua, persiste la librería de la editorial Siglo XXI, pero esto es porque ahí está la casa editorial. También extraño la gran librería de saldos que ahora ocupa el restaurante Los Tres Poblanitos, a un lado de la entrada del Metro Copilco, ahí conseguí varios títulos y muchos cassettes de música barroca a precios bajísimos, uno podía salir con bastante material con apenas cien pesos, ahora hacen ahí un buen café de olla en las mañanas.


Ese local de "Tesis para ayer!!!" fue durante muchos años la Librería de Manuel, atendida por el señor Manuel, el cual conocí cuando trabajé por en El Parnaso de Coyoacán, para mí era obligado el paso todos los días, al llegar a la facultad, a veces me quedaba a charlar un rato con él, ocasionalmente le compraba algún tomo que no encontraba en otro lado. Este librero podía conseguir casi cualquier libro, tenía un muchacho que recorría todas las librerías de la ciudad buscando los tomos pedidos. Ese tipo de servicios ya no existen. Un día, sin más, murió de un paro cardíaco, sus hijos remataron toda la librería, yo me quedé con ganas de un par de tomos, recuerdo uno de la obra de Leonard Nierman y una gramática japonesa.


Todo se va por un hoyo, el tiempo inexorable traga todo con voracidad. Hace años, cuando conocí Copilco como estudiante nunca imaginé vivir aquí, Recuerdo una gran lluvia que llegó a la altura de la guarnición de las banquetas, recuerdo al señor Manuel y su librería, recuerdo una cocina corrida que se llamaba Acapulco en la que alguna vez lloré un amor, recuerdo las calles muertas durante la huelga de la UNAM...

A veces veo en el departamento que ahora ocupo señales de los habitantes que me precedieron, veo la marca de taquetes en el suelo y no entiendo su función, un día descubrí un cable telefónico, ahogado en capas de pintura, que llega a un cuarto.

He visto varios vecinos pasar, casi todos ellos jóvenes estudiantes, empieza el semestre y descubro, a través de la ventana, una nueva cabellera; a veces sus voces se cuelan, alcanzo a colegir una palabra, adivino alguno profesión, casi siempre odontológos, médicos o abogados.

Un día ya no seré vecino de Copilco, algún día pasaré por fuera de mi departamento, atisbaré una ventana, cerraré los ojos, y recordaré cuando escribí esto.






jueves, 14 de julio de 2016

Yo leo

Este año quise hacer otra cosa con mis lecturas. Nunca he llevado la cuenta de qué o cuánto leo, pero este año quise registrarlo, vía Instagram, las fotos que acompañan el texto atestiguan el experimento. Pero a mitad de año, le he dado un giro, ahora tengo algo que nunca había hecho: una lista de pendientes. Honestamente no creo leer ni la mitad de lo que me propuse, porque, como siempre me ha pasado, a veces un libro llega, sin más, y se queda conmigo más tiempo del esperado; o regresa un viejo amigo, y caigo en la relectura. Quise escribir una nota simple para mi blog, y terminé escribiendo una biografía de mi gusto por la lectura.


Empecé a leer a los cuatro años, gracias a que mis padres me enseñaron con el método de Glenn Doman, se trata de un método silábico, para que posteriormente la articulación de palabras completas se de naturalmente. Aunque algún trabajador social advirtió a mis padres que era probable que resultara un niño interesado por el saber, pero deficiente en su rendimiento académico, se animaron a enseñarme. Lo malo es que el pronóstico resultó muy cierto.

Leí mi primer libro a los cinco años, fue La isla misteriosa, de Julio Verne. Desde entonces la lectura formó parte de mi vida, prácticamente siempre he tenido un libro a mi lado, sobre todo cuando viajo, el transporte público, el metro, el camión, es mi sala de lectura favorita.


Mis primeros años de lector los consagré a la literatura, mucho Julio Verne, luego algo de latinoamericanos, los consabidos García Márquez y Benedetti. En la secundaria me aburrió muchísimo Carlos Fuentes y empecé a leer viejos tratados de biología.

Por esos mismos años mi amor por la lectura se convirtió en curiosidad por la escritura, todavía recuerdo un poemita sobre las mujeres y sus dotes de brujería. En el bachillerato me consagré todavía más a la lectura, dos o tres libros al mismo tiempo, mucha teoría literaria, mucho Cortázar y Joyce. Ir a las librerías era un tormento, sólo podía relamerme deseando los bellos tomos nuevos, tantas promesas, tantos autores y recomendaciones. Me creí escritor.




Hice todo el trámite: taller de creación literaria, un amor pasional y auto destructivo, camisa negra, pláticas bohemias, café, presentaciones de libros, conferencias, cajetilla de faritos, caminatas nocturnas, libros, libros, muchos libros.

En esos años me volqué completamente a la literatura y su teoría, casi nada de otros temas, acaso recuerdo un tomo de antropometría y las bellas y prometedoras ediciones de arquitectura de la editorial GG. La biblioteca del CCH Sur me brindó todo ese excelente material.

Debo confesar que hurté de esa biblioteca un tomo de Retórica del Grupo μ, que pagué con el Diccionario de retórica de Helena Beristaín. Tendría que manifestar algún arrepentimiento, pero sería falso, tenían muchos ejemplares del libro que declaré perdido, en cambio, no tenían aún el diccionario que yo entregué; para que lo aceptaran argumenté que era imposible conseguir el libro del Grupo  μ, y no mentía, en aquellos años la editorial Paidós no era tan popular como ahora. Años después, cuando trabajé en la librería El Parnaso de Coyoacán finalmente encontré un ejemplar, no pude evitar acariciarlo con algo de ternura.




Pertenecí a un grupo de jóvenes escritores en el CCH, me seleccionaron para participar en el XVIII Encuentro de Jóvenes Escritores en la ciudad de Mazatlán, Sinaloa, en la cual tuve mi segunda borrachera, misma que duró una semana entera.

Pasada la huelga de la UNAM de 1999 ingresé a la Facultad de Letras Hispánicas, apenas resistí un año. No pude con la fingida oligofrenia de varios de sus alumnos; el rito de la intelectualidad me superó y desistí. Sin embargo pensé que eso no afectaría mi carrera de escritor, me dije que no todos los escritores habían estudiado letras, algunos fueron abogados o médicos.

Yo soy el morenazo de la derecha


Ingresé a la Facultad de Economía, pero tuve que abandonarla sin haber cumplido siquiera el primer semestre, pasado otro año, la retomé, y con ella vinieron grandes y complejas lecturas, sobre todo la Crítica a la Economía Política, o como se le conoce, El Capital, de Karl Marx.

Entré a trabajar a la librería El Parnaso de Coyoacán, y ahí encontré el segundo grupo al que pertenecí, los autonombrados Reposicionistas, un grupo que quiso ser, pero quedó en el olvido sin haber hecho nada, ni siquiera una mención en algún pasquín literario.

Yo soy el de la lengua curiosa

En ese tiempo me hice de muchos y buenos libros, y es que, como dice Augusto Monterroso en Cómo me deshice de quinientos libros: "mi afición por la lectura se vino contaminando con el hábito de comprar libros, hábito que en muchos casos terminaba por confundirse tristemente con la primera".

Los años parnasianos significaron para mi la entrada al mundo beatnik de la literatura, mucho desmadre, mucho alcohol, quincenas paupérrimas por haber pagado los libros que compraba cada quincena. En esos años mis grandes festines de quincena eran comer un kilo entero de arroz frito chino y adquirir una bella edición de Valdemar.


Una foto publicada por Sr. Suta (@sutasukurimu) el


Los últimos diez años diversifiqué mis lecturas, pero empecé a tener períodos, por ejemplo, durante un largo tiempo me dediqué a estudiar literatura clásica de terror, tengo, como un orgullo propio, haber leído Drácula, en edición anotada de la editorial Valdemar, y descubrir que ya conocía todas las referencias que señalaba el estudio.

También tuve largos períodos de relecturas, tomé varios libros muchas veces, quizá entre los más recurrentes están Confieso que he vivido de Neruda y Los Premios de Cortázar.

A veces llegaba a un tema, o a un autor, y agotaba todo lo que podía encontrar sobre él; así releí todo Castaneda, y agoté toda su repetitiva bibliografía, más algunas biografías que daban luz sobre el curioso personaje. También tuve mis etapas exhaustivas con Rulfo, Borges y la poesía japonesa.

Consagré algunos años a la lectura y estudio de la poesía japonesa, al tiempo que estudiaba las nociones básicas del idioma, ahí tengo el orgullo personal de haber leído y sentido un par de haiku sin necesidad de traducción.




También pasé algunos meses alejado de la lectura, quizá un año, luego lo retomé con un libro que se me enfrentó y me costó mucho trabajo terminar: Yo, el gato, de Sôseki Natsume. Creo que en ese momento empecé a darme cuenta que no era, ni sería un escritor.

Una día decidí, como lo había hecho Wong, personaje de Cortázar en Rayuela, abandonar la inteligencia, dejarme caer en un profundo agujero zen. Dejé toda intelectualización, miré la literatura con ojos nulos de ciervo.

Sin embargo, no me gustan las fantasías masturbatorias de los Best Sellers, paso sin ver. En la oficina, hay una especie de club de lectura, comparten tremendos mamotretos, películas de acción y lujuria vaciadas en mil setecientas páginas.

Para mí, la lectura siempre ha significado un enfrentamiento, un asomo a lo otro, a lo que yo no tengo, es como si buscara la confirmación de que existe una realidad más allá de mí; la otredad, que le dicen.

Escribo esto para mí, para reivindicarme, también ante ustedes, ante el otro; para declarar que mi placer por la lectura es totalmente personal (aunque eso sea tautológico). Escribo esto para decirme "sigue, ya casi, te estás construyendo".


viernes, 10 de junio de 2016

Fotografías de detalles del facsimilar del Códice Trocortesiano

Sin proponermelo, esta fue la Primer Semana Maya en el blog; el lunes hablé del códice Madrid y les mostré las cuatro láminas que tengo de un facsímil del códice Trocortesiano; el martes mostré detalles del facsímil que muestra las abejas nativas mayas, y hablé un poco sobre la actividad apícola en la región; el miércoles les traje un chisme de pueblo que conocí cuando recorrí la península de Yucatán en un viaje de trabajo, y ayer, en Jueves Retro Blog traje un escrito de hace más de diez años, un fragmento de una novela de mal amor que nunca terminé; para cerrar la semana maya, les traigo un último post sobre las láminas del facsímil del códice Trocortesiano.

El mayista inglés John Eric Thompson señaló que la ejecución artística del códice es de baja calidad respecto a otras obras prehispánicas, consideró que las figuras de los dioses “eran descuidadas y estaban delineadas con prisa”, además de la falta de claridad en el registro glífico. Según esto, el principal merito del códice radica en su mera existencia y en la validez general de su información.

Texto adaptado del artículo original del sitio de la Revista Arqueología Mexicana. (ya no está disponible el contenido)

Para finalizar, les dejo un montón de fotos con detalles de los láminas del facsimilar del códice Trocortesiano, las tomé con la idea de compartir su manufactura así como el arte plasmado por los escribas mayas, y a pesar que a decir de los expertos no es un arte tan fino, no deja ser testimonio de la humanidad de otros tiempos, de su forma de ver y compartir el mundo. Mirar estos detalles me resulta fascinante, espero que a ustedes también les guste.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

La revista Arqueología Mexicana, en su número 91, reseñó el códice, y parte del texto estaba disponible en línea, pero hace una semana actualizaron su sitio web y desapareció la página; conseguir la revista no es difícil, cuesta 60 pesos y la encuentran fácilmente en librerías Educal y el Museo de Antropología. Pero entiendo que no todos puedan, o quieran conseguir la revista, para ustedes, pueden conocer más detalles del códice Madrid en la página del sitio Wikiguate.








PRIMER SEMANA MAYA






MI COLECCIÓN DE PIEZAS PREHISPÁNICAS



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